Un ruego desesperado: que su hijo pueda salir de las adicciones.

Droga en Córdoba

Abrumado por el “pipazo”, pide quedar preso para intentar no consumir más

03/08/2026 | 11:50

Pese a las súplicas públicas de su madre, el derrotero de un joven de Villa Cornú, sumergido en la droga, parece no tener fin. La historia.

Redacción Cadena 3

Juan Federico

Es un rincón que ella intenta que jamás se apague del todo. Aunque hay veces, cada vez más recurrentes, en las que piensa que ya no hay luz. La vela alumbra, día y noche, dos virgencitas y un portarretrato con las imágenes de Jesús y un rosario colgado. En esa misma mesa de luz, dos fotos de un joven que alguna vez sonreía con ganas. Estela se aferra a una esperanza: que su hijo, Joel, alguna vez vuelva a ser él.

En octubre del año pasado, Joel (27) fue condenado en la Cámara 8° del Crimen, de la ciudad de Córdoba, por una catarata de delitos, según figuraba en la carátula de la acusación: amenazas reiteradas, privación ilegítima de la libertad personal calificada, agresión calificada reiterada, agresión y amenazas calificadas.

Todos los delitos habían sido cometidos puertas adentro: un joven, abrumado por el consumo de drogas, que se tornaba violento con su familia cuando discutían por alguno de los cientos de robos que realizaba en su propio hogar con una única finalidad, conseguir el dinero necesario para comprar una dosis más.

En un juicio exprés, se le impuso una pena de dos años de prisión, ejecutable de manera condicional. O sea, quedaba en libertad pese a ser declarado culpable.

Casi de manera protocolar, en el fallo se le impuso una serie de condiciones que debía cumplir para no perder el beneficio de haber evitado la cárcel: fijar domicilio; concurrir a Tribunales cada vez que la Justicia lo convoquen; abstenerse de consumir estupefacientes y abusar del consumo de bebidas alcohólicas; no cometer nuevos delitos; adoptar un oficio adecuado a su capacidad; realizar un tratamiento psicoterapéutico en una institución pública o privada que cuente con un departamento especializado en salud mental, con la modalidad, frecuencia y duración que recomienden los profesionales tratantes, de acuerdo a la problemática que presenta, debiendo acreditar el cumplimiento del mismo ante el tribunal competente en el plazo de seis meses; y someterse al cuidado del Patronato, lugar al que debería comparecer y ponerse a disposición en el plazo de 48 horas, todo bajo apercibimiento de revocarse la condicionalidad de la condena.

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Un adicto, con brotes violentos, tiene que cumplir por su propia voluntad con siete puntos. La distancia entre lo que figura en los expedientes estatales y la realidad a veces se parece demasiado a un abismo.

A fines de 2023, el pedido de Estela trascendió las fronteras invisibles de su barrio, Villa Cornú, un sector de la franja noroeste de la ciudad de Córdoba en el que hace rato la droga se desparramó como una plaga incontrolable.

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"Todas las noches le pido a los santos que lo cuiden y lo protejan porque lo estoy velando en vida. Mi hijo es una bomba de tiempo", contó la mujer en aquella oportunidad.

A través de Cadena 3, el testimonio de esta madre se hizo espejo en cientos de hogares: hijos perdidos por el consumo de todo tipo de drogas, ahora sumergidos en el “pipazo”, la basura con base de cocaína que genera una dependencia inmediata. Jóvenes, adictos, que no encuentran ningún lugar eficiente dentro del Estado para intentar una rehabilitación. 

Un combo perverso: deserción escolar temprano, una sobre oferta de drogas a la vuelta de sus casas, un Estado que no llega a reprimir semejante cantidad de cocaína, marihuana y pastillas en los barrios y que tampoco tiene los dispositivos de salud suficientes para intentar salvarlos. La cárcel que termina casi como el único horizonte oficial.

“Lo tuve que denunciar cuatro veces porque nos roba y lo cambia por una bolsa de droga, necesito que lo internen, pero no puedo porque es mayor de edad y puede firmar su alta”, expresó angustiada.

Y añadió: “Es un peligro para él y para la sociedad, se ha cortado delante de mí, yo vivo un infierno, me saca cosas de la casa, le roba a los vecinos, él era un chico bueno y laburador y se ha arruinado por esta droga, pido que lo internen”.

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Tras el clamor que Estela hizo público a fines de 2023, aparecieron algunas oportunidades: Joel comenzó a involucrarse en una iglesia evangélica y un grupo de expresos lo llevó a trabajar con ellos en un taller de aberturas de aluminio. El joven pareció dejar por un momento el consumo de las drogas. “Es una lucha de todos los días, vivo peleando por no robar, por no drogarme, por no fallarle a mi familia”, contó el propio Joel, en aquellos días de tregua, a Cadena 3

“Yo noto la diferencia, es sentirme feliz de poder amarme a mí mismo, cuidar mi piel, poder querer a otras personas y poder ayudar a mis amigos para que salgan de todo eso”, se esperanzó.

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Pero volvió a caer. Cada vez que volvía a su casa, las tentaciones lo aguardaban allí nomás, agazapadas. Pero a la vista de cualquiera que quisiera verlo.

La historia sin fin de un adicto sin contención. Hasta que, a finales de 2025, terminó condenado por violencia familiar. Una pena que, en la práctica, no fue tal. El jueves de la semana pasada, una comisión policial llegó hasta la casa de su familia, en Villa Cornú. Como tenía una orden de restricción, se lo llevaron detenido. La misma madre que lo ha denunciado, que ha pedido que quede encerrado, nunca dudó en volver a abrirle la puerta de su hogar cada vez que volvía. Sucio, con poca ropa, hambriento.

Durante horas, Estela penó para saber qué había sido de su hijo. Terminó en el módulo de Admisión de la cárcel de Bouwer, pero al otro día fue excarcelado, según lo determinó la jueza de Ejecución Penal N° 3, Rita Fonzalida.

Tras deambular durante todo el día, este lunes, Joel debe ir a Tribunales, ya que le piden que presente números de teléfonos de contacto y que fije un domicilio. “Mi hijo no tiene teléfono y no tiene donde vivir. Por eso, quiere pedirle al abogado y al Juzgado que lo dejen preso, para cumplir los dos años dentro de la cárcel. Él sabe que en la calle, en mi casa o en la casa de su hermana no va a poder recuperarse”, contó Estela, mientras intentaba comunicarse con el asesor oficial Mariano Brusa, al que le quería pedir que la ayudara a dejar a su hijo detenido. Estrujada de dolor e impotencia, el derrotero de esta familia es cruel: tienen la sensación de que sólo preso, van a poder saber dónde está su hijo.

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