Debate abierto
03/09/2026 | 11:40
Redacción Cadena 3 Rosario
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Inteligencia artificial: "Un alumno que es vago y la usa para resolver situaciones y no pensar…"
La inteligencia artificial se instaló en la vida cotidiana y cada vez son más las personas que recurren a ella para resolver desde tareas complejas hasta cuestiones tan simples como escribir una tarjeta de cumpleaños. Sin embargo, detrás de las enormes posibilidades que ofrece también aparece una preocupación creciente: que su utilización permanente termine generando dependencia y reduzca la capacidad de las personas para pensar por sí mismas.
La especialista en educación Laura Lewin, autora, conferencista y magíster en Ciencias de la Educación, planteó que el principal riesgo no está solamente en los errores, sesgos o respuestas incorrectas que puede producir la inteligencia artificial, sino en el uso que hacemos de ella. “Cada vez estamos pensando menos. Yo creo que ese es el problema y lo que hace la inteligencia artificial es amplificarlo”, sostuvo durante una entrevista radial.
Para Lewin, la tecnología puede ser una herramienta extraordinaria si se utiliza correctamente, pero puede convertirse en un problema cuando comienza a reemplazar el esfuerzo intelectual. “Un alumno que es vago y la usa para resolver situaciones y no pensar, va a usarla de una manera; un alumno que tiene curiosidad y le encanta explorar la va a usar para cosas obviamente más positivas”, explicó. El desafío, entonces, no pasa por demonizar la herramienta, sino por aprender cuándo y para qué utilizarla.
La especialista evitó afirmar que la inteligencia artificial necesariamente nos está volviendo “más tontos”, aunque reconoció que está favoreciendo la búsqueda permanente del atajo. “Si tenés que acordarte un teléfono de memoria, lo anotás. Si querés sacar una cuenta, agarrás la calculadora. Siempre vamos a usar el atajo”, señaló. El problema, advirtió, aparece cuando ese atajo implica dejar progresivamente de utilizar el cerebro, razonar y construir conocimiento propio.
En ese contexto, Lewin sostuvo que las escuelas deberían recuperar prácticas que permitan observar el proceso de aprendizaje y no solamente el resultado final. Propuso volver a los borradores, las correcciones, las tachaduras y las distintas etapas de elaboración de un trabajo. “Primero pensamos y después sí lo usamos para corregir, para revisar, para mejorar”, afirmó, al considerar que la inteligencia artificial debería complementar al cerebro y no sustituirlo.
La comparación con los tradicionales “machetes” escolares surgió inevitablemente durante la conversación. Copiar una fecha o una respuesta podía permitir aprobar un examen, pero difícilmente garantizaba haber aprendido. Para Lewin, algo similar ocurre hoy cuando un estudiante terceriza completamente una tarea a una inteligencia artificial: puede obtener un trabajo impecable, pero no necesariamente logra apropiarse de los conocimientos. “Entregan un trabajo y ya no saben qué entregaron porque lo tercerizaron”, resumió.
Uno de los ejemplos más elocuentes fue una supuesta composición sobre la vaca generada por inteligencia artificial. El texto describía al animal como “el símbolo más silencioso y profundo del pacto entre la naturaleza y la humanidad” y desarrollaba una reflexión sofisticada sobre la paciencia, la productividad y el paso del tiempo. El problema, planteó Lewin, es evidente: “¿Qué maestro, qué profesor va a creer que esto lo escribió un pibe?”. Los estudiantes, además, ya aprendieron a pedirle a la herramienta que adapte el texto a su edad y nivel escolar.
Por eso, la especialista considera que prohibir la inteligencia artificial no es la solución. “La trampa siempre existió, el atajo siempre existió”, sostuvo. En cambio, propone que la escuela enseñe una nueva competencia: saber qué cosas conviene tercerizar y cuáles no. Para eso, los docentes deberían pedir explicaciones, borradores y distintas instancias de elaboración, preguntando al alumno por qué tomó determinada decisión y cómo llegó a una conclusión.
Lewin también advirtió que el problema puede agravarse si docentes y estudiantes terminan participando de una especie de simulación educativa en la que todos buscan simplemente aprobar. “El problema es que ahí pierde el aprender”, explicó. Incluso relató el caso de una persona que le contó que había realizado un trabajo con inteligencia artificial y que luego su profesora lo había corregido utilizando también inteligencia artificial. La escena resume el riesgo de un sistema en el que las máquinas producen y evalúan mientras las personas quedan cada vez más alejadas del proceso.
El desafío, finalmente, es lograr que la tecnología sea una aliada del aprendizaje y no un reemplazo del pensamiento. La inteligencia artificial puede corregir, comparar, generar ideas, detectar errores y ayudar a profundizar conocimientos, pero para que eso ocurra primero debe existir una persona que piense, cuestione y tome decisiones. “Tenemos que empezar a poner foco en el proceso”, concluyó Lewin, porque en tiempos en los que las máquinas pueden responder casi cualquier pregunta, una de las capacidades más importantes que debe conservar el ser humano es precisamente la de saber pensar.
Entrevista de Alberto Lotuf.
¿Qué es la preocupación principal sobre la inteligencia artificial? La preocupación principal es que su utilización permanente genere dependencia y reduzca la capacidad de las personas para pensar por sí mismas.
¿Quién es Laura Lewin? Laura Lewin es una especialista en educación, autora, conferencista y magíster en Ciencias de la Educación que advierte sobre los riesgos del uso de la inteligencia artificial.
¿Cuándo se debe aprender a usar la inteligencia artificial? Se debe aprender a usar la inteligencia artificial en el contexto educativo, sabiendo cuándo y para qué utilizarla, evitando la dependencia.
¿Dónde se deben recuperar prácticas educativas? En las escuelas, donde se deben recuperar prácticas que permitan observar el proceso de aprendizaje y no solamente el resultado final.
¿Por qué prohibir la inteligencia artificial no es la solución? Prohibir la inteligencia artificial no es la solución porque “la trampa siempre existió”, y se debe enseñar a los estudiantes a saber qué cosas conviene tercerizar y cuáles no.
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