Por Adrián Simioni
05/06/2018 | 13:17
Adrián Simioni
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Las manifestaciones convocadas bajo el lema Ni Una Menos han ido variando con el tiempo. Hegemonizada por sectores kirchneristas y de izquierda, se parece a una mamushka, una muñeca rusa. Detrás de una manifestación, aparece otra. Y luego otra.
Las demostraciones masivas comenzaron expresando un reclamo contra la desigualdad y, en particular, la brutal violencia de género. La convocatoria era amplia. No sólo era capaz de convocar a un amplísimo arco de mujeres, sino a la sociedad toda, incluidos los hombres machistas que intentamos no serlo.
Sin embargo, dentro de esa muñeca, había otra. Al abrirse la discusión sobre el aborto, el colectivo Ni Una Menos sorprendió a muchas y muchos que, estando comprometidos contra la violencia hacia las mujeres, no estaban a favor de despenalizar el aborto o no tenían posiciones tomadas. Eso llevó a muchos a preguntarse qué hacían en esas manifestaciones copadas por una consigna que no compartían.
Ayer, además, dentro de la muñeca del aborto, apareció otra. De golpe, quienes logran cortar el bacalao de Ni Una Menos, no se sabe bien cómo, transforman la marcha en una protesta contra el Fondo Monetario Internacional. Y desnudan una cosa que siempre se sospechó pero que nunca se había expuesto: la conducción de Ni una menos tiene una condición que es legítima pero estaba oculta: es mayoritariamente kirchnerista.
Es típico de las mamushkas progresistas. Que no se cansa de apropiarse de banderas estratégicas políticas y las escritura a nombre propio para usarlas como consignas tácticas de una facción. Ya lo hicieron con los derechos humanos, puestos al servicio exclusivo de los gobiernos K. Nunca quedó tan expuesto como en la última conmemoración del 24 de marzo, cuando desde el escenario los organizadores bajaban la arenga: "Macri, basura, vos sos la dictadura".
Es una pena. Se privatizan así banderas, consignas y voluntades de amplísimas mayorías. A estos grupos intensos les encanta llevárselas a sus casas.