Francisco junto a Eduardo Valdés.

Política esquina economía

Aborto: la plasticidad infinita de Valdés (¿y del Papa?)

27/11/2019 | 06:49 | El ex embajador K ante el Vaticano y el futuro canciller sugieren que Bergoglio se va a hacer el distraído con el aborto. Convicciones profundísimas que cambian en meses.  

Adrián Simioni

El político peronista Eduardo Valdés es tal vez, junto al piquetero Juan Grabois, el político argentino más cercano al papa Jorge Bergoglio. Por eso, en 2014, Cristina Fernández lo puso como embajador ante el Vaticano.

Católico ferviente, Valdés siempre tuvo estrictas convicciones cristianas: no sólo estaba contra el aborto legal (habilitar la práctica como derecho de la mujer) sino también contra la despenalización el aborto (no perseguir legalmente a quien practica un aborto, aunque sin permitir su práctica).

En 2014 Valdés decía enfáticamente que no sabía si la primera militante contra el aborto era Cristina o era Bergoglio. “Por eso tengo la duda de qué fue primero, si el huevo o la gallina”, decía. No es broma. Está en una nota de La Nación. La expresidenta ya cambió de postura.

En febrero de 2018, cuando se comenzó a discutir el tema, Valdés todavía le decía a quien quisiera escucharlo que estaba en contra de las dos cosas. Y opinaba que Mauricio Macri había habilitado el debate en el Congreso “para poner en aprietos al Papa”.

¿Bergoglio también es un cínico?

Cuatro meses después, Valdés ya escribía que estaba a favor de la versión más amable del tema: despenalizar el aborto. Pero todavía decía: “No encuentro razones que me indiquen que cuando hay embrión no hay vida”, argumentando que la biología descubría cada vez más fundamentos en contra de la legalización.

Pero debe ser que la biología produjo nuevos hallazgos en el último año porque ahora Valdés no sólo dice que “el aborto va a ser legal” y da a entender que lo votará a dos manos como senador, sino que da por sentado que Bergoglio “lo va a entender”. Los grandes debates morales, las teorías conspirativas sobre el imperialismo y el clasismo demográficos y hasta los avances de la biología han quedado a un lado. “Son discusiones arcaicas ya”, dijo Valdés el fin de semana.

Y al “temita Papa” lo liquidó con el famoso “ma’ sí” de la pampa gringa: “Nunca va a decir que está de acuerdo, pero tampoco es para morirse”.

¿Valdés se da cuenta del grado de cinismo que él -que conoce al Papa como pocos y entra y sale de Santa Marta a su antojo- le está atribuyendo a Bergoglio?

Ojo que Solá dice casi lo mismo

El casi seguro futuro canciller, Felipe Solá ya había votado a favor del aborto en 2018. Ayer dijo que el peronismo tiene a Bergoglio “como guía en muchísimas cuestiones” (aparentemente el aborto no sería una de ellas) y se sumó a los peronistas que creen que el Papa la va a dejar pasar.

Ilustró ese pronóstico con una anécdota. “Un grupo de personas lo fue a ver y empezaron a hablar de cómo habían votado en la discusión por el aborto. Entonces el Papa los frenó y les dijo: ‘¿Yo saqué ese tema?, hablemos de las cosas que tenemos que hablar’”.

Entre lo que dice Valdés (nada menos que el contact-man del Vaticano en el peronismo) y Solá (nada menos que el futuro canciller del PJ) están dando a entender que Bergoglio cultiva un doble discurso.

¿El Papa que en mayo repitió que contratar a un profesional para que practique un aborto es igual a contratar a un sicario para matar a una persona sería el mismo que ahora se haría el distraído?

La vida te da sorpresas

Es sorprendente que un católico practicante como Valdés salde la cuestión con un “son discusiones arcaicas ya”.

Se suponía que para el cristianismo la cuestión involucra una verdad que trasciende el paso del tiempo: la vida humana. Que ahora, por ejemplo, en la edición corregida del manual de Valdés va a tener que empezar después de la concepción.

También se suponía que se trataba de una cuestión de orden público y que por eso debía reglarse en el código penal. Ahora parece de golpe haber pasado al ámbito privado, al del código civil.

El argumento para justificarlo es simplón, pero se lo dijo el profesor de derecho penal Alberto Fernández a Página 12: “Cuando uno despenaliza y legaliza el aborto no lo hace obligatorio. Por lo tanto, el que sigue teniendo la convicción de que Dios no lo permite que no lo haga. Y respetémoslo. Y respetemos a los otros”.

Se supone que eso, al menos para los cristianos, será complicado de aceptar. Es como si mañana dijéramos: “Bueno, che, que legalicemos el secuestro extorsivo no obliga a nadie; el que no quiera secuestrar porque sigue teniendo la convicción de que está mal, que no lo haga”.

El razonamiento de Fernández sirvió para defender la ley de divorcio en los ’80, que el catolicismo ultramontano rechazaba. Pero el divorcio nunca había sido un delito penal, como lo es el aborto hasta ahora.

Otra vez el huevo o la gallina

Visto el panorama, cualquier cosa puede pasar. Uno nunca sabe si la interminable plasticidad de cierta gente que está reconvencida de algo una semana y recontraconvencida de lo contrario la semana siguiente no se extenderá también a Bergoglio y al resto de sus políticos y operadores.

Quién te dice. Por ahí en un tiempo más aparece Valdés otra vez con el dilema del huevo o la gallina y nos dice que no sabe quién fue el primer militante por el aborto, si Alberto o si Jorge.