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02/11/2026 | 14:13
Redacción Cadena 3
Adrián Simioni
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Efecto Lula: Cristina se prueba el traje | Por Adrián Simioni
Cristina se está probando el traje de candidata. Es difícil no atribuir ese movimiento al efecto Lula: el presidente brasileño ganó las elecciones del domingo 25 de octubre y, pocos días después, se conoció que Cristina Fernández de Kirchner había concedido una entrevista a The Washington Post, publicada este lunes.
¿Qué dice allí? Que no descarta ser candidata a presidenta en 2027. "Cuando recupere mis derechos políticos, ¿por qué no?", respondió cuando le preguntaron por esa posibilidad.
Esta vez lo dice ella. No manda a alguien de La Cámpora a sugerir que quieren que sea candidata. Lo plantea personalmente. Y es sintomático que esa definición aparezca después de la reelección de Lula, quien estuvo detenido por causas de corrupción, recuperó sus derechos políticos tras la anulación de sus condenas y volvió a la Presidencia.
Cristina tiene una condena firme en la Argentina y llevó su caso ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Busca un pronunciamiento favorable que cuestione el proceso judicial y respalde su planteo de que fueron vulnerados sus derechos políticos.
La apuesta parece combinar ese frente internacional con la expectativa de un deterioro económico que incremente el descontento y la presión política. Su abogado brasileño, Rafael Valim, fue quien advirtió en la entrevista sobre una eventual movilización social si la Argentina no cumple con un pronunciamiento favorable del Comité. Es una precisión relevante: esa advertencia fue del abogado.
Por ahora, Cristina está condenada a seis años de prisión y a inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos. Una declaración internacional favorable no levantaría por sí sola ese impedimento.
¿Son parecidas las situaciones de Lula y de Cristina? Hay dos bibliotecas. Están quienes consideran que ninguno debió ser condenado y quienes creen que ambos debieron estar presos por corrupción. También están los que toman partido por uno y en contra del otro.
Pero hay diferencias concretas. En 2021, el Supremo Tribunal Federal de Brasil anuló las condenas de Lula vinculadas al Lava Jato porque consideró que el juzgado de Curitiba no tenía competencia para intervenir. Lula había estado preso cuando esas condenas todavía no eran definitivas.
El caso de Cristina es distinto. Su detención se produjo después de que, en junio de 2025, la Corte Suprema argentina dejara firme la condena en la causa Vialidad. En un caso, el máximo tribunal anuló las condenas; en el otro, quedaron firmes después de su intervención.
El otro punto es la corrupción entre quienes integraron los gobiernos kirchneristas. Hay condenas por delitos de corrupción contra figuras que van desde Amado Boudou hasta José López. Una verdadera cooperativa de delincuentes, a juzgar por los delitos acreditados en distintos expedientes.
Si Cristina sostiene que es inocente y que todo responde a una persecución, alguna explicación política debería dar sobre la corrupción que ocurrió bajo sus narices. ¿Qué responsabilidad les atribuye a quienes gobernaron con ella y con Néstor Kirchner? ¿Cómo explica que no pudieran controlar a funcionarios de muy alto rango, algunos de los cuales los acompañaban desde Santa Cruz?
No alcanza con trasladar automáticamente el antecedente de Lula a la Argentina. Cada proceso tiene sus pruebas, sus decisiones y su recorrido judicial.
En esta discusión también se mezcla Flávio Bolsonaro y su salida de Brasil pese a las restricciones judiciales. Hay quienes justifican su fuga porque consideran injusta la actuación de la Justicia brasileña y, al mismo tiempo, defienden sin matices la condena de Cristina. Del otro lado también aparecen razonamientos acomodados a la identidad política del protagonista. Hay una doble, triple o cuádruple vara para evaluar estas situaciones.
Queda, por último, un argumento que Cristina ofreció en la entrevista como defensa de su inocencia: sostuvo que, si hubiera robado, habría tenido dinero para comprar al sistema judicial argentino y evitar la prisión.
Es un argumento raro. Extraño. La imposibilidad de comprar a un juez no prueba la inocencia de nadie.
Por lo pronto, Cristina hizo saber que se prueba el traje. Hay quienes interpretan que busca condicionar la interna con Axel Kicillof y obligarlo a aceptar sus condiciones para ungirlo candidato. Otros creen que va en serio: que esta es su última apuesta para obtener un pronunciamiento de la ONU, recuperar sus derechos políticos y calzarse, ella misma, el traje de candidata.
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