La economía cayó 0,6% en el segundo trimestre. (Foto: Clarín)

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¿Cómo puede ser que suba la confianza si aumenta el desempleo y cae la actividad?

18/09/2026 | 14:05

La mejora del indicador convive con un mercado laboral más precario y una contracción trimestral. La diferencia territorial y sectorial ofrece una explicación política | Por Adrián Simioni.

Redacción Cadena 3

Adrián Simioni

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¿Cómo puede ser que suba la confianza si aumenta el desempleo y cae la actividad? | Adrián Simioni

A primera vista, los números parecen incompatibles. La confianza del consumidor subió hasta 41,18 puntos sobre 100, mientras el desempleo aumentó al 7,9% y la actividad económica cayó 0,6% frente al trimestre anterior. ¿Cómo puede mejorar el humor social ante un escenario que, en los grandes indicadores, parece deteriorarse?

La respuesta posible no está únicamente en el promedio nacional, sino en aquello que el promedio esconde. Los datos sugieren que la economía no atraviesa una sola realidad: la situación cambia según la región, el sector productivo y la forma en que cada hogar evalúa su presente y sus perspectivas.

El Índice de Confianza del Consumidor, elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella, llegó a 41,18 puntos después de varios registros en baja. El repunte resulta políticamente relevante porque ese indicador suele guardar una relación estrecha con el comportamiento electoral.

Pero la mejora no fue homogénea. La confianza se debilitó con mayor intensidad en la ciudad de Buenos Aires y retrocedió en menor medida en el Gran Buenos Aires, mientras avanzó con fuerza en el interior, donde superó los 46 puntos y quedó alrededor de cinco puntos por encima del promedio nacional.

También creció más entre los hogares de menores ingresos. La mejora se apoyó en la evaluación de la situación personal y en las expectativas hacia el futuro, pero además en una valoración positiva del orden macroeconómico y de la estabilidad.

Es decir, la percepción social no parece responder solamente a la fotografía del presente: también incorpora lo que cada persona cree que puede ocurrir durante los próximos meses.

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• Más desempleo, pero también más ocupados

El desempleo subió del 7,6% al 7,9% en la comparación interanual. Sin embargo, ese dato aislado no cuenta toda la historia. En el mismo período también aumentaron la tasa de actividad y la tasa de empleo, con 265.000 personas ocupadas más.

La explicación es que ingresó más gente al mercado laboral. Hubo más empleo, pero no alcanzó para absorber a todos los nuevos trabajadores. Además, la totalidad de los puestos incorporados fue informal. Por eso, el cuadro combina una expansión de la ocupación con una degradación de su calidad.

La distribución territorial vuelve a ser decisiva. El desempleo llegó al 10,5% en el Gran Córdoba y también se ubicó en niveles elevados en otros grandes centros urbanos, como Rosario, el Gran Buenos Aires y La Plata.

En cambio, fue considerablemente menor en otros aglomerados: 3,2% en el Gran San Juan, 6,1% en Concordia, 3,2% en Neuquén, 0,7% en Viedma-Carmen de Patagones, 0,9% en Santiago del Estero-La Banda y 3,4% en Jujuy-Palpalá.

Aquí aparece un límite importante para la lectura política. La medición laboral del INDEC alcanza a los grandes aglomerados urbanos, que reúnen cerca de dos tercios de la población. Queda fuera un tercio del país y, con él, lo que sucede en localidades como Añelo, Rafaela, Malargüe, Tandil, Villa María o General Pico.

No se puede afirmar, con estos datos, que todas esas ciudades estén creciendo ni que allí se encuentre por sí sola la explicación del aumento de la confianza. Sí puede sostenerse que existe una porción relevante del territorio que no aparece en la estadística laboral citada y que podría estar atravesando una dinámica diferente de la registrada en las grandes urbes.

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• Una caída que tampoco describe todo

Algo similar ocurre con la actividad económica. El nivel general retrocedió 0,6% respecto del trimestre anterior, pero se mantuvo 2,2% por encima del mismo período del año pasado. Para un segundo trimestre, además, el índice se encuentra en un máximo histórico.

De los 16 sectores medidos, 13 mostraron un crecimiento interanual. Entre los que encabezaron la mejora aparecen el agro, la minería y la energía, actividades con una presencia especialmente importante fuera de los mayores centros urbanos.

En cambio, entre los sectores en baja están la industria manufacturera y el comercio, concentrados en buena medida en el Gran Buenos Aires y en grandes ciudades como Córdoba, Rosario y Mendoza. Son, además, actividades que reúnen buena parte del empleo registrado y que enfrentan con mayor intensidad la apertura y la competencia externa.

La fotografía, entonces, está partida. Los grandes centros urbanos sienten con más fuerza el deterioro de la industria, el comercio y el empleo formal. Al mismo tiempo, sectores ligados al interior mantienen niveles de actividad superiores a los del año anterior y alimentan una percepción más favorable sobre el rumbo económico.

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• El desafío político de mirar más allá de las grandes ciudades

De allí surge una hipótesis: los indicadores más difundidos pueden amplificar lo que ocurre en los grandes aglomerados, justamente porque allí se concentran la industria protegida, el empleo formal y buena parte de la estructura estatal. Cuando esos sectores se ajustan, su deterioro adquiere una enorme visibilidad estadística y mediática.

Esa idea debe tomarse como una interpretación y no como una conclusión definitiva. La medición de actividad económica y la encuesta laboral no tienen el mismo alcance ni observan exactamente el mismo universo. Sin embargo, la brecha territorial ayuda a comprender por qué el clima político puede mejorar mientras algunos datos económicos empeoran.

También existe un factor comunicacional. Los principales medios de comunicación nacionales están radicados en las grandes ciudades y, por lo tanto, su lectura cotidiana queda más expuesta a la realidad de esos centros: caída industrial, debilidad comercial, mayor desempleo y pérdida de puestos registrados. La percepción del interior, más vinculada al agro, la minería y la energía, puede quedar subrepresentada en esa conversación pública.

La conclusión no es que el desempleo haya dejado de importar ni que la caída trimestral de la actividad sea irrelevante. Tampoco que la economía funcione bien en todo el interior. Lo que muestran los datos es una Argentina fragmentada, con regiones y sectores que avanzan mientras otros retroceden.

Por eso puede subir la confianza. No porque hayan desaparecido los problemas, sino porque no se distribuyen de la misma manera en todo el país y porque una parte de la sociedad valora la estabilidad y conserva expectativas favorables hacia el futuro.

En términos políticos, esa diferencia territorial puede ser tan importante como el promedio nacional y será determinante para entender el comportamiento electoral.

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Lectura rápida

¿Qué subió en el índice de confianza del consumidor? La confianza del consumidor subió hasta 41,18 puntos sobre 100.

¿Quién elaboró el Índice de Confianza del Consumidor? El índice fue elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella.

¿Cuándo se registró el aumento de la confianza del consumidor? El aumento se registró después de varios registros en baja.

¿Dónde se observó una mejora significativa en la confianza? La mejora fue significativa en el interior, donde superó los 46 puntos.

¿Por qué la confianza puede haber aumentado? La confianza aumentó debido a la valoración positiva del orden macroeconómico y expectativas favorables hacia el futuro.

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