Fabián Lombardo, presidente de Aerolíneas Argentinas.

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Aerolíneas Argentinas no era una aerolínea, era política berreta

21/10/2026 | 14:49

Los resultados que presenta Fabián Lombardo cuestionan años de pérdidas y subsidios. El debate de fondo es para quién se administra una empresa pública: para los ciudadanos o para los aparatos partidarios | Por Adrián Simioni.

Redacción Cadena 3

Adrián Simioni

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Aerolíneas Argentinas no era una aerolínea, era política berreta | Por Adrián Simioni

¿Lo tienen a Fabián Lombardo? Es el presidente de Aerolíneas Argentinas y ayer hizo declaraciones bastante impactantes. Yo las tomaría con pinzas. A veces, después vienen las sorpresas.

¿Qué dijo Lombardo? En un encuentro de distintas aerolíneas, aseguró que Aerolíneas Argentinas funciona con 2.200 empleados menos que cuando la recibió: un 20% menos. Dijo que hay lugares de la empresa donde hoy dos personas hacen el trabajo que antes hacían cuatro. Y Aerolíneas funciona mejor que antes.

¿Por qué digo que funciona mejor? Porque dejó de perder plata. En los 16 años anteriores a la administración de Lombardo, Aerolíneas perdió un promedio de 400 millones de dólares por año. En cambio, en 2024 ganó 56 millones y en 2025, 170 millones de dólares.

A lo largo de aquellos 16 años, el Estado le dio 8.047 millones de dólares: tuvo que subsidiarla. En cambio, este año Aerolíneas Argentinas le va a pagar al Estado 6.000 millones de pesos de impuesto a las Ganancias. El que antes te bolsiqueaba ahora te da dinero.

Quiero detenerme en la dimensión de esos aportes. Nosotros decimos "8.047 millones de dólares" como si no fuera nada. Pero detengámonos: 8.000 millones de dólares es un tercio de lo que vale YPF. Es más de la mitad del valor de mercado de una aerolínea como LATAM, que es cinco veces más grande que Aerolíneas Argentinas.

Con lo que le dimos a Aerolíneas podríamos haber comprado mucho más de la mitad de LATAM, que es gigantesca.

¿Por qué era así? Porque Aerolíneas Argentinas no era una aerolínea: era una unidad de reclutamiento de militantes, ñoquis, acomodados, amigos y proveedores. Fue el primer arenero que mamá Cristina le dio a Máximo para que hiciera sus primeros palotes y armara su propio partido político, La Cámpora, con plata del Estado.

Estaban Axel Kicillof en la gestión financiera y Mariano Recalde disfrazado de presidente. No habían manejado un quiosco en su vida. Pero, claro, aquello era una unidad de militancia.

Con todo lo que eso implicaba: transas con los sindicatos, "vos hacé lo que quieras y yo puedo meter a la gente que quiera"; proveedores, "tomá, dame, vení". Total, no pasaba nada. El Banco Central imprimía billetes y los mandaba.

Es un escandaloso caso de corrupción. Y no entiendo por qué en la Argentina naturalizamos que los políticos usen el Estado para financiar sus aparatos partidarios.

Si alguien roba para su bolsillo, nos indignamos. Pero si es para financiar a 3.000 militantes, no. O si se cobran coimas a proveedores para financiar campañas políticas, tampoco lo consideramos de la misma manera. Aunque eso pueda ser muchísimo más caro que lo que alguien se roba para comprarse una estancia, un yate o lo que fuera.

Hay otro daño que producen estas empresas cuando simulan ser empresas, pero no funcionan como tales. Lo dejó expuesto ayer el CEO de JetSMART, Estuardo Ortiz, que participó del mismo encuentro.

Ortiz celebró que Aerolíneas funcione como una empresa porque, según explicó, para ellos era muy difícil competir contra los subsidios.

Claro: Aerolíneas impedía el desarrollo del mercado aerocomercial argentino. Si tenés que competir con alguien que recibe subsidios por 400 millones de dólares al año, ¿cómo hacés? Es prácticamente imposible.

Era un verso. Hoy hay más destinos cubiertos y más viajeros en todo el país. Aquello era una política del verso.

Nos decían que Aerolíneas era la soberanía. Mientras tanto, el país se estaba quedando sin moneda. Ese era el país soberano.

También nos decían que era la defensa de lo público. Pero, de hecho, estaba privatizada sin licitación a nombre de todos los que la ordeñaban: sindicatos, proveedores y políticos berretas. La usaban para comprar con plata pública los apoyos que su falta de liderazgo no les permitía conseguir.

Ahora, ojo a futuro: sigue siendo una empresa estatal. Y el que audita estas empresas estatales, sin participación privada, es también el Estado. Después hay que mirar los balances, porque cuando aparecen los detalles podemos encontrarnos con sorpresas.

Pero Lombardo lo dijo ahora, en público, frente a colegas que también conocen el mercado. Asumo que no ha mentido.

Que nos quede una cosa en la cabeza: el objetivo de una aerolínea estatal, como el de cualquier empresa estatal, no es rifar dinero que no factura y que le manda el Banco Central, recién impreso, para beneficiar a empleados, proveedores y punteros políticos.

¿Cómo podría funcionar así una aerolínea privada?

El objetivo de una aerolínea estatal es que más gente viaje, de la manera más buena, bonita y barata que se pueda, y que lo haga con sus propios recursos.

Que nos quede la enseñanza.

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