El asesino y el terapeuta cautivo en el lugar donde se juega la vida.

Steve Carell está estupendo

"El Paciente" o cómo mantenerse vivo gracias a la terapia

13/12/2022 | 10:27 | La serie plantea un caso extremo en la que un asesino serial secuestra a un psiquiatra con la esperanza de que evite que siga matando.

Redacción Cadena 3

Por María Rosa Beltramo.

Es probable que alguien decida convertir el guión que escribieron Joel Fields y Joseph Weisberg para "El paciente" (llega el miércoles a Star+), en una obra de teatro. Es que los 10 capítulos de entre 25 y 40 minutos de la serie transcurren en un único escenario: el sótano de una vivienda solitaria, al que un asesino serial lleva a su terapeuta, esperanzado en que consiga mantenerle a raya esas irrefrenables ganas de matar.

Para el rol del torturado criminal la producción confió en Domhnall Gleeson, quien compone a Sam, un hierático inspector gastronómico que parece inofensivo, pero entre la entrada y el plato principal puede decidir la eliminación de su interlocutor por razones que sólo él comprende.

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La jugada maestra fue la designación de Steve Carell para interpretar al doctor Alan Strauss, un psiquiatra que un día despierta en cama ajena, se levanta confundido y descubre que una pulsera de metal aprisiona su pie derecho y una cadena fijada a la pared le brinda un radio de movilidad de 3 o 4 metros.

La interacción entre el paciente y el terapeuta mantiene el suspenso a lo largo de toda la narración pero al espectador le bastan los primeros cinco minutos para darse cuenta que el profesional va a necesitar inspiración divina y freudiana para "curar" al hombre que lo secuestró y que pese a su compulsión a matar, cree que el psiquiatra puede encontrar el origen del problema y evitar que siga sumando víctimas.

Las sesiones disparan señales contradictorias. En ocasiones parece que Alan le encontró la vuelta y que Sam Fortner puede transformarse en un hombre "casi" normal. Otras veces uno siente que al terapeuta le quedan 5 minutos de vida.

Y mientras se profundiza una u otra convicción, hay un relato que corre paralelo al asunto central y tiene que ver con la vida del doctor Strauss, la relación con sus hijos, Soshanna y Ezra y el recuerdo de su esposa, muerta tempranamente por un cáncer.

Es cierto que al lado de los dramas de Fortner -un adulto inseguro que sólo consigue la satisfacción de un alivio efímero cuando mata- los problemas de Alan parecen un juego de niños. Sin embargo, no carecen de profundidad. El psiquiatra se ha distanciado de su hijo Ezra por lo que parece una cuestión estrictamente religiosa, aunque en el fondo no lo es. El punto es si un padre está preparado para aceptar la determinación que adopta el hijo.

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"El paciente" atrae por la tensión que existe entre el psiquiatra -rehén y el paciente-secuestrador, la presunta evolución de aquel y el esfuerzo hercúleo de éste para mantener el tratamiento bajo esas condiciones extremas.

Aunque el escenario es casi siempre ese cuarto al que Sam accede directamente desde la calle, hay referencias externas al trabajo del secuestrador y varios flashbacks que ilustran al espectador sobre la vida en familia del doctor Strauss, sus discusiones con Ezra después que el muchacho abraza a la ortodoxia judía y se distancia de un padre liberal que sólo concurre a la sinagoga en ocasiones especiales.

La narración aporta en cada uno de los episodios, detalles para que el interés no decaiga nunca. Sam vive con su madre, Candace Fortner (Linda Emonds) que hace un par de inesperadas apariciones en el sótano-consultorio-cárcel donde se desarrolla la terapia y Alan se esmera cada día por encontrar la clave para seguir vivo y que también continúen respirando esas personas que se cruzan en el camino del inspector gastronómico que adolece de una rara intolerancia a la frustración.

En el elenco están también Andrew Leeds como Ezra Strauss; David Alan Grier en el rol de Charlie Addison, el terapeuta de Alan a cuyo recuerdo apela el cautivo para tomar las decisiones más controvertida; y Laura Niemi interpretando a Beth Strauss.

Hasta el final se mantiene la incógnita sobre la salida que puede tener un conflicto tan cerrado. Vale la pena ver “El paciente” y comprobar si el final es el que uno pensó como espectador del drama.

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