Opinión
24/08/2026 | 09:35
Redacción Cadena 3 Rosario
Alberto Lotuf
Audios
Las dos caras frente a 2027
La discusión política argentina empieza a mostrar dos caras cada vez más marcadas. Mientras el Gobierno afirma que los números finalmente le están dando la razón, una parte importante de la sociedad todavía espera que esa mejoría llegue a su vida cotidiana. Y entre una cosa y la otra, entre el indicador económico y el bolsillo, se va a jugar buena parte de la elección de 2027.
Patricia Bullrich volvió a poner esa tensión sobre la mesa. Defendió el rumbo del Gobierno y responsabilizó al kirchnerismo por la inflación, la emisión y el desorden heredado, pero al mismo tiempo reconoció que hay sectores atravesando un momento difícil y reclamó que los resultados lleguen a cada familia, cada pyme y cada empresa. Para mí, esto es más que una frase económica: es una diferenciación política. Bullrich sigue reivindicando el programa de Milei, pero empieza a construir una identidad propia dentro del oficialismo. Y ahí aparece una palabra que suele incomodar al mileísmo: tiempo. No alcanza con que el programa sea correcto; sus beneficios tienen que llegar antes de que se agote la paciencia social. Ojo con Bullrich. El Gobierno debería tomar nota.
Milei, en cambio, mantiene otra explicación frente al crecimiento de la morosidad. Sostiene que las dificultades actuales se originan en los préstamos tomados durante 2024 y en el supuesto ataque de la política que habría frenado la recuperación. Y el Presidente vuelve así a uno de sus argumentos más frecuentes: atribuir los problemas persistentes no al funcionamiento de su modelo, sino a las consecuencias del pasado o a los obstáculos colocados por sus adversarios. La culpa siempre parece ser del otro. Esa narrativa le permitió conservar durante mucho tiempo un núcleo electoral sólido, pero tiene un límite. Una familia que no puede pagar la tarjeta, una pyme que pierde ventas o un trabajador que no llega a fin de mes puede entender durante un tiempo que el sacrificio es inevitable. Lo que difícilmente acepte es que sea interminable.
Y en este contexto apareció un episodio que rápidamente desbordó el terreno policial: la detención en Bolivia de Fernando Cerimedo, acusado de instigar un ataque contra su expareja, Nadia Beller. Cerimedo fue una pieza relevante de la construcción comunicacional libertaria y había quedado involucrado en la trama política de los audios del caso Andes. La propia Beller lo señaló como quien habría hecho trascender esos audios. Ahora se están contabilizando sus ingresos a la Casa Rosada, que serían entre 12 y 15. ¿Con quién se reunió? ¿De qué habló? Son preguntas que deberían responderse. Diego Santilli habló de un atentado y reclamó que el episodio se esclarezca. Y mientras la Cancillería intentó mantener distancia, desde el propio oficialismo aparecieron voces diferentes. Lilia Lemoine llegó a sugerir que podía tratarse de un autoatentado y Milei compartió esa publicación, aunque después adoptó otra posición. El resultado fue un Gobierno expresándose con distintas voces frente a un asunto extremadamente delicado.
Mientras tanto, Axel Kicillof aceleró su construcción presidencial. En el lanzamiento de la rama juvenil de Derecho al Futuro sostuvo que una alternativa creíble y potente no va a surgir de una rosca entre cuatro paredes, sino desde abajo hacia arriba. Está reivindicando al peronismo, pero también está planteando ampliar sus fronteras y dejar atrás las divisiones. Lo que está diciendo Kicillof, en definitiva, es: basta del dedo dentro del peronismo. Basta del dedo electoral, del dedo caprichoso, del dedo arbitrario. El gobernador intenta resolver una ecuación compleja: presentarse como heredero de una tradición política sin quedar encerrado en ella.
Porque Kicillof necesita conservar el voto kirchnerista, diferenciarse de Cristina y, al mismo tiempo, convocar a sectores que no quieren regresar al pasado. La idea de construir de abajo hacia arriba puede resultar atractiva, pero tiene una contradicción evidente: el peronismo reclama participación mientras continúa definiendo buena parte de sus candidaturas y alianzas mediante negociaciones entre sus principales dirigentes. De todos modos, hay algo claro: la campaña ya empezó, aunque falte mucho para 2027.
Y así, las dos fuerzas que polarizan la política argentina enfrentan problemas diferentes, pero relacionados. Milei tiene un programa reconocible y una conducción indiscutida, pero todavía necesita convertir la estabilización económica en bienestar perceptible. Kicillof recoge parte del malestar social, pero tiene que demostrar que representa algo más que la restauración de aquello que fue rechazado en 2023. Ninguno puede quedarse solamente con su propio relato. Porque el Gobierno no puede vivir eternamente del pasado y la oposición tampoco puede vivir eternamente del rechazo al presente.
Por eso creo que la elección de 2027 no se va a definir solamente entre el ajuste y el gasto, ni entre Milei y el kirchnerismo. Se va a definir, en buena medida, entre quien consiga explicar mejor la distancia que todavía existe entre los números y la vida real. Los índices pueden ordenar una economía, pero son las experiencias concretas —el salario, la deuda, el empleo, el consumo y la expectativa de futuro— las que terminan ordenando el voto. Y ahí está, para mí, la verdadera battalla que recién comienza.
¿Qué se está discutiendo en la política argentina? Se están mostrando dos caras: el Gobierno afirma que los números le dan la razón, mientras la sociedad espera mejoras en su vida cotidiana.
¿Quién es Patricia Bullrich y qué opinó? Patricia Bullrich defendió al Gobierno, responsabilizó al kirchnerismo por la inflación y pidió que los resultados lleguen a las familias y pymes.
¿Qué ocurrió con Fernando Cerimedo? Fernando Cerimedo fue detenido en Bolivia por instigar un ataque contra su expareja, Nadia Beller, y se cuestiona su relación con la Casa Rosada.
¿Cuál es la postura de Axel Kicillof? Axel Kicillof busca construir una alternativa desde abajo hacia arriba, reivindicando el peronismo y tratando de ampliar sus fronteras.
¿Cómo se definirán las elecciones de 2027? Se definirán entre quien explique mejor la distancia entre los números y la vida real, considerando experiencias concretas como el salario y la deuda.
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