Opinión
03/01/2026 | 16:53
Redacción Cadena 3
Sergio Berensztein
La detención de Nicolás Maduro y de su esposa por parte de fuerzas de los Estados Unidos implica un cambio muy significativo en la política exterior estadounidense hacia la región. Si bien confirma una tendencia que ya se venía observando en los últimos tiempos, el hecho marca un punto de inflexión en la forma y el alcance de la intervención de Washington en América Latina y en otros escenarios internacionales.
En primer lugar, este episodio se inscribe en un contexto de fuerte despliegue militar estadounidense en el Caribe, acompañado por ataques a embarcaciones que presuntamente trasladaban droga tanto por esa vía como por el Pacífico. A ello se suma una intervención reciente en Nigeria, vinculada al asedio de grupos extremistas en un país diverso y de enorme complejidad, así como la acción conjunta de Estados Unidos e Israel en ataques quirúrgicos destinados a contener el avance nuclear iraní.
Se trata de procedimientos militares con características similares: intervenciones puntuales, altamente planificadas y de carácter quirúrgico. Estas prácticas reflejan una modificación significativa de las reglas de juego en materia de acción militar, en un mundo donde los equilibrios tradicionales han cambiado de manera profunda.
Desde la administración de Donald Trump se sostiene que la detención de Maduro tiene un sustento legal, dado que el dirigente venezolano estaba siendo procesado en Estados Unidos por narcotráfico, señalado como jefe del denominado “Cartel de los Soles” y acusado de narcoterrorismo. Existía, además, una orden de detención y una recompensa ofrecida de 50 millones de dólares. No obstante, esta argumentación es objeto de debate entre especialistas en derecho internacional y constituye uno de los ejes centrales de la polémica que se abre a partir de este hecho.
/Inicio Código Embebido/
/Fin Código Embebido/El futuro de Venezuela aparece atravesado por una fuerte incertidumbre. Algunos analistas consideran que este episodio podría acelerar los tiempos y derivar en un cambio de régimen, con una transición hacia un sistema menos autocrático. Otros, en cambio, advierten sobre el riesgo de anarquía o incluso de un reforzamiento de los mecanismos autoritarios dentro del propio país. También se mencionan escenarios de fragmentación territorial, comparables al caso de Libia.
Existen indicios de cooperación interna de figuras del régimen en la captura de Maduro, aunque la prudencia se impone a la hora de proyectar cómo evolucionará la situación. Quedan abiertos interrogantes clave: cuál será la reacción de la población civil, cómo responderán los sectores del exilio y de qué manera se reconfigurará el poder interno.
Lo cierto es que se abre un escenario completamente nuevo, cuyos efectos no se limitarán a Venezuela, sino que impactarán en el conjunto de América Latina, en un contexto regional y global marcado por la redefinición de las estrategias de poder y de intervención internacional.
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