Opinión
26/05/2026 | 10:31
Redacción Cadena 3
Sergio Suppo
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¿Hasta que punto la interna perjudica la gestión de Milei? | Por Sergio Suppo
La política también habla a través de los gestos. Y el Gobierno de Javier Milei eligió esa gramática para intentar transmitir que la interna entre Karina Milei y Santiago Caputo quedó atrás: abrazos, fotos, caminatas compartidas, posteos en redes sociales y una puesta en escena cuidadosamente reproducida después del Tedeum del 25 de Mayo. El Presidente reunió a su gabinete y se mostró con su hermana y con el asesor presidencial en medio de las fricciones abiertas dentro del oficialismo.
Pero una fotografía no clausura una disputa de poder. Puede disimularla por unas horas, puede ordenar un mensaje público, puede ofrecer una imagen de tregua. No necesariamente resuelve el conflicto de fondo.
La interna, lamentablemente para el Gobierno, no terminó. El abrazo de Milei a Santiago Caputo, el gesto hacia Martín Menem —integrante del equipo político de Karina Milei— y el saludo de Eduardo “Lule” Menem al asesor presidencial buscaron mostrar normalidad después de dos semanas de acusaciones cruzadas y operaciones políticas. Incluso la presencia de Caputo en la caminata del gabinete hacia la Catedral Metropolitana llamó la atención: no sólo por su rol informal, sino porque fue el único asesor que apareció integrado a una postal reservada habitualmente a los funcionarios de primera línea.
El problema no es que existan tensiones internas. Todos los gobiernos las tienen. La política es, también, una administración permanente de ambiciones, diferencias, lealtades y recelos. El problema aparece cuando esas tensiones dejan de ser administradas y empiezan a condicionar la gestión. Y eso parece estar ocurriendo en la Casa Rosada.
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Milei gobierna en distintos planos. En el económico conserva una intervención personal y directa, con una línea estrecha con el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, y con el presidente del Banco Central, Santiago Bausili. No es extraño que así sea: la economía sigue siendo el principal contrato político del Presidente con sus votantes. Allí se juega buena parte de su capital electoral y de su eventual proyecto de reelección.
Pero por fuera de la economía aparece el resto de la gestión, y allí la interna golpea con fuerza. La pelea entre el sector de Karina Milei y el de Santiago Caputo no queda encerrada en los pasillos del poder. Se traslada a la relación con gobernadores, empresarios, dirigentes legislativos y actores sociales. Si un gobernador habla con Caputo, puede despertar recelos en el karinismo. Si un empresario consulta al asesor presidencial, puede encontrarse luego con resistencias del otro sector. Y si una decisión administrativa queda asociada a una tribu interna, la otra puede intentar neutralizarla.
Eso no es sólo ruido. Es un problema de conducción.
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La comparación con otros presidentes resulta inevitable. Carlos Menem convivió con internas feroces, pero las administraba. Arbitraba. Dejaba crecer a sus hombres hasta cierto punto, pero no permitía que la disputa se le fuera de las manos. En el caso de Milei, la pregunta es si el Presidente no interviene, si interviene tarde o si cree que alcanza con una foto para ordenar lo que en realidad requiere una decisión política.
El oficialismo intentó transformar el Tedeum en una postal de unidad. La imagen sirvió para redes sociales, pero no necesariamente para ordenar el poder. Porque una interna no termina cuando sus protagonistas se abrazan frente a las cámaras. Termina cuando hay reglas claras, jerarquías reconocidas y una conducción capaz de impedir que las diferencias personales se conviertan en obstáculos de gobierno.
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