Opinión
27/05/2026 | 11:01
Redacción Cadena 3
Sergio Suppo
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¿La Argentina se detiene completamente durante el Mundial? | Por Sergio Suppo
Cada cuatro años, la Argentina parece entrar en un paréntesis emocional. El Mundial captura conversaciones, agendas familiares, horarios laborales y hasta humores sociales. La Selección despierta una pasión difícil de comparar con cualquier otro fenómeno colectivo. Pero de allí a creer que el país se detiene por completo hay una distancia enorme.
El Mundial no borra la realidad. Apenas la corre, por momentos, del centro de la escena. Que millones de argentinos estén pendientes de un partido no significa que la economía deje de marcar sus tensiones, que la política abandone sus disputas o que la Justicia suspenda sus investigaciones. Las cosas siguen ocurriendo, aunque una parte de la sociedad las mire con menor atención.
El Gobierno, por caso, continuará obligado a dar respuestas sobre problemas que hasta ahora resolvió apenas a medias. Entre ellos, el demorado despegue de la economía y la recuperación todavía insuficiente de los salarios. También seguirá intentando avanzar en el Congreso con proyectos que considera centrales, como la ley de lobby, la reforma del etiquetado frontal y otras iniciativas que forman parte de su agenda legislativa.
En paralelo, el Senado tendrá por delante la discusión por la designación de jueces y funcionarios judiciales que llevan tiempo esperando definición. Esa agenda institucional no quedará congelada porque la pelota ruede en Norteamérica ni porque la Selección juegue una instancia decisiva.
También es pobre suponer que un buen rendimiento deportivo pueda garantizar impunidad a dirigentes bajo investigación. Ni Claudio "Chiqui" Tapia ni otros nombres vinculados a la conducción de la AFA deberían ver modificada su situación judicial por los goles de la Selección. Una cosa es el mérito de los jugadores dentro de la cancha y otra muy distinta es la responsabilidad institucional de quienes administran estructuras de poder.
Pensar que un título mundial puede tapar todo es subestimar a la sociedad y también al país. Los argentinos pueden emocionarse con la Selección, organizar su vida alrededor de un partido y, al mismo tiempo, seguir comprendiendo que los problemas de fondo no desaparecen. El entusiasmo futbolero no convierte a los ciudadanos en espectadores pasivos de todo lo demás.
El Mundial será, como siempre, una enorme distracción colectiva. Una distracción legítima, intensa y probablemente necesaria. Pero no será una anestesia total. La política continuará, la economía seguirá pasando factura, la Justicia mantendrá sus expedientes abiertos y la vida pública no entrará en pausa.
La Argentina puede mirar un partido con el corazón en la mano. Lo que no puede hacer es confundirse: la realidad no se suspende por decreto futbolero. El Mundial no detiene al país. Sólo nos recuerda, por un rato, que también somos capaces de mirar todos hacia el mismo lado.
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