El evangelismo en la cárceles santafesinas

Entrevista

Radiografía breve del evangelismo en las cárceles santafesinas

12/11/2023 | 07:00

¿Por qué el evangelismo avanza tanto en las cárceles? ¿Qué es y cómo funciona un pabellón evangélico? Refugiados, convencidos y convertidos sobreviviendo en un duro contexto del que se sabe poco. 

Redacción Cadena 3 Rosario

Lucas Correa

Según datos oficiales del Servicio Penitenciario de la provincia de Santa Fe, el 50% de la población detenida en el territorio ocupa pabellones evangélicos. El número llegó a ser aún mayor hace algunos años pero debido a algunos cambios como la suma de pabellones o el cambio a pabellones de conducta, la cifra bajó. De todos modos, sigue siendo un número considerable. Además, hace días se informó que la Iglesia Evangélica podría hacerse cargo de la Justicia Juvenil y Adicciones.

Mauricio Manchado es Investigador Adjunto del Conicet, Docente de la Carrera de Comunicación Social (FCPOLIT- UNR) y Sub Director de la Dirección Socio Educativa en Contextos de Encierro del Área de Derechos Humanos de la UNR. Autor del libro La redención del castigo. El evangelismo y la construcción del orden en las prisiones contemporáneas”. Experto en el tema, nos ayuda a entender cómo se mueve esta segunda minoría religiosa en el funcionamiento del mundo tras las rejas.

¿De qué va un pabellón evangélico, qué lo distingue de otro?

Es un espacio que está ordenado a partir de una estructura conformada por los propios presos que tiene roles al interior de esos pabellones. Esos roles están definidos fundamentalmente por una iglesia externa evangélica, que además, dispone de una serie de normativas que son muy estrictas a los fines de ordenar el funcionamiento de esos espacios, que tienen mucha similitud con las normativas disciplinarias de la cárcel, pero la diferencia es que efectivamente en esos espacios de reclusión se cumplen o implementan.

¿O sea?

La cárcel históricamente ha tenido normas tales como, por ejemplo, no fumar, no tomar alcohol, no tener teléfonos celulares, no tener una faca, una chuza, no tener elementos cortopunzantes para lastimar al otro, no generar conflictos con el otro interno o con las propias autoridades. Lo que la iglesia ha dispuesto es algunas normativas adicionales que tienen que ver con la vida sexual, o con cuestiones de estar sí o sí ligado a algunas prácticas religiosas que el mismo credo dispone, como participar de cultos, de estudios bíblicos, etc. Básicamente lo que dispone es una normativa que se asemeja mucho a la carcelaria pero que en realidad tiene un ejercicio práctico a partir de los propios detenidos. Es decir, los propios detenidos que forman una estructura jerárquica dentro de ese pabellón que va del ciervo a la oveja (y en esos dos extremos hay otras otras figuras intermedias), lo que hacen es hacer que estas normas se cumplan con cierta rigidez. Eso permite -a grandes rasgos- ordenar un espacio que antes era altamente conflictivo en un espacio con una conflictividad que se reduce casi a cero.
El pabellón evangélico es un pabellón gestionado por una iglesia evangélica externa, pero en términos prácticos, puesto en funcionamiento por los propios detenidos que asumen los roles que la iglesia les ha asignado.

¿Cómo es el vínculo de ese pabellón con el servicio penitenciario?

El vínculo ha tenido sus transformaciones. Hay una primera etapa de un fuerte rechazo al dispositivo evangélico que es a mediados de la década de los 80, cuando el pastor Rivello empezó a visitar Coronda tratando de convocar a distintos internos a que puedan oficiar el credo evangélico en una institución que es fuertemente católica. De hecho, por dar un ejemplo, el día del agente penitenciario es el día de la Virgen del Carmen. El servicio penitenciario los rechazó absolutamente. Debían cumplir las mismas condiciones que una visita para poder entrar en la cárcel y solamente después de que ellos empezaron a mostrar un trabajo bastante continuo y una aceptación que iba creciendo por parte de detenidos, fundamentalmente detenidos muy conflictivos.
Una segunda etapa que yo le llamo de aceptación relativa porque les reconocen una tarea persistente y una serie de efectos muy concretos sobre los presos que ellos le llaman “cachivache”: presos que eran muy conflictivos históricamente y que empiezan a trabajar, a participar de otros espacios educativos, a tener buena conducta y en función de eso, recién en la década de los 2000, le otorgan un primer pabellón para que la iglesia los gestione, en estos términos de pabellón iglesia, en la cárcel de Coronda.
Desde aquel entonces hasta la actualidad hemos pasado a una tercera etapa que yo le llamo de coordinación con el servicio penitenciario, marcado de una manera bastante puntual después de lo que fue la masacre de Coronda en abril del 2005, en la unidad Nº 1 de la ciudad de Coronda, donde murieron 14 presos en un enfrentamiento entre dos pabellones, a los que se los calificó como los rosarinos y los santafesinos. Allí hubo puertas que se abrieron que no se debían abrir, los detenidos llegaron hasta el pabellón directamente a asesinar a los otros internos con los que tenían conflicto y fueron los los siervos de las iglesias, así se lo llama, los que lideran esos espacios, los que pudieron contener que esa violencia no sea un espiral a toda la cárcel. Eso le da un gran prestigio a estos espacios, que hace que sigan creciendo. A la etapa de la coordinación con el servicio penitenciario la reconozco entrada la segunda gestión del Frente Progresista Cívico y Social en Santa Fe. Hasta ese entonces los pabellones ya existían, pero hay un fuerte crecimiento que hace por ejemplo que la unidad número 6 Rosario hoy tenga 7 de los 11 pabellones en condición de pabellones iglesias. No es que no existían antes, pero ahí empieza a haber una suerte de reconocimiento muy clara a la labor.

También hay un nivel más microestructural que son los vínculos que establecen los propios detenidos que gestionan estos pabellones con los agentes penitenciarios o con los propios directores de cárceles. Los que gestionan estos espacios tienen mucha más relación con los equipos directivos de las cárceles y menos con los guardiacárceles porque son con ellos con quienes negocian, en el mejor sentido de la palabra, ¿no? En términos académicos hablamos de reciprocidades o de transacciones carcelarias, pero en términos de los acuerdos que se van estableciendo para poder mantener el orden de esos espacios, inclusive que repercute en el orden general de la cárcel, lo tienen fundamentalmente con los equipos directivos, o con los jefes de correccionales con quienes acuerdan prácticas muy específicas o prácticas muy diferenciadas de lo que sucede en otro pabellón.

¿Por ejemplo?

Si una persona quisiera ingresar a un pabellón evangélico la última palabra la puede llegar a tener el servicio penitenciario. Pero en realidad, el procedimiento que se utiliza es que el detenido se tiene que entrevistar con el siervo, éste le tiene que contar efectivamente todas las normas que tiene que cumplir a ese detenido para ingresar y es el siervo quien le dice al guardia penitenciario si en esa entrevista percibió que el detenido puede ingresar o no. Entonces, en ese sentido, la potestad de quien ocupa un espacio la tiene más el siervo muchas veces que el propio agente penitenciario.

Salvo cuando el servicio penitenciario necesita sí o sí poner a un detenido en ese pabellón evangélico, porque tiene conflictividad en todos los otros pabellones, y en vez de trasladarlo a otra cárcel le pide, casi como un favor al siervo, que lo aloje, porque no tiene dónde ponerlo. El siervo va a cumplir ese favor de alojarlo, pero muy probable, me contaban en las entrevistas, que ese detenido, que se lo llama el refugiado dentro de esos espacios, no dure tanto.
Otros tienen que ver con, inclusive, desde dejar pasar elementos que en otros pabellones a veces no se dejan pasar, como una batería para tocar música dentro del pabellón, o tener a veces visitas extraordinarias o específicas que en otros pabellones no se pueden tener.

¿Por qué penetró tanto el evangelismo a diferencia del catolicismo, que sigue siendo la mayoría religiosa?

Hay muchas variables también ahí a contemplar. Claramente, lo que sucede en las cárceles no es ajeno a lo que sucede en la sociedad en su conjunto, por fuera de la institución carcelaria, y es que el evangelismo es no sólo la primera minoría religiosa en Argentina, sino que la que más ha crecido en los últimos 30 años. Sobre todo desde la recuperación democrática en Argentina a esta parte. Es una institución que se ha dado una serie de estrategias que yo creo que el catolicismo no las vio, o no las ha querido dar, eso es discusión de otro orden. Pero el evangelismo lo que ha generado, sobre todo con la nueva reforma en la década de los 90 es la ampliación de funciones. Es decir, poder correrse de transitar las instituciones tradicionales de un credo -las propias iglesias-, y empezar a trabajar en otras instituciones, como por ejemplo los hospitales, las cárceles, las comisarías. Ese trabajo de ampliación de funciones, combinado con un precedente que era el rol fundamental que tuvo también el catolicismo durante la dictadura militar, me parece que hace ahí una serie de combinaciones que en las cárceles empieza a habilitar y a darle mayor prestigio a esta figura de los evangelistas.

En el '83, en el servicio penitenciario bonaerense, el pastor Juan Zuccarelli empieza esta tarea de evangelizar en su doble condición de ser un agente penitenciario y un pastor evangélico. Esto se combina con un catolicismo que hasta la dictadura militar tenía fuerte inserción en los sectores populares, sobre todo con los curas de la Teología de la Liberación, pero que son justamente los curas que la dictadura más persigue y más asesina. Ahí se produce una falta de anclaje territorial significativo en los sectores populares, que es de lo que está lleno la cárcel. Y además tenés un evangelismo que al mismo tiempo va generando una serie de campañas evangélicas y de nuevas estrategias de fuerte acercamiento a los sectores populares.
Creo, además, que tienen efectivamente una construcción de una serie de narrativas muy contundentes. El evangelismo se funda sobre la idea de una narrativa de la prosperidad que tiene en su centro la idea de la muerte de un viejo hombre y el nacimiento de uno nuevo. Y el catolicismo, a diferencia de esa concepción, tiene un camino mucho más tortuoso y mucho más anclado a la dimensión de la culpa y de ese pasado que de alguna manera uno arrastra. El evangelismo tiene en su narrativa una concepción de la prosperidad que es abandonar lo viejo para construir lo nuevo, y además una suerte de mirada de futuro. Esa prosperidad puede ser una prosperidad económica, en términos de salud, o una prosperidad penal. Es muy interesante ver cómo en el discurso de los detenidos que viven en estos pabellones hay continuamente una alusión a que ‘desde que yo estoy en este pabellón tenía dos homicidios calificados y cuando fui al juez me sacó uno. Y eso es gracias a Dios, eso es gracias a que estoy acá, eso es porque yo estoy en el camino de Dios’, cuando en realidad, uno después va a revisar las tramas burocráticas de la justicia penal y se da cuenta que eso sucede por lo general en muchas ocasiones

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Tipos de detenidos

Yo en mi trabajo de campo identifiqué tres categorías de detenidos que habitan estos espacios:

Los refugiados: detenidos que no pueden habitar otros pabellones y pueden o no durar. A veces pueden ser que a la semana sean expulsados o puede ser que empiecen a conocer de esa dinámica y les interese persistir ahí.

Los convencidos: detenidos que por lo general han tenido largas trayectorias carcelarias y llegan a un pabellón evangélico porque quieren transitar su última condena o la última etapa tranquilos, sin tener que estar todo el tiempo, como se dice, ‘a todo ritmo’ en la cárcel, preocupados por la conflictividad permanente, por ver si te matan, si te roban tal cosa, etc.

Los convertidos: es una figura bastante singular porque, si vos preguntás, todos se denominan convertidos, porque reafirmar esa idea del convertido, es decir, reafirmar que vos estás con Dios, es reafirmar que no la estás ‘chapeando’, que es el otro término que se usa mucho en la cárcel.

¿Cómo se distingue a quien realmente busca a Dios, que lo puede haber, obvio, de quien la quiere pasar mejor adentro?

Es muy difícil. Yo más que tratar de hacer esa lectura en términos de poder determinar quién está mintiendo o no, lo que hay que intentar ver es cómo los propios detenidos van desplegando ciertos ajustes. Es muy difícil determinar quién está ahí por convencimiento a la religión o quién está porque le conviene. Lo que sí es interesante de analizar es que el convertido se termina de reafirmar cuando el detenido sale. Uno puede decir que está convertido cuando sale de la cárcel y persiste en su práctica religiosa o sigue vinculado con la iglesia porque mientras uno está detenido, esa conversión muchas veces se cae. Los mismos detenidos te relatan esto: ‘este dice que está convertido, pero al otro día salió, se fue con un permiso y lo vi tomando alcohol en el barrio y drogándose’. Entonces, esta idea de la conversión necesita un tiempo más de reafirmación en el afuera.

Lo interesante en el fondo es que todos esos elementos combinan para que efectivamente haya un dato muy concreto: la conflictividad interpersonal se reduce casi al mínimo. Para la cárcel es una buena estrategia de gobierno, de orden. En el caso de las cárceles de mujeres, en cambio, el evangelismo casi no tiene incidencia. Recién ahora hay algunos activos. Eso es bastante singular. Ahí a la religión y sobre todo al evangelismo en particular, le ha costado mucho sostenerse, o sostenerse y conformar estos denominados pabellones iglesia.

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