Historia de vida
27/05/2026 | 10:02
Redacción Cadena 3
La historia de Wenceslao Moreno conmueve y rompe prejuicios. Nació con diagnóstico de parálisis cerebral, atravesó años de terapias, incertidumbre y barreras, pero logró recibirse de médico y hoy trabaja mientras termina su especialización en neurología.
En diálogo con Diversidad, por Cadena 3, el joven profesional repasó el largo camino que recorrió desde la infancia y habló de los desafíos que enfrentó tanto en la vida cotidiana como dentro de la universidad.
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“Cuando uno es bebé no habla, no camina y no se sabe bien cuáles van a ser las secuelas. Eso genera mucha incertidumbre”, explicó. Recordó también el enorme esfuerzo de sus padres, quienes lo acompañaron entre terapias, médicos y tratamientos desde muy pequeño.
Lejos de quedarse detenido en un diagnóstico, Moreno construyó una carrera marcada por la perseverancia. Actualmente cursa el último tramo de neurología y continúa formándose con diplomaturas y estudios complementarios. “Estoy en una etapa muy linda para absorber todo antes de salir a la cancha con el título completo. Estoy enamorado de mi carrera”, contó.
No obstante, en este largo recorrido reconoció que, como en muchos ámbitos de la sociedad, también encontró prejuicios dentro de la medicina. Incluso relató que dos docentes intentaron apartarlo de la carrera. Sin embargo, destacó que el apoyo recibido fue mucho mayor.
“Hubo docentes que conocían mi potencial académico y me ayudaron muchísimo. La balanza me da muy positiva”, aseguró.
Uno de los momentos más difíciles apareció al comenzar a trabajar. En uno de sus primeros empleos le advirtieron que debía aprender a aplicar inyectables para continuar. Entonces decidió practicar durante horas con naranjas hasta lograrlo. “Compré un kilo de naranjas y me puse toda la tarde a practicar”, recordó entre risas.
Moreno explicó que la parálisis cerebral le dejó principalmente dificultades en la motricidad fina y movimientos involuntarios. De hecho, contó que recién hace tres años comenzó a escribir con más facilidad y que durante toda la facultad rindió los exámenes de manera oral.
“Los exámenes estaban preparados para la escritura, así que había que generar espacios para conversar con los docentes”, relató. Aun así, guarda recuerdos muy positivos de la universidad pública: amigos, profesores que lo acompañaron y colegas con quienes todavía comparte guardias.
En ese recorrido también aparecieron gestos que nunca olvidará. Uno de sus docentes, decidido a ayudarlo a aprender suturas, lo invitó a practicar durante horas con un pollo mientras lo guiaba personalmente. “Tal vez nunca se pudo del todo, pero la intención estuvo y eso es súper valioso”, destacó.
Ya en el consultorio, asegura que su propia experiencia se transformó en una herramienta para acompañar pacientes neurológicos, muchos de ellos atravesados por enfermedades crónicas.
“Yo tengo mucho más de paciente que de médico, y juego mucho con eso. Poder entender al otro genera una vibra muy linda en el consultorio”, afirmó.
Moreno también habló de la importancia de su entorno familiar y afectivo. Vive junto a su esposa, con quien se casó hace dos años, y destacó el acompañamiento constante de amigos y familiares. “Nunca hubo un ‘pobrecito’ o una victimización. Siempre fui uno más”, expresó.
Su historia se convirtió en un ejemplo de superación, inclusión y empatía. Un testimonio que demuestra cómo, aun frente a diagnósticos complejos y prejuicios sociales, las barreras pueden romperse.
¿Quién es Wenceslao Moreno? Es un joven médico que nació con parálisis cerebral y trabaja en neurología.
¿Qué desafíos enfrentó? Enfrentó dificultades en su vida cotidiana, en la universidad y prejuicios en el ámbito médico.
¿Cómo se preparó para su carrera? Practicó con naranjas para aprender a aplicar inyectables y rindió exámenes de manera oral.
¿Qué apoyo recibió? Recibió apoyo significativo de docentes que reconocieron su potencial académico.
¿Cuál es su mensaje? Su historia es un ejemplo de superación, inclusión y empatía, demostrando que se pueden romper barreras.
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