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Maravillas de este siglo

Pies descalzos

03/10/2022 | 10:50 |  

Redacción Cadena 3

María Rosa Beltramo

Javier Velasco es el embajador de Chile en España y últimamente no gana para sustos. Su gobierno lo ha llamado al "orden y la prudencia", la oposición le exige la renuncia y la prensa tradicional lo usa para demostrar que es mejor un diplomático de carrera aunque no comulgue demasiado con las ideas del presidente, que un político amigo.

Condiscípulo de Gabriel Boric en la Universidad de Chile y militante de Convergencia Social, sus días en Madrid casi terminan abruptamente por una foto.

Es la que publicó en Instagram su pareja, Manuela Pérez y lo muestra a él, vestido de traje y corbata, en el asiento trasero de un automóvil. Sobre su costado izquierdo y a la altura del bolsillo del saco descansan los pies desnudos de una mujer, de la que además se ven las piernas, una de las cuales luce un tatuaje.

El embajador mira al frente y con su mano sostiene el pie de su acompañante.

Esa imagen generó un verdadero escándalo en el mundillo diplomático, un ámbito donde las apariencias y los protocolos representan categorías absolutas que no se pueden ignorar.

La cuenta de Instagram de @manolaperezt que ya le había generado a Velasco algún problema fue silenciada cuando la comisión de Relaciones Exteriores de Diputados aprobó remitir una "carta de molestia".

Catalina del Real, una de sus integrantes y legisladora de Renovación Nacional aprovechó la imagen de los pies descalzos para denunciar que “todos los meses se ven bochornos y dificultades con respecto a nuestras relaciones exteriores. Van 15 bochornos, los tenemos contados, en promedio 2,5 mensual. Lo cual está perjudicando nuestra imagen internacional”.

Semejante precisión en el conteo de papelones colocó al presidente de la Nación en la incómoda postura de reconvenir al jefe de una legación diplomática estratégica para los intereses trasandinos.

Antes de postear la imagen que probablemente en otro contexto podría considerarse tierna, la novia de Velasco había usado su cuenta para retratar al embajador ante un plato rebosante de lo que parecían langostas.

Le llovieron las críticas que no cesaron ni siquiera cuando sus allegados salieron a aclarar que se trataba de bogavantes, un crustáceo marino que de lejos es parecido a la langosta, pero mucho más barato y a tono con la austeridad que pregona el gobierno.

Si hay algo que se le podría reprochar a Velasco es una opinión demasiado taxativa que generó ruido interno. En un foro económico acusó a los gobiernos de la transición de sembrar las condiciones para el estallido social de octubre de 2019. Eso motivó respuestas airadas de dirigentes que hoy son aliados de Boric.

Pero la verdad, fue la excepción porque en la base del escándalo sólo hay dos fotos, la de los pies y la de un plato que parecía caro pero no lo era. Velasco necesita una preparación que no tuvo y ser menos ingenuo.

Es probable que en los años de militancia estudiantil haya tenido sueños revolucionarios. Ahora le toca luchar desde un lugar donde el desafío más grande suele ser no apartarse un milímetro de lo que indica el manual de ceremonial.

El embajador está aprendiendo a los ponchazos que el nivel de éxito y de aceptación dependen, como en otras actividades, de la cara del cliente.

Representa a una de las economías emergentes del hemisferio sur y los más poderosos no son demasiado tolerantes con los débiles. Dos fotos pueden convertirlo a él y a su gobierno en la comidilla de la diplomacia peninsular, en cambio otros tienen espaldas más anchas.

Los mismos que se ríen por la imagen de Velasco evitan opinar del escandalete que España protagonizó durante las honras fúnebres de Isabel II.

La delegación oficial encabezada por Felipe VI y su esposa Letizia e integrada por Sofía, la madre del soberano, se vio repentinamente alterada por la teatral irrupción de Juan Carlos I, el rey emérito que abandonó precipitadamente España hace dos años cuando la revelación sobre sus amoríos y negociados tornó imposible su presencia en palacio.

Además de amargarle la vida a toda la familia, motivó que un par de periodistas se comunicaran con cancillería para chequear si formaba o no parte de la comitiva oficial. Y no, claro, se había colado.

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