Mundo
06/03/2013 | 11:56
Dispuesto a demostrar que se puede volver de todas partes, aún de la vergüenza de ser escarnecido por televisión en vivo y directo, el ex gobernador de Carolina del Sur, Mark Sanford pelea por una banca en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos y lo excepcional del caso es que los encuestadores creen que tiene firmes posibilidades de ganar.
Para quienes le perdieron el rastro, Sanford es el republicano que cuatro años atrás les dio franco a sus custodios y le dijo a su esposa que se marchaba a Los Apalaches para unos días de relax pero, en realidad, rumbeó para el sur del continente y sólo se detuvo al llegar a Buenos Aires donde lo esperaba María Belén Chapur, la mujer con la que mantenía hasta entonces una cálida relación epistolar.
Alguien lo supo y filtró la información a los periodistas. Seguramente las escenas posteriores forman parte de las pesadillas recurrentes del ex mandatario del llamado estado de la palmera. Apenas puso un pie en el Aeropuerto Internacional Hartsfield-Jackson de Atlanta se le aparecieron de la nada una docena de cronistas con los micrófonos ansiosos por registrar para la posteridad, la confesión de un hombre pescado en falta.
Y tuvieron más de lo que habían ido a buscar porque el gobernador hasta se permitió algún rapto de originalidad y en lugar del tradicional pedido de disculpas a la familia y los contribuyentes –no necesariamente en ese orden– dio excusas pero reveló ante las impiadosas luces de la tele que María Belén era su “alma gemela”.
Faltaba un montón para completar su mandato pero en el acto todos los analistas dieron por concluída su carrera política y lo declararon fuera de la competencia por la candidatura presidencial. La gestión que hasta ese momento desempeñaba con cierta facilidad se le hizo cuesta arriba.
La oposición y los grandes medios pusieron bajo la lupa todos y cada uno de los viajes dentro y fuera del estado, los viáticos se convirtieron en tema de discusión cotidiana. Jennifer Sullivan Sanford, la primera dama, mentora política de Mark y madre de sus cuatro hijos, se amotinó en la residencia oficial y comenzó a exhibir un perpetuo gesto de dignidad ofendida mientras evaluaba si valía o no la pena brindarle al infiel una nueva oportunidad.
No hubo forma de unir los fragmentos de la relación y los periodistas que montaban guardia cerca de la puerta de acceso a la residencia oficial, vieron un día cómo Jenny arrastraba, personalmente, los canastos de la mudanza y abandonaba a Sanford de la mano de Marshall, Landon, Bolton y Blake. Al gobernador le quedó apenas la foto de la familia que lo miraba, sonriente, desde el portal institucional de Carolina del Sur.
En medio de críticas feroces, el hombre del fallido viaje a Los Apalaches resistió hasta el fin de su mandato y logró, al menos, conservar su estado para el partido Republicano. Por acá fue recordado esporádicamente cuando se lo vio caminando junto a su alma gemela por un balneario uruguayo y después, por supuesto, cuando formalizó su relación con ella en agosto del año pasado. Para esa ocasión sacó a relucir sus modales de caballero sureño, se complotó con un mozo de un restó de Palermo y, junto con el aperitivo, pudo entregarle a María Belén, el anillo de compromiso.
Con el corazón en orden y desoyendo las voces de los expertos que sostienen que 7 de cada 10 votantes femeninas no votarían jamás por alguien que haya abandonado a la madre de sus hijos por otra mujer, el ex gobernador se metió de lleno en la campaña por un escaño en la Cámara de Representantes.
Mal no le va. Los medios no se quieren perder el retorno del político al que dieron por muerto ni privarse de recordar el dichoso tema de Los Apalaches. Como buen republicano, el candidato ha intentado llevar la discusión para el lado del presupuesto, la carga impositiva y los recortes pero nadie se prende con ese temario. En todos los foros y como si el tiempo no hubiera transcurrido, hombres y mujeres, demócratas y republicanos se sacan chispas debatiendo si vale la pena votar por alguien como Mark Sanford.