Maravillas de este siglo.

Maravillas de este siglo

La fórmula de la felicidad

25/04/2023 | 13:21

 

Redacción Cadena 3

María Rosa Beltramo

De todas las investigaciones que emprende la Universidad de Harvard, la que más expectativa ha despertado es una que ya cumplió 85 años, ha demandado una inversión millonaria y aún no arroja resultados definitivos. No obstante, su continuidad está asegurada porque los científicos no se resignan a la falta de respuestas y la sociedad sigue interesada en las conclusiones.

El tema que desvela a una de las universidades más prestigiosas del mundo es la felicidad y una docena de preguntas relacionadas. ¿Cómo se obtiene?, ¿de qué depende?, ¿cómo se reconoce?, ¿es efímera o duradera?, ¿está o no relacionada con el bienestar que da el dinero?, ¿tiene que ver con la edad, con el género, con el país?

El desafío que los investigadores se impusieron cuando ni siquiera había comenzado la segunda guerra involucró inicialmente a 268 estudiantes y a 456 adolescentes de barrios marginales de Boston. La muestra es típica de la época; son todos hombres y de raza blanca.

Por el tiempo transcurrido, muchos han muerto, aunque el estudio se ha ramificado para abarcar a las parejas y la descendencia. De vez en cuando también se hace necesario reemplazar a los directores. El actual, es el psiquiatra Robert Waldinger, de 72 años, que ni siquiera había nacido cuando a sus antecesores se les ocurrió indagar sobre la felicidad.

Es maestro zen, budista y de joven soñaba con ser actor, pero aprendió dolorosamente que era incapaz de soportar una crítica adversa. Como estudioso que se pasa horas analizando variables y buscando factores comunes, tiene, naturalmente, su propia definición de felicidad. Pero no es todo lo significativa que podría esperarse de una investigación tan añeja.

“Es participar en actividades llenas de significado y estar conectado con personas que me importan y que se preocupan por mí”. Pero aunque Harvard no encontró una respuesta unívoca y aplicable a un universo estadísticamente significativo, todos los años se extraen conclusiones parciales que, en ocasiones, hasta son contradictorias.

Hay coincidencia, en cambio, en que la clave de la felicidad parece estar en las relaciones que el ser humano logra construir. Ni siquiera se trata de la a veces compleja vinculación entre los miembros de una pareja, ni tan siquiera los obvios y férreos lazos genéticos.

Waldinger aclara que parecen ser más felices las personas capaces de empatizar con los compañeros de trabajo, los vendedores y hasta con el colectivero o el taxista, aunque se produzca un cruce circunstancial.

Lo cierto es que en la era de la inteligencia artificial, la vinculación interpersonal sigue siendo tan importante que en Estados Unidos, empresas líderes han desactivado a sus robots y dejado la atención al cliente en manos de seres de carne y hueso porque el contacto humano es fuente de felicidad.

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