Sociedad
02/06/2015 | 12:09 | Por María Rosa Beltramo
Jorge Lanata tiene producción, recursos y espaldas para armar su programa de televisión como le venga en gana y desde cero, pero vaya a saber por qué experimenta una oscura satisfacción en montarlo con rezagos de sus archienemigos. Hubo un momento en que consiguió inclusive que el país lo percibiera no tanto como a un periodista crítico, sino como al líder de la oposición. Hijo de la gráfica pero con una cintura envidiable para moverse en el mundillo televisivo, el conductor de Periodismo Para Todos (PPT) se ha caracterizado tradicionalmente por mostrar investigaciones sobre temas duros con elementos propios del teatro o el cine, defendiendo a capa y espada la bandera del entretenimiento.
Histriónico y provocador, nada le gusta tanto como tratar de mojarle la oreja al Gobierno nacional. No parece que sea otro el motivo por el cual ha logrado el pase a sus filas de "Tino y Gargamuza", la dupla animada que durante una década apuntaló con su humor a veces absurdo y otras irónico, el derrotero de TVR, la nave insignia de los programas filo kirchneristas.
Creación de Gabriel Marchesini -dibujante, guionista y responsable de las voces del grandote y el petiso- después de una breve aparición en Cha Cha Cha, "Tino y Gargamuza" tuvieron su propio show en la fría pantalla de América en enero y febrero de 2005.
Su misión, por entonces, era presentar bloopers y esos videos de gatos peleando frente al espejo que poco después Internet convertiría en contenidos virales. La dupla anduvo lo bastante bien como para que de marzo a junio del año de su debut, se repitieran los programas.
El dúo dio el gran salto al autodenominado “único noticiero sobre la televisión argentina” lo que le permitió mostrarse en Canal 13 y pasar luego al Nueve tras un breve interregno en Much Music, como cualquier celebridad que se precie y que se sabe capaz de aspirar a las alturas de los rock star.
El pasado domingo "Tino y Gargamuza" regresaron a la pantalla de El Trece, esta vez sin la guía de Diego Gvirtz, sino como estelar incorporación del equipo de Lanata. Con la apariencia y la voz de siempre, su nuevo jefe no les permitió ni siquiera un mínimo porcentaje de la sutileza que alguna vez exhibieron y optó por los contrastes fuertes.
Los ex TVR hicieron antikirchnerismo a la bruta. Para que se entendiera, el ex director de Pagina 12 les dio la bienvenida y los saludó asegurando que habían “saltado la grieta y se pasaron del otro lado”. Con trazo grueso, caminaron por distintos lugares que lo único que tenían en común era su nombre: Néstor Kirchner y criticaron las cadenas nacionales, mostrando a un Aníbal Fernández que era el encargado de ordenar los aplausos.
Vomitaron (literalmente) los temas que tenían atragantados entre los que enumeraron el Indec, Aerolíneas Argentinas, los dólares, la inseguridad, Fútbol para Todos y los motochorros; salvaron con dificultad una grieta enorme y asistieron a un prueba nuclear china que, previsiblemente, dejó un desierto llamado….Néstor Kirchner.
El acto de transfuguismo de "Tino y Gargamuza" fue casi tan desolador como el que 10 años atrás protagonizó Eduardo Lorenzo Borocotó, el médico pediatra y periodista que se fue a dormir como diputado de una vertiente del PRO y se despertó como integrante de un grupo asociado al kirchnerismo. El pobre fue testigo de la transformación de su apellido en sinónimo de una variante parlamentaria de la traición. Antes y después del ex comentarista deportivo, hubo muchos que saltaron la cerca pero la política argentina del siglo XXI solo registra la borocotización.
Eternos y, suponíamos inalterables, en su destino de criaturas de tinta, nadie sospechó nunca que también "Tino y Gargamuza" podrían cambiar de ideología del sábado para el domingo.