Javier Milei durante el discurso por Malvinas.

Opinión

Milei, Malvinas y el desafío de convertir un discurso en política de Estado

07/09/2026 | 09:24

     

Redacción Cadena 3 Rosario

Alberto Lotuf

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Milei, Malvinas y el desafío de convertir un discurso en política de Estado

Durante buena parte de su gobierno, el presidente Javier Milei había elogiado a Margaret Thatcher, relativizado la tradición diplomática argentina y evitado la retórica soberanista. Ahora, sin embargo, afirmó que las Malvinas son argentinas por historia y por derecho. Anunció sanciones contra las empresas que exploten recursos sin autorización nacional, ratificó la construcción de una base naval integrada en Tierra del Fuego y convocó a aliados y opositores a respaldar una política común. En una Argentina donde casi todo termina sometido a la lógica de la grieta, Malvinas conserva una legitimidad que atraviesa partidos, generaciones y gobiernos. El presidente lo comprendió y, por unos minutos, moderó el lenguaje de combate, evitó los insultos habituales y reemplazó el “Viva la libertad, carajo” por un clásico “Viva la patria”.

Yo creo que el presidente encontró en la causa nacional un territorio desde el cual recuperar iniciativa política, pero también ingresó en un terreno que impone obligaciones diferentes. Malvinas no puede administrarse como una batalla cultural ni reducirse a una consigna de campaña. Una política de Estado se mide por su continuidad, por sus recursos y por su capacidad para sobrevivir al gobierno que la impulsa. Tiene que ser de este gobierno y de los que vengan, y debe dejar las bases para que eso sea posible.

El canciller Pablo Quirno calificó el discurso presidencial como histórico y tiene razones para destacar su relevancia. Por primera vez, el Gobierno articuló la cuestión Malvinas alrededor de tres dimensiones concretas: la explotación de los recursos, la presencia argentina en el Atlántico Sur y la búsqueda de respaldo internacional. Sin embargo, la historia no la va a escribir una cadena nacional, sino aquello que efectivamente ocurra después. Julio Martínez, exministro de Defensa durante el gobierno de Mauricio Macri, nos dijo que el anuncio representa un paso positivo. Su posición muestra que la convocatoria presidencial puede encontrar acompañamiento fuera del oficialismo, pero también recuerda que buena parte de las herramientas anunciadas no comenzaron ahora.

Otro elemento de este giro presidencial es Donald Trump. El Gobierno presentó las declaraciones del mandatario norteamericano como una señal de que soplan vientos de cambio. Pero una diferencia coyuntural entre Washington y Londres no equivale a un respaldo estadounidense a la posición argentina. El Reino Unido mantiene vínculos militares, políticos y de inteligencia históricos con Estados Unidos, y la famosa neutralidad estadounidense, en el fondo, nunca fue tal. La afinidad personal del presidente con Trump puede abrir puertas, pero no reemplaza una estrategia diplomática. Las relaciones internacionales no se construyen sobre amistades presidenciales, sino alrededor de intereses permanentes de los países.

Por eso, la Argentina deberá sumar respaldos regionales, sostener su reclamo en los organismos multilaterales y evitar que una oportunidad sea confundida con una victoria anticipada. ¿Estamos en condiciones de pedirle a Brasil, por ejemplo, después de que el propio presidente argentino ofendiera al mandatario electo democráticamente, Luiz Inácio Lula da Silva? ¿Y a España, que históricamente ha señalado su respaldo a la posición argentina en torno al conflicto de Malvinas, después de los cuestionamientos que recibió su presidente durante su visita? La diplomacia exige construir puentes incluso con aquellos países con los que existen diferencias.

La convocatoria final del presidente a la oposición fue, por eso, uno de los pasajes más relevantes de su mensaje. Un mandatario acostumbrado a dividir a la dirigencia entre aliados y enemigos pidió esta vez conformar un frente común. La reacción inicial demostró que Malvinas todavía puede ordenar aquello que la política cotidiana fragmenta. Incluso sectores críticos reconocieron la importancia del cambio de posición. El presidente comprendió la gravedad de la explotación unilateral de los recursos y abandonó una ambigüedad que debilitaba la posición argentina. También hubo voces que advirtieron sobre la inconsistencia entre este discurso y algunas posiciones anteriores, mientras que otros valoraron el paso sin renunciar a las preguntas.

Malvinas ofrece al Gobierno una oportunidad, pero también una prueba. Si los anuncios quedan reducidos a la necesidad de recuperar la iniciativa y ordenar la agenda antes de 2027, la épica va a durar lo mismo que una cadena nacional: un instante. Si las sanciones, la base naval y la acción diplomática se convierten en partes de una estrategia estable, como política de Estado, este giro podrá transformarse en algo más relevante que una maniobra coyuntural. Y quizás, en una Argentina demasiado acostumbrada a empezar siempre de nuevo, sea también una oportunidad para volver a construir una política exterior que pueda sostenerse a través del tiempo.

Lectura rápida

¿Qué afirmó el presidente sobre las Malvinas? El presidente afirmó que las Malvinas son argentinas por historia y por derecho, anunciando sanciones contra empresas que exploten recursos sin autorización nacional.

¿Quién calificó el discurso presidencial como histórico? El canciller Pablo Quirno calificó el discurso presidencial como histórico, destacando su relevancia en la articulación de la cuestión Malvinas.

¿Qué relación se menciona entre Donald Trump y la situación de las Malvinas? Se menciona que las declaraciones de Donald Trump se presentan como una señal de cambio, aunque no equivalen a un respaldo estadounidense a la posición argentina.

¿Qué debe hacer Argentina según el artículo? La Argentina debe sumar respaldos regionales, sostener su reclamo en organismos multilaterales y evitar confundir oportunidades con victorias anticipadas.

¿Qué representa Malvinas para el gobierno? Malvinas ofrece al Gobierno una oportunidad y una prueba, donde su tratamiento puede convertirse en una política de Estado sostenible a largo plazo.

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