El presidente Javier Milei.

Opinión

La política ya piensa en 2027, pero la sociedad necesita respuestas hoy

19/10/2026 | 09:52

 

Redacción Cadena 3 Rosario

Alberto Lotuf

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La política ya piensa en 2027, pero la sociedad necesita respuestas hoy

La política argentina empezó a discutir 2027 antes de resolver las urgencias de 2026. Esto es así. Javier Milei proyecta su continuidad desde los escenarios internacionales, Axel Kicillof busca encabezar una alternativa y, entre ambas ambiciones, transcurre una disputa mucho más inmediata: quién consigue interpretar a una sociedad que necesita estabilidad, pero también ingresos, empleo y expectativas de progreso. Yo creo que ahí está la verdadera discusión política. Porque una cosa es construir una candidatura y otra, bastante más compleja, es demostrar que se tienen respuestas para los problemas cotidianos de los argentinos.

La semana dejó una señal elocuente en el Congreso. El oficialismo logró impedir el tratamiento del rechazo al DNU 70/2023 por falta de quórum. Conserva capacidad para evitar derrotas, pero ese resultado no demuestra que disponga de una mayoría suficiente para aprobar las reformas pendientes. Y esta diferencia será decisiva cuando avance la negociación presupuestaria. Conseguir que falten diputados para bloquear una iniciativa exige menos acuerdos que reunir los votos necesarios para aprobar un proyecto, distribuir recursos y comprometer a distintos sectores políticos. Milei puede celebrar que evitó un revés, pero todavía tiene que demostrar que puede construir mayorías estables.

La movilización universitaria expuso otra dimensión del conflicto. El reclamo por el financiamiento mantiene capacidad de convocatoria y obliga al Ejecutivo a discutir prioridades concretas. El equilibrio fiscal constituye un activo que conviene preservar, pero su sostenibilidad política también depende de cómo se distribuyen los esfuerzos y de qué servicios públicos puede garantizar el Estado. La educación ocupa un lugar especialmente sensible porque representa una posibilidad de progreso para miles de familias. El Gobierno tiene derecho a exigir eficiencia y transparencia, pero también debe explicar cómo pretende sostener la formación profesional y la investigación que necesita el desarrollo argentino.

La revisión del Fondo Monetario Internacional, que redujo su previsión de crecimiento para la Argentina en 2026 al 2,1%, agrega una advertencia que no deberíamos ignorar. La recuperación necesita suficiente amplitud para sostener el empleo, el consumo y la inversión. Y ahí aparece una pregunta fundamental: ¿cuánto tiempo puede mantenerse la expectativa de una mejora cuando sus efectos tardan en llegar y, además, lo hacen de manera desigual? La estabilización puede ser una condición necesaria para crecer, pero no garantiza automáticamente que todos los sectores recuperen su actividad ni que los ingresos de los hogares mejoren al mismo ritmo.

Para el peronismo, mientras tanto, el descontento representa una oportunidad cuya traducción electoral está lejos de ser automática. Axel Kicillof aprovechó el Día de la Lealtad para expresar su disposición a asumir responsabilidades y promover una alternativa. Sin embargo, tiene por delante una tarea mucho más exigente que cuestionar el rumbo de Milei o reunir a los sectores perjudicados por el ajuste. Necesita construir una propuesta nacional que explique cómo gobernaría, con qué acuerdos, con qué equipo y con qué programa económico. Porque, como sabemos, en la política argentina somos pocos y nos conocemos mucho. Los antecedentes, las contradicciones y las responsabilidades anteriores también forman parte de cualquier evaluación.

Milei, por su parte, profundizó en Washington su identificación con Donald Trump y expresó su respaldo a Flavio Bolsonaro ante la definición electoral brasileña. Esa apuesta busca ubicar a la Argentina dentro de una alianza ideológica que el Presidente considera estratégica. Pero yo creo que tenemos que distinguir entre la afinidad personal de los mandatarios y los intereses concretos del país. Una relación política puede abrir puertas y generar oportunidades, pero no reemplaza una estrategia comercial y diplomática consistente. La pregunta no es solamente con quién se lleva bien nuestro Presidente, sino qué obtiene la Argentina de esa relación y cómo se traduce en inversiones, exportaciones y empleo.

El escenario brasileño merece especial atención porque Brasil es uno de nuestros principales socios comerciales y sus decisiones políticas y económicas tienen consecuencias directas sobre la actividad argentina. Las afinidades ideológicas no garantizan coincidencias de intereses ni aseguran que un eventual aliado respalde las necesidades argentinas cuando entren en tensión con las prioridades de su propio país. Por eso considero fundamental que la política exterior preserve una perspectiva de largo plazo. Los gobiernos pasan, las relaciones comerciales permanecen y las decisiones estratégicas pueden condicionar durante años las posibilidades de crecimiento.

El contexto internacional exige, además, prudencia. Las perspectivas de inflación en Estados Unidos, las fluctuaciones del petróleo y los conflictos en Medio Oriente pueden afectar el costo del financiamiento y la disponibilidad de capitales. Para la Argentina, que necesita inversiones y acceso sostenible a los mercados, estas variables son decisivas y ninguna cercanía política permite controlarlas. Podemos ser más o menos amigos de determinados dirigentes, pero en el mundo están pasando muchas cosas. Lo importante es comprenderlas. Las tensiones políticas y económicas que atraviesan países europeos como Francia, Bélgica e Italia también muestran que la incertidumbre y el malestar social no son fenómenos exclusivamente argentinos.

En este escenario, tanto el Gobierno como la oposición ensayan sus argumentos para la próxima elección. Milei necesita demostrar que la estabilización puede convertirse en crecimiento sostenido y que su programa es capaz de mejorar las condiciones de vida. Kicillof debe acreditar que existe una alternativa viable, con respuestas para los desequilibrios económicos y una propuesta que no dependa exclusivamente del rechazo al oficialismo. Los dos tienen desafíos diferentes, pero comparten una exigencia: convencer a una sociedad que no vive pendiente del calendario electoral, sino de sus propios problemas. Las candidaturas pueden construirse con discursos, alianzas y fotografías; la credibilidad, en cambio, requiere resultados.

Por eso, mi conclusión es que la disputa de 2027 ya comenzó, pero su desenlace dependerá de lo que ocurra durante los próximos meses. El Gobierno deberá transformar su capacidad para evitar derrotas parlamentarias en una verdadera capacidad para negociar, aprobar reformas y sostener servicios esenciales. La oposición tendrá que pasar del diagnóstico a las propuestas, de las diferencias internas a los acuerdos y de la crítica a una alternativa concreta. Ambos deben entender que la confianza no se consigue solamente con una narrativa convincente ni con alianzas internacionales: se construye en el día a día, con resultados verificables y acuerdos capaces de sostenerlos. Porque la política ya está pensando en quién gobernará la Argentina en 2027, pero los argentinos necesitan saber, hoy, cómo van a vivir mejor.

Lectura rápida

¿Qué se discute en la política argentina actualmente? Se discute la planificación para 2027 sin haber resuelto las urgencias de 2026.

¿Quiénes son los principales actores mencionados? Javier Milei y Axel Kicillof son los principales actores en la disputa política.

¿Qué evento reciente ocurrió en el Congreso? El oficialismo impidió el tratamiento del rechazo al DNU 70/2023 por falta de quórum.

¿Qué advertencia hizo el Fondo Monetario Internacional? Redujo su previsión de crecimiento para la Argentina en 2026 al 2,1%.

¿Cuál es la conclusión sobre la disputa política? La disputa por 2027 ya comenzó, pero su desenlace dependerá de los próximos meses y de la capacidad de negociación del Gobierno y la oposición.

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