Para este 2026
04/02/2026 | 07:20
Redacción Cadena 3
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Gustavo Torre
Con lluvias escasas y desparejas desde diciembre, el escenario productivo para 2026 aparece cargado de incertidumbre.
Así lo advierte Gustavo Torre, presidente de la Cámara de Empresarios Lecheros de Córdoba, en declaraciones a El Campo Hoy, donde pone el foco en un combo peligroso: menores reservas forrajeras, mayores costos de alimentación y una participación del productor en el precio final que cayó al nivel más bajo desde 2018.
Un inicio de año marcado por la sequía
“El año arrancó muy distinto incluso en distancias cortas dentro de la provincia”, explica Torre. Mientras algunas zonas recibieron hasta 70 milímetros en Navidad, otras no registraron lluvias. Y desde entonces, las precipitaciones fueron escasas en casi todo Córdoba.
El impacto fue directo sobre los cultivos. En gran parte del territorio, el maíz quedó por debajo de los costos de producción y muchos lotes directamente no los cubrirán. “Hay productores que van a tener que picar dos o hasta tres veces las hectáreas que tenían planificadas, con rindes históricos que no se van a alcanzar”, detalla.
Solo un corredor limitado —que incluye zonas como Las Perdices, General Deheza y alrededores— logró una situación algo más equilibrada, aunque igualmente estresada y totalmente dependiente de que las lluvias se normalicen.
Forraje escaso hoy, costos altos mañana
El problema no termina en la cosecha. Para la lechería, la consecuencia más grave es la fuerte caída en la producción de forraje. Menos silaje, menos heno y menor disponibilidad de maíz propio implican una ecuación conocida: los costos suben.
“Con bajos rindes, los costos de confección de reservas se disparan porque hay una parte fija que no se puede evitar”, señala Torre. Por eso, contra todo pronóstico, el dirigente anticipa que los costos de alimentación de los rodeos serán elevados en 2026, aun cuando la producción ya viene ajustada.
Producción récord, rentabilidad en caída
La paradoja del sector es clara. En 2025, la producción lechera creció un 10% respecto de 2024. También aumentaron las exportaciones. Sin embargo, el productor no vio reflejado ese esfuerzo en su ingreso.
“El precio en tranquera de tambo quedó prácticamente congelado desde mayo”, remarca Torre, mientras que los costos de servicios, insumos, maquinaria y bienes siguieron la inflación, la depreciación cambiaria o incluso las superaron.
El resultado: la participación del productor en la llamada “integración láctea” cayó al 24,3% en diciembre de 2025, cuando históricamente ronda el 30%. Es el peor registro desde 2018.
¿Quién se come el queso?
Para Torre, la cadena láctea se sostiene sobre cuatro patas: el productor primario, la industria, el comercio y el Estado. “El productor es el que invierte en tierra, alimentos y personal, y da origen a toda la cadena”, subraya.
Sin embargo, con precios congelados y costos en alza, queda claro quién no se está beneficiando. “Los otros tres sectores son los que absorbieron la porción que le falta al productor para volver al 30%”, dispara.
Diálogo, sólidos y proyectos en común
Frente a este escenario, desde la Cámara de Empresarios Lecheros de Córdoba apuestan a una estrategia clara: más diálogo y menos individualismo. “Es uno de los grandes males del agro argentino”, afirma Torre.
Uno de los ejes centrales es avanzar en la comercialización de la leche por sólidos, reconociendo la calidad y el verdadero valor del producto. “No entregamos un líquido blanco, entregamos un insumo de alto rendimiento para la industria”, sostiene. En 2025 ya se dieron los primeros pasos con asociados que negocian bajo este esquema.
Otro punto clave es trabajar junto a la industria para retirar excedentes del mercado spot y transformarlos en productos de mayor vida útil destinados a la exportación, aprovechando la capacidad instalada ociosa y evitando que la sobreoferta presione los precios internos.
2026, el año decisivo
Sobre el acuerdo Mercosur–Unión Europea, Torre es cauto. Considera que hoy está estancado y que, aun si avanza, sus efectos no serán inmediatos. “Tenemos problemas más urgentes”, afirma, recordando que Argentina tiene mercados naturales en Latinoamérica, África del Norte, China y Medio Oriente.
La advertencia final es contundente: “El sector está en la línea de flotación. La lechería genera arraigo, empleo y reinversión local. Pero si no resolvemos estos desequilibrios, la fuga de empresas va a continuar, y los tambos que se desarman no vuelven más”.
Con 2026 ya iniciado, el mensaje del productor es claro: sin diálogo real y una distribución más equitativa dentro de la cadena, la pregunta seguirá vigente en cada tambo cordobés: ¿quién se come el queso?
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