La quinta pata del gato
29/06/2026 | 11:40
Redacción Cadena 3
Adrián Simioni
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Se fue Adorni: ¿Puede impactar en la economía? | Por Adrián Simioni
La salida de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete puede ser leída como un alivio para el Gobierno, pero también como la confirmación de un error político que Javier Milei dejó crecer durante demasiado tiempo.
Fueron casi cuatro meses con Adorni colgado del techo de la Casa Rosada, dando vueltas sobre la cabeza del Presidente, de los ministros, de los aliados y de los mercados. Y, justo en ese período, el Gobierno tuvo algunas buenas noticias para mostrar.
Leves, parciales, insuficientes para cambiar de un día para el otro la vida cotidiana de los argentinos, pero noticias al fin: mejoró la calificación de la deuda, bajó el riesgo país, hubo crecimiento del PBI, el desempleo mostró una baja moderada, empezaron a aflojar algunas tasas para créditos hipotecarios, la inflación volvió a desacelerarse, el Banco Central compró más dólares de los previstos y el superávit comercial alcanzó niveles muy importantes.
También hubo señales políticas que el oficialismo podría haber usado a su favor: un acuerdo con las universidades que permitió levantar el paro, la aprobación del llamado Súper RIGI, un kirchnerismo empantanado en una interna de difícil retorno, una leve recuperación del salario frente a la inflación, una mejora en algunas encuestas de imagen presidencial y un pequeño repunte en la confianza del consumidor.
Pero todo eso pasó por debajo de la trituradora Adorni.
El Gobierno no pudo capitalizar casi nada porque eligió sostener un problema que se volvió más grande que cualquier dato económico. Mientras Milei pretendía hablar de estabilidad, de reformas y de recuperación, tenía a su jefe de Gabinete dando explicaciones imposibles, contradiciéndose y, sobre todo, perdiendo credibilidad.
El Presidente culpó a los periodistas por no ocuparse de las buenas noticias. Pero la realidad es más simple: los periodistas sí se ocuparon. Lo que ocurrió es que el caso Adorni era demasiado grande para ignorarlo. Cuando un funcionario dice ante el Congreso que tiene todos los papeles en orden y después no puede explicar con claridad su situación ni siquiera puertas adentro del propio Gabinete, el problema ya no es mediático. Es político.
/Inicio Código Embebido/
/Fin Código Embebido/Adorni terminó escupiéndole todos los asados al Gobierno.
Cada dato favorable quedó opacado por la misma pregunta: ¿por qué Milei lo sostenía? Esa decisión hizo más daño que muchas críticas opositoras. Le dio argumentos a quienes rechazan el rumbo económico, inquietó a aliados, abrió ruidos internos y generó dudas en un momento en el que la gobernabilidad es parte central de la estabilidad.
Porque la economía también mira la política. Mira si el Presidente conserva autoridad. Mira si los aliados siguen alineados. Mira si el Congreso puede avanzar con las reformas prometidas. Mira si los gobernadores acompañan o se despegan. Mira si la oposición encuentra una bandera capaz de ordenar su dispersión.
Y el caso Adorni le ofrecía a toda la oposición una herramienta formidable.
La salida, entonces, no resuelve todo, pero despeja una nube. El Gobierno necesita que el dólar siga subiendo de manera ordenada, sin tocar el nervio inflacionario; necesita que el agro liquide lo que todavía queda por liquidar; necesita atravesar el invierno, con mayores importaciones energéticas; necesita que el gasto de los argentinos en el Mundial no sume presión adicional sobre las divisas; y necesita que la baja de la inflación empiece a trasladarse, lentamente, al bolsillo.
No habrá plan platita. Ni por convicción ideológica ni por diseño del programa económico. La recuperación del consumo, si llega, tendrá que venir por el crecimiento de la actividad, la mejora real del salario y una recomposición gradual de la confianza.
Por eso la gobernabilidad importa tanto. Si la imagen presidencial se deteriora, si los aliados se ponen nerviosos, si Patricia Bullrich toma distancia, si los gobernadores calculan que conviene despegarse y si el Congreso se convierte otra vez en un pantano, la economía lo va a sentir.
La pregunta es si la salida de Adorni funcionará como un bálsamo para que el Gobierno pueda volver a hablar de sus leves mejoras económicas, o si el daño político ya consumió una parte demasiado importante del capital que necesitaba para encarar la próxima etapa.
Porque el problema no fue sólo Adorni. El problema fue haberlo sostenido cuando ya se había vuelto insostenible.
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