La quinta pata del gato
12/02/2026 | 11:47
Redacción Cadena 3
Adrián Simioni
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Reforma laboral, una buena y una mala
La media sanción del Senado a la reforma laboral vuelve a poner sobre la mesa una discusión que Argentina viene postergando hace décadas: cómo aggiornar un sistema normativo rígido, pensado para otra economía, otro mercado y otra cultura del trabajo. En una ley extensa y todavía abierta al debate en Diputados, conviven avances necesarios con concesiones difíciles de explicar.
Si hay que elegir una buena noticia, es la incorporación de mayor flexibilidad en el régimen de vacaciones. No se trata de una revolución, ni mucho menos de una pérdida de derechos, como algunos intentan instalar. El período legal para otorgarlas —entre el 1° de octubre y el 30 de abril— ya existe. Lo novedoso es que ahora se habilita, por acuerdo entre empleador y trabajador, la posibilidad de pactar fechas fuera de ese rango y fraccionarlas en tramos no menores a siete días corridos.
¿Es esto una precarización? No. Es reconocer una realidad que ya ocurre en la práctica, pero que hasta ahora se movía en una zona gris, con el riesgo permanente de litigios. La economía actual no es la de hace medio siglo. Hay sectores con fuerte estacionalidad, como el turismo o la gastronomía, donde concentrar todas las vacaciones en verano puede resultar inviable. También hay trabajadores que prefieren descansar en otros momentos del año.
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Abrir la puerta al acuerdo no elimina derechos; introduce previsibilidad. Y, sobre todo, reduce la distancia entre la ley y la realidad. En un país donde la legislación laboral muchas veces funciona como un museo normativo, cualquier actualización que otorgue certeza jurídica sin recortar derechos básicos merece ser valorada.
Ahora bien, no todo es modernización. La otra cara de esta reforma es la decisión de mantener la llamada "cuota solidaria" sindical. El proyecto original contemplaba eliminar el carácter compulsivo de ese aporte que pagan incluso trabajadores no afiliados al gremio. La idea era simple: quien quiera sostener al sindicato, que lo haga voluntariamente. Como cualquier otra organización.
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/Fin Código Embebido/Sin embargo, en la negociación final quedó apenas un tope del 2% del salario —cuando en algunos casos llega al 4%—, pero se mantuvo su carácter obligatorio y sin límite temporal. Es decir, se moderó el porcentaje, pero no se tocó el corazón del sistema.
La dimensión del asunto no es menor. El 2% de la masa salarial es una cifra significativa. Para ponerlo en perspectiva: el aporte personal a la obra social es del 3%. Es decir, casi lo mismo que se destina al sostenimiento del sistema de salud de un grupo familiar se dirige al financiamiento sindical.
Este esquema es una de las bases del poder corporativo de los gremios en Argentina, un fenómeno singular en comparación internacional. La estabilidad de conducciones sindicales que permanecen décadas en el poder no puede entenderse sin esa estructura de financiamiento asegurada por ley y administrada a través de la retención obligatoria.
La reforma, entonces, deja una señal ambigua. Por un lado, intenta modernizar aspectos concretos de la organización del trabajo. Por el otro, preserva intacto uno de los pilares del sistema sindical tradicional.
Hay mucho más por analizar en el texto aprobado por el Senado y que ahora deberá debatir Diputados. Pero este contraste inicial —flexibilidad en vacaciones y continuidad de la cuota sindical compulsiva— sintetiza bien la tensión de fondo: entre actualizar reglas para una economía que cambió y sostener estructuras de poder que resisten cualquier transformación profunda.
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