Volvió el planteo de que Argentina no tiene jugadores negros porque es racista.

La quinta pata del gato

Perdón: es que se nos mezclaron los jugadores negros, originarios y europeos

22/07/2026 | 11:12

Para algunos, ser multicultural significa exhibir todos los colores de Benetton. En la Argentina no podemos ofrecerles esa fotografía. Por eso les pido perdón | Por Adrián Simioni.

Redacción Cadena 3

Adrián Simioni

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Perdón: es que se nos mezclaron los jugadores negros, originarios y europeos | Por Adrián Simioni

Perdón: se nos mezclaron los jugadores negros, originarios y europeos. Sí, quiero pedir disculpas en nombre de la Argentina y de todos los argentinos. Quiero pedirles perdón a todas las patrullas perdidas del progresismo mundial que se sumaron a esta campaña antiargentina, por la cual el país terminó insólitamente acusado de racista.

¿Qué ocurrió? En los últimos años, cada tanto reaparece la afirmación de que la Argentina es racista porque su selección no tiene jugadores negros. El planteo genera muchos clics: algunos se indignan y acusan al país, mientras que los argentinos responden que se trata de una locura. Eso produce tráfico y, por supuesto, dinero.

Detrás de esa maquinaria se suma un montón de nabos —permítanme la palabra—, como el actor estadounidense Samuel L. Jackson o el economista ultraprogre Yanis Varoufakis, aquel exministro griego que estuvo a punto de llevar a su país fuera del euro. Ambos nos acusan de racistas sin tener la menor idea de lo que sucede en la Argentina.

¿Por qué lo hacen? Porque observan el mundo desde la experiencia de sociedades históricamente segregadas, como la estadounidense. En Alabama, por ejemplo, los matrimonios interraciales estuvieron prohibidos hasta que la Corte Suprema declaró inconstitucionales esas restricciones en 1967. La cláusula que todavía figuraba en la Constitución de ese estado recién fue eliminada en 2000.

Se trata de una sociedad que vivió durante mucho tiempo con una fuerte separación racial y que conserva una verdadera obsesión con el tema. Cuando uno completa un formulario en Estados Unidos, debe indicar si es hispano, blanco, negro o asiático. Siempre me pregunto qué debería responder yo: ¿hispano o medio blanco? Además, son categorías mezcladas, porque "hispano" no es una raza, sino una condición cultural.

Para ellos, ser multicultural significa exhibir todos los colores de Benetton: tener una persona negra, otra escandinava y otra asiática. Entonces pueden mostrarse como abiertos, modernos y buenos. En la Argentina no podemos ofrecerles esa fotografía. Por eso les pido perdón.

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Aquí, la diversidad se manifiesta de otra manera: cada argentino puede ser multicultural porque todas esas raíces se mezclaron en una misma persona. La organización social fue diferente desde la llegada de los españoles. No voy a negar que los pueblos originarios fueron diezmados ni que muchos negros murieron durante las guerras de la Independencia. Tampoco voy a negar las injusticias que hubo y que todavía existen.

Sin embargo, la sociedad no se organizó mediante una segregación racial como la estadounidense. En términos jurídicos, un indígena de la América española era considerado súbdito de la Corona y podía recurrir a la Justicia o casarse con una española. Además, los conquistadores llegaron casi sin mujeres, mientras que a las colonias británicas emigraban familias enteras en busca de libertad religiosa.

Aquí hubo relaciones amorosas, pero también violaciones y episodios trágicos. Hubo de todo, pero nos mezclamos. Somos esa gama de té con leche en la que ya nadie sabe con exactitud de dónde viene. Casi todos tenemos algo de africano, criollo, originario, boliviano, paraguayo, italiano, alemán o polaco.

Por eso nuestra multiculturalidad no se puede mostrar con facilidad en una fotografía de la selección. Tal vez eso cambie con las nuevas corrientes migratorias. En la Sub-17, por ejemplo, está Stephen "Kiki" Ramos, un delantero nacido en Haití, criado en la Argentina y formado en Vélez Sarsfield. Es argentino y, si continúa creciendo futbolísticamente, quizás algún día llegue a la selección mayor.

Pero observemos también que en el equipo nacional tampoco hay jugadores de rasgos escandinavos o asiáticos. Somos esa gama indefinida, fruto de una mezcla genética y cultural. Esto es lo que somos. ¿Qué quieren que hagamos? Perdónennos.

La Argentina tiene otros problemas y otras formas de discriminación. Son principalmente económicas, sociales y clasistas. Tenemos que trabajar sobre ellas porque es inadmisible que despreciemos, maltratemos o tengamos tantos prejuicios contra determinados sectores. Ese sí es un problema que debemos resolver. Pero el problema racial que pretenden trasladarnos desde otras sociedades no existe aquí de la misma manera.

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También hubo otras acusaciones similares. Javier Bardem, el actor español que consiguió un lugar en Hollywood dentro de esa suerte de "cuota INADI" reservada para intérpretes hispanos, suele ser convocado para interpretar al villano mexicano o latinoamericano.

Por esa misma razón, Ricardo Darín rechazó propuestas de Hollywood: no quería quedar condenado a representar siempre el papel que Estados Unidos reserva para aquello que denomina "hispano". Incluso le habían ofrecido en "Hombre en llamas" el personaje que finalmente interpretó Marc Anthony. Darín quería seguir siendo un actor capaz de asumir papeles diferentes.

Bardem considera racistas a Donald Trump y a Benjamin Netanyahu. Como Javier Milei mantiene una alianza política con ambos, el actor concluyó que la Argentina también es un país racista. Una asociación tan sencilla como equivocada.

Después apareció Rosalía, otra integrante de este progresismo woke. La cantante tiene una canción llamada "La Perla", una ironía dedicada a un exnovio que, según la letra, habría sido ególatra, narcisista y discriminador. Es uno de esos diagnósticos de sopa instantánea que hoy se aplican a muchos hombres sin demasiada profundidad.

Mia Khalifa publicó un video en el que utilizó una parte de esa canción para referirse a los jugadores argentinos como “las perlas” derrotadas. Rosalía lo compartió y terminó atribuyéndoles indirectamente esas características a todos los integrantes de la selección.

Se armó un escándalo enorme. La cantante borró la publicación y pidió disculpas. Aseguró que solamente había compartido el video porque contenía su canción y que no había leído con atención el mensaje. Mientras tanto, algunos fanáticos comenzaron a pedir la devolución de las entradas para sus próximos conciertos.

Por último, está Arturo Pérez-Reverte. En su caso, me pareció razonable la crítica. Cuestionó la violencia registrada al final del partido, en la que participaron Leandro Paredes y otros futbolistas argentinos. También reprochó que algunos integrantes de la selección les dieran la espalda a los españoles durante la premiación. Coincido con él: tampoco me gustaron esas actitudes.

Pero Pérez-Reverte conoce muy bien la Argentina y sabe distinguir entre la conducta de algunos futbolistas y las características de toda una sociedad. Hizo una crítica puntual y, al mismo tiempo, valoró positivamente al país.

Esa es la diferencia entre alguien que conoce aquello sobre lo que habla y quienes creen que los problemas de sus propios países se reproducen de la misma manera en cualquier lugar del mundo. No pueden observar otras realidades ni comprender procesos históricos diferentes. En definitiva, son unos ignorantes.

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