Ni pelotitas, ni botellas, ni celulares

La quinta pata del gato

Ni pelotitas, ni botellas, ni celulares

28/09/2021 | 12:40 | Por Adrián Simioni.

Adrián Simioni

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Ni pelotitas, ni botellas, ni celulares

La semana pasada nos enteramos de que no se consiguen pelotas de tenis en la Argentina. Las de calidad para competir no se pueden importar porque el gobierno no da los dólares. Las que se fabrican acá tampoco, porque las dos fábricas no dan abasto y, encima, igual hay que importar el caucho, el paño y hasta la tinta de la marca. Y el gobierno tampoco tiene dólares para eso.

Ayer nos enteramos de los problemas de la industria del vino: no tiene botellas suficientes. Las fábricas locales no dan abasto. Ampliar la producción requiere importar máquinas que también cuestan dólares. Y tiempo. Mientras, la industria le pide al Banco Central dólares para poder importar algunos envases, sin lo cual no puede exportar vino. Tampoco sobran los dólares para eso.

Ahora, en Tierra del Fuego, una de las dos mayores armadoras de celulares, Brightstar, anuncia que cierra en forma indefinida. La razón sería que Brighstar arma celulares LG, y ese gigante multinacional anunció en abril que dejaba de producir celulares.

Recién el empresario Miguel Zonnaras, le expuso a Agustina las complicaciones logísticas y productivas que impactan en toda la economía sólo por el cierre de las cargas del aeropuerto Córdoba.

Los cuatro ejemplos muestran que la pretensión argentina de “vivir con lo nuestro”, cerrados al mundo, es una fábula del pasado. No se puede producir casi nada mínimamente bueno o barato en una economía internacional integrada. Y nunca alcanzan los dólares si se castiga a los sectores eficientes y capaces de exportar para mantener a los ineficientes. Así, ni siquiera con salarios en dólares de miseria como los que se pagan hoy en la Argentina se puede producir: desde botellas hasta pelotitas.

Es obvio que en algún momento vamos a tener que asumir esa realidad, dejar de mantener con el pulmotor malos empleos con salarios miserables y dejar que la economía se reconvierta para generar empleos con mejores salarios en dólares.

Sin embargo, la política argentina no termina de ver una realidad tan autoevidente. Aparentemente, la lluvia de ejemplos de todos los días no es suficiente.

Por eso de vez en cuando tiene que aparecer alguien de afuera a decirnos lo obvio. El presidente uruguayo, por ejemplo, ya nos dijo de todos los modos posibles que él no quiere un Mercosur cerrado, que sea un club de pobres. Qué el quiere que los uruguayos compren barato en el exterior lo que no saben producir, usando los dólares que consigan exportando lo que sí saben producir. Ayer, el ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, nos dijo lo mismo: “Al Mercosur lo vamos a modernizar (…) y si la Argentina se siente incómoda, se puede retirar”.

La oferta de Brasil se parece a un ultimátum. Ya nadie cree en el mundo los viejos relatos de los ’40 que seguimos recitando en Argentina.

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