La quinta pata del gato
12/01/2026 | 12:01
Redacción Cadena 3
Adrián Simioni
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Las opciones de Cuba: cambio o colapso
La economía cubana no da para más. Hace años que no funciona prácticamente nada en la isla y hoy la sensación es que Cuba tocó fondo. Después de más de seis décadas —casi siete— de un populismo extremo, que eso ha sido el comunismo cubano, el país quedó sin capacidad productiva, sin incentivos para trabajar y con un Estado que estatizó todo y, como suele pasar en América Latina, no generó nada y lo volvió todo profundamente improductivo.
Cuba no produce casi nada y vive, desde hace décadas, de la ayuda externa. Siempre necesitó a alguien que la sostuviera: primero la Unión Soviética, luego China en menor medida, más tarde Venezuela y, últimamente, algún auxilio puntual de México. La isla “alquiló” su posición geoestratégica frente a Estados Unidos y sobrevivió a fuerza de subsidios. Pero ese modelo ya no existe. Y ahora no hay reemplazo.
Donde esta crisis se ve con mayor crudeza es en la energía. Los apagones no son nuevos, pero en el último año se volvieron constantes y cada vez más extensos. Con Donald Trump marcando un límite cero a los envíos y bloqueando el petróleo venezolano, Cuba quedó sin margen. Venezuela, además, ya no estaba en condiciones de ayudar como antes: de enviar 100.000 barriles diarios pasó a apenas 30.000, y aun así Cuba vendía parte de ese petróleo para conseguir algunos dólares, porque no tiene cómo generarlos.
Hoy los buques tanqueros de Gaisa, la corporación militar que controla buena parte de la economía cubana, están fondeados sin rumbo claro. Nadie sabe cuánta carga tienen ni cuánto tiempo puede durar. Ese es, literalmente, el petróleo que le queda a Cuba para las próximas semanas. Porque el problema no es solo comprar petróleo: Cuba necesita que se lo regalen.
México puede dar una mano, puede aparecer algún envío ruso, pero nada de eso reemplaza lo que fue Venezuela. La mitad de las estaciones de servicio ya no tiene combustible, no solo en el interior —donde eso era habitual— sino también en La Habana. Hace tiempo que muchos cubanos cocinan con leña o carbón. La semana pasada, el 54% de la isla quedó sin luz, según cifras oficiales. En algunos lugares los cortes duran hasta 20 horas diarias.
A eso se suma la imposibilidad de generar dólares. El turismo, una de las pocas fuentes de divisas, cayó en 2024 al nivel de 2004: el peor registro en 20 años. Y aun cuando entran dólares por turismo, rebotan. Cuba tiene que importar todo para atender a los turistas. Es el absurdo de una isla azucarera que sirve mermelada española en sus hoteles.
Los médicos cubanos, que durante años funcionaron como moneda de cambio para pagar petróleo y favores políticos, también dejaron de ser una solución. Era un precio fijado entre gobiernos, no de mercado. Hoy ese esquema se cae y muchos países empiezan a repatriar a esos profesionales. El azúcar, histórica columna vertebral de la economía, está en su peor momento en un siglo: apenas 150.000 toneladas el año pasado, contra los 9 millones de toneladas que producía en 1989. Cuba, increíblemente, tiene que importar azúcar.
La producción de níquel, otro rubro clave, también está en baja. Incluso empresas extranjeras operan con enormes deudas porque nunca pudieron repatriar ganancias. Y como si todo esto fuera poco, el éxodo masivo dejó una población envejecida, sin jóvenes, sin fuerza de trabajo.
Lo último que sostiene algo de ingreso son las remesas de los cubanos exiliados. Pero también eso se diluye con el tiempo: pasan las generaciones, se cortan los lazos, y además pende una amenaza clara desde Estados Unidos. Si mañana Washington decide gravar las remesas, ese canal se cierra. Mandar dinero físico se vuelve cada vez más difícil, con menos vuelos y aerolíneas retirándose.
El escenario es extremo. El futuro de Cuba ya no se mide en años, sino en semanas. Sin petróleo, sin dólares y sin aliados capaces de sostenerla, la isla enfrenta una disyuntiva brutal: o cambia algo de manera profunda, o el colapso es inevitable. Y hoy, todo indica que el margen para evitarlo es mínimo.
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