Juan Grabois o el desprecio por los demás

La quinta pata del gato

Juan Grabois o el desprecio por los demás

28/12/2022 | 12:32 |  

Redacción Cadena 3

Adrián Simioni

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Juan Grabois o el desprecio por los demás

Juan Grabois, el piquetero papal, tiene todos los tics del niño rico que tiene tristeza. Parece vivir en Narnia, pero en una Narnia de los años 70, llena de buenos y malos, explotadores y explotados, imperialistas y cipayos.

Ahora acaba de invadir una propiedad, de un señor llamado Joe Lewis, un conservacionista que compró miles de hectáreas en la Patagonia para destinarlas a reserva natural. Grabois acampó de prepo con 80 militantes y agredió a empleados del lugar, a los cuales pretendió darles varias lecciones.

Lewis tiene la mala suerte de ser británico y de que, dentro de su propiedad se encuentre Lago Escondido. Entonces, todos los patrioteros del país cada par de meses invaden su propiedad acusándolo de apropiarse del lago, aunque haya una servidumbre de paso, cosa que no hay por ejemplo en las miles de propiedades privadas que dan a los lagos San Roque, Embalse o Los Molinos.

La cuestión es que Grabois, el piquetero del Papa, al que le gusta disfrazarse de Jesucristo y jugar a echar a los mercaderes del, no pierde oportunidad para presentarse como el Mesías del Pueblo, un redentor, un salvador. Y lo hace con todos los defectos típicos de estos personajes.

Por empezar, es un iluminado. Él sabe cosas que los demás no saben. Por ejemplo, les dijo a los empleados de Lewis: "Yo sé que ustedes tienen un empleador inglés. Sé que están laburando y sé que no es su culpa". O sea, por suerte Grabois "los comprende" y "no los culpa". ¿Culpa de qué? ¿Pero quién se creerá que es este señor? Ni se le ocurre que, tal vez, algunos de los empleados de Lewis simplemente hacen un trabajo honesto, mucho más honesto que los ñoquis y militantes a sueldo del Estado que maneja Grabois.

También es un condescendiente. Él "desciende" desde su altura moral, para explicarles a los empleados que "el inglés los desprecia a ustedes igual que nos desprecia a nosotros (...) los detesta, les paga poco, los tiene laburando en condiciones de mierda. Yo entiendo que le tengas que chupar las medias, pero él te odia, te desprecia". Para Grabois una persona que trabaja es un chupamedia, desde lo alto de su ego este nene ricachón se permite despreciar así a quienes trabajan de verdad. ¿Será que Grabois piensa darles un trabajo pagado de su propio bolsillo, fruto de una inversión personal, y mejor pago a los empleados de Lewis?

No podía faltar la xenofobia, al borde del racismo. "¿Sos argentino o sos inglés?", le decía a un empleado. "Vos le estás laburando a un gringo que te desprecia y ahora nos estás despreciando a nosotros que tenemos el mismo color de piel que vos". Grabois es un apellido cuyo origen parece estar en la Europa central, en algún momento los abuelos de Grabois vinieron de otro país. ¿Es más legítima la presencia honesta de los Grabois que la de los Lewis en Argentina, un país cuyo preámbulo constitucional declara la bienvenida a todos los ciudadanos del mundo?

Grabois no pudo obviar, cómo no, un chauvinismo ridículo: exhibió una bandera con la leyenda "Las Malvinas son argentinas, Lago Escondido también". Otra vez, la portación de apellido para construir a un "enemigo". Si en todo lo que dice Grabois cambiás la palabra "inglés" por la palabra "judío", a Grabois le sale un bigotito. Es facho, facho, facho.

No faltó el delirio. En cierto momento, en el parque se abrieron los aspersores de riego. Y Grabois, que sueña ser un mártir, vio en eso una agresión. Volvió a encarar a los empleados para decirles: "Nos están faltando el respeto. Respeten como nosotros los respetamos a ustedes", les dijo. "Respeto", dice, el tipo que invade de prepo una propiedad privada.

Por último, exhibió su cuota de machito impaciente y maltratador. En una de sus escaladas Grabois terminó agrediendo a una mujer que lo filmaba. De un manotazo, le tiró su celular al suelo. A esta hora, todavía, ni el Ministerio de la Mujer, ni el Inadi ni nadie se ha expedido al respeto. Y todavía nadie metió preso a este violento disfrazado de Jesús.

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