Van Dijk, en la lucha por ser el mejor del mundo (Por Raúl Monti)

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Van Dijk, en la lucha por ser el mejor del mundo

07/12/2019 | 14:26 | El holandés quedó sólo por detrás de Lionel Messi en la última votación del Balón de Oro. Conocé la historia de lucha y sacrificio del defensor del Liverpool. 

Raúl Monti

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Su padre lo abandonó cuando era un adolescente y trabajó como lavaplatos para ayudar a su madre con los gastos del hogar. 

El club en el que pasó 10 años de su vida lo dejó libre antes de debutar, porque no le veían condiciones. 

Llegó a escribir su propio testamento con solo 21 años, cuando estuvo al borde de la muerte.

Nadie le regaló nada: la historia de Virgil van Dijk está marcada por el sacrificio y la perseverancia. 

Transitó un camino largo y difícil, pero logró convertirse en el defensor más caro de la historia y estuvo a sólo siete votos de arrebatarle a Lionel Messi su sexto Balón de Oro.

Virgil fue el primero de los tres hijos que tuvieron Ron y Helen, sus padres. Nació el 8 de julio de 1991 en Breda, una ciudad de 300 mil habitantes en el sur de Holanda. 

Fue un niño muy feliz, que iba a la iglesia todos los domingos junto a su familia y jugaba al fútbol en el equipo de su barrio.

Su niñez sufrió un quiebre cuando tenía 12 años y su papá le contó que se había separado de su madre y que ya no viviría con él y sus hermanos. 

Al principio Ron Van Dijk estuvo presente en los momentos importantes de su vida, pero cuando formó una nueva familia se alejó completamente. 

Su enojo llegó a tal punto que, a lo largo de su carrera, decidió estampar su nombre en su camiseta, “Virgil”, para no tener que lucir el apellido de su padre.

El fútbol fue una vía de escape en su juventud. Se sumó a las divisiones inferiores del Willem II y soñaba con ser un jugador profesional e ir a la Premier League

Entrenaba duro, pero era lento, no tenía técnica, y como creció mucho durante la pubertad, era torpe e impreciso. Nadie podía imaginar el futuro que tendría ese chico humilde y familiero. 

Cuando cumplió 16 años trabajó como lavaplatos en un restaurante para ayudar a su mamá con los gastos del hogar. Su jefe le aconsejó en repetidas ocasiones que dejara el fútbol y trabajara con él.

El único que creía en Van Dijk, era Van Dijk. Tenía 19 años, llevaba una década en las inferiores del Willem y nadie le había dado la posibilidad de jugar en primera. 

Estaba dejando mi alma y mi corazón en ese club, pero ellos no confiaban en mí. Me sentí traicionado

Sin posibilidades en su club, armó las valijas, se despidió de su mamá y hermanos, y cruzó todo el país de sur a norte para sumarse al Groningen FC. 

Pasó a vivir solo en una ciudad extraña e iba a los entrenamientos en bicicleta, pero el esfuerzo rindió frutos y pudo debutar en primera división. Lo hizo el primero de mayo de 2011, justamente en el Día del Trabajador.

Virgil aprendió a utilizar su imponente altura de 1,92 metros para transformarse en un defensor aguerrido y fuerte. Disfrutaba su presente en Holanda, pero el destino le jugó una mala pasada.

Llevaba algunos días sintiéndose mal, con fiebre y dolor de estómago. Su madre, que estaba de visita, notó que algo andaba mal y lo llevó al hospital. 

Los doctores lo revisaron y le dieron la razón a la mujer, pero con una gravedad que nadie esperaba. Virgil tenía apendicitis, peritonitis y una infección en el riñón, por lo que tenían que operarlo con urgencia. Llegó incluso a escribir su testamento, pero se salvó de milagro.

Luego de recuperarse, siguió destacándose en el Groningen hasta que la liga holandesa le quedó chica. Sin pasar por los grandes de su país, como el Ajax o el PSV, Celtic decidió contratarlo luego de tres temporadas, y el defensor se mudó a Escocia.

Celtic confió en él y la presión de jugar en un equipo grande generó un crecimiento enorme en su desempeño. 

Debutó en Champions League, fue convocado a la Selección de Holanda y formó parte del once ideal de la liga escocesa dos años consecutivos.

Fue Ronald Koeman, histórico defensor de la selección de Holanda y Barcelona, quien apostó por Virgil en el 2015 para reforzar al Southampton inglés. 

La potencia y capacidad goleadora que había demostrado en Celtic hicieron que cumpla el gran sueño de su vida: jugar en la Premier League.

Southampton, un equipo de mitad de tabla para arriba y sin problemas con el descenso, fue el lugar ideal para mostrarse. Jugó 80 partidos con la camiseta albirroja, convirtió 7 goles, y se afianzó en su selección. 

Los grandes clubes de Europa posaron sus ojos en ese defensor holandés que parecía tenerlo todo: era fuerte, veloz, infranqueable en su área y letal en la de sus rivales.

Liverpool, por pedido de Jurgen Klopp, pagó 85 millones de euros por él, transformándolo en el defensor más caro de la historia. 

Yo no tengo la culpa de valer eso, así funciona el mercado

 Se encargó de despejar cualquier duda en su primer partido con la camiseta de los “Reds”, marcando el gol del triunfo en el derbi ante Everton. Había llegado a Inglaterra para hacer historia.

Su adaptación en Anfield fue excepcional: se transformó en el líder de la defensa y estuvo a punto de ganar la Champions League en su primera temporada, pero la Orejona se escapó en la recordada final contra Real Madrid, cuando el arquero Karius jugó el partido de sus pesadillas.

Virgil fue elegido en el equipo ideal de la competición de todos modos, y un año más tarde, los dirigidos por Jurgen Klopp le ganaron 2 a 0 a Tottenham y se quedaron con el ansiado título. Liverpool era el campeón de Europa.

En 2019, la UEFA lo nombró “mejor jugador del año” y la revista “France Football” lo nominó al Balón de Oro. El mundo entero estaba expectante por saber si un defensor podía ser coronado con el codiciado premio, pero Lionel Messi se quedó con su sexto trofeo individual, superándolo por sólo siete votos.

La historia de Virgil van Dijk está marcada por el sacrificio y la perseverancia en la lucha por cumplir su sueño. 

Transitó un camino largo y difícil, lleno de obstáculos y caídas, pero a sus 28 años logró convertirse en el defensor más caro de la historia y ganar la Champions League. 

Nadie puede vaticinar hasta dónde llegará y si será, en el futuro, el mejor futbolista del mundo. Pero Virgil, el joven que fue abandonado por su padre y se dedicó a lavar platos para ayudar a su familia, está acostumbrado a romper con todos los pronósticos.