Informes de La Previa
22/03/2026 | 13:28
Redacción Cadena 3
Juan Schulthess
Audios
Marcelo Araujo, de los bautismos al relato inmortal
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Hay voces que relatan partidos. Y hay otras, muy pocas, que los convierten en memoria. La de Marcelo Araujo fue una de esas. Esta semana se apagó su voz, pero quedará viva para siempre en cada cancha, en cada tele encendida, en cada sobremesa futbolera de domingo donde alguien, sin darse cuenta, repita uno de sus latiguillos.
Porque Araujo no solo narraba: bautizaba. Tenía algo de poeta popular, de ese amigo que te pone un apodo y te lo deja para toda la vida. En su relato único, que mezclaba pasión, humor y una inigualable repentinización, los jugadores no eran solo nombres: eran personajes.
Así nació “El Torero” para Juan Román Riquelme. No era solo una etiqueta: era una imagen.
Y cómo no recordar a “Chapita” Guillermo Barros Schelotto, ese guiño perfecto a su rebeldía.
De la vereda del frente, el “Chileno” —ese “shileno” arrastrado, inconfundible— para Marcelo Salas, al que convirtió en héroe a puro grito. O en hacerlo callar a “Macaya” Márquez para el gol de River.
En su “registro civil” imaginario entraban todos: desde “Tweety” Carrario hasta el “Pájaro” Caniggia, a quien bautizó de una forma particular. Araujo los nombraba y, de algún modo, los inmortalizaba.
Pero si los apodos eran su forma de pintar personajes, los latiguillos eran su música. Frases que rompían la pantalla y se metían en la vida cotidiana. Lo mismo que ese “Se viene la baaaanda”, estirado, anticipando algo grande. O el inolvidable “Si lo hacés, me voy”, cargado de suspenso, para el golazo de Luis Medero para Boca ante Platense en el que, efectivamente, abandonó la transmisión.
Y después, claro, estaban los goles. Ese ritual de decir nombre completo y apellido, como si estuviera firmando una obra. Como aquella tarde del 9 de mayo de 1999, en un Superclásico, cuando el dato frío de la recaudación se transformó en explosión inmortal: “Marteeeeeeen… Gooooooooool”.
O los goles de la selección argentina, que cobraban otro color cuando él los relataba.
Y también entra la curiosa forma de narrar situaciones particulares de un partido, como cuando se cortó la luz en un clásico de Avellaneda.
Marcelo Araujo entendió algo que no se enseña: que el relato también juega. Que puede exagerar, ironizar, emocionar. Que puede quedarse para siempre.
Hoy, su voz ya no está en las cabinas. Pero sigue en otro lado: en cada apodo que sobrevive al tiempo, en cada frase que alguien repite sin saber de dónde viene, en el aroma dominguero.
Porque hay relatos que terminan cuando suena el pitazo final. Y hay otros -como los de Araujo- que siguen jugando para siempre.
¿Quién fue Marcelo Araujo? Fue un narrador de fútbol argentino, reconocido por su capacidad de convertir relatos en memoria.
¿Qué hizo Araujo con los nombres de los jugadores? Les dio apodos creativos que los inmortalizaron en la memoria colectiva del fútbol.
¿Cuándo se apagó su voz? Esta semana, aunque su legado permanece en la cultura futbolera.
¿Dónde se pueden escuchar sus latiguillos? En cada cancha, tele encendida y sobremesa futbolera, donde sus frases se repiten.
¿Por qué Araujo es recordado? Por su estilo único de narrar, que combinaba pasión, humor y una profunda conexión emocional con el juego.
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