Los técnicos "de la casa": en casa de herrero, cuchillo de palo

Técnicos nacidos en el club

En casa de herrero, cuchillo de palo

17/04/2022 | 14:56 | El refrán popular refiere a la paradoja de que falten determinadas cosas en lugares donde deberían abundar. ¿Entonces, los técnicos que son del riñón del club funcionan para unos y no para otros?  

Redacción Cadena 3

Gabriel Rodríguez

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Los técnicos "de la casa": en casa de herrero, cuchillo de palo

Siempre que hablemos de uno, surgirá la comparación con el otro. Entonces si nos referimos a Sebastián Battaglia en Boca vamos a caer como un efecto dominó en Marcelo Gallardo en River porque la sensación de inestabilidad del primero no nace de la imaginación periodística, ni de lo que dejan trascender desde adentro del club. Y eso contrasta con el Muñeco que encarna como nadie eso que todos quieren y que nadie busca: una idea sostenida en el tiempo, un nuevo paradigma que transforme un club y que plante raíces en inferiores para sostenerse en el tiempo.

Como Gallardo de River, Sebastián Battaglia es de las entrañas de Boca y ahí aparece otra gran diferencia que transformamos en pregunta: ¿por qué a los hombres del riñón Xeneize les cuesta asentarse, tener continuidad y ser exitosos? La respuesta práctica sería que, tomando como inicio el día que Gallardo asumió en River, en Boca ya pasaron seis entrenadores: Bianchi, Arruabarrena, Barros Schelotto, Alfaro, Russo y Battaglia. Al Vasco y al Chapita, técnicos de la casa, no les bastó ganar un par de títulos para permanecer en el cargo porque la casualidad del fútbol los llevó a toparse con el River de Gallardo.

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Arruabarrena generó ilusión porque llenaba todos los casilleros: joven, con visión moderna y formado en casa. Ganó el torneo 2015 y la Copa Argentina de ese año pero dos derrotas en seis meses ante el Muñeco por copas internacionales (primero en semifinales de Sudamericana y después en octavos de Libertadores con el gas pimienta como segundo rival), lo marcaron a fuego. Guillermo reemplazó al Vasco y en su segundo partido tuvo que cruzarse con River en el torneo de Transición 2016. Sus planteos ofensivos lo llevaron al bicampeonato local pero las derrotas en las históricas finales de la Supercopa y la Libertadores en Madrid contra Gallardo lo empujaron a irse.

Battaglia tiene en su historial una derrota, en octubre pasado, en el Monumental por 2 a 1 y una tremenda victoria en Núñez en marzo por 1-0. Pero no basta. Los cambios de ánimo son frecuentes, entre las semanas que hay paz que son pocas y las que asoma la crisis, muy seguido por cierto, con ciertas señales de disconformismo y como hasta de arrepentimiento por la decisión de haber renovado el ciclo como entrenador de quien fuera el jugador más ganador de la historia del club. Es que le renovaron el contrato y lo confirmaron oficialmente pese a algunas dudas, por ganar la Copa Argentina ante Talleres. Le trajeron futbolistas en el mejor mercado de pases de la gestión Riquelme y así y todo, Boca es una involución sin freno de un partido a otro ya sea por los cambios repentinos de esquema, las variantes generalmente desacertadas, las decisiones para conformar el equipo titular y las mismas declaraciones de Battaglia quien parece que nunca dice nada.

Es como que debe convencerse y bajar el mensaje a sus futbolistas: tiene que tomar una decisión y definir si quiere un equipo protagonista o que especule porque en este país si te quedás a mitad de camino con tu idea, llegarán otros técnicos que sacarán la diferencia.

River es distinto, quizá porque más allá de los nombres ostenta un estilo de hace años que se respeta con el paso del tiempo y ahí se podría entender por qué le sacó jugo a los primeras veces de sus propios futbolistas como Passarella en 1990, Gallego campeón invicto en 1994, Ramón Díaz quien asumió en 1995 y obtuvo en el ’96 el primero de sus títulos, Astrada en 2004 y Almeyda, campeón de la Primera Nacional. La mancha la tendrá de por vida Juan José López con el descenso pese a realizar una buena campaña, justamente un hombre de la casa al que además nunca se le perdonó su paso por Boca.

Desde que Gallardo es técnico de River, ganó 14 títulos en 7 años; Boca consiguió 8 y otros nueve equipos sumaron títulos: Racing y Lanús 3; Independiente, San Lorenzo, Defensa y Huracán 2; Central, Tigre y Colón 1.

Desde que Gallardo es técnico de River, pasaron 37 entrenadores en los otros cuatro “grandes”: 6 en Boca, 9 en Racing, 10 en Independiente y 12 en San Lorenzo.

En Córdoba, en algún momento de la vida, Talleres, Belgrano e Instituto consiguieron un máximo logro que es el ascenso de la mano de entrenadores cordobeses y del riñón como Willington en la T, Guyón en la B y Corti en la Gloria. Pero los tres no son de experimentar en demasía con sus ex jugadores porque salvo esas excepciones no les ha ido bien.

Chiche Sosa es el caso de un técnico de la casa que no pudo enderezar un rumbo que después tomó Zielinski y la historia ya se sabe cómo fue. Teté González es otro caso, pues agarró la era pos Zielinski y le costó al punto de que Belgrano pasó por los Lavallén, Osella, Caruso Lombardi, Méndez, Berti, Orfila y Bernardi casi sin suceso, hasta que apareció Guillermo Farré y es como que la estirpe “zielinkista” del ex capitán y máximo referente de una etapa, le devolvió a Belgrano el alma al cuerpo.

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Desde 2011 hasta aquí, en Instituto pasaron 17 entrenadores, de los cuales apenas tres consiguieron algo pero después de irse de Alta Córdoba como Kudelka, Mazzola y Delfino, o sea ninguno nacido en el club. Las experiencias con Miliki Jiménez, segundo artillero histórico, el Negro Sarría, Claudio Demaría y ni hablar de Mauricio Caranta quien no pudo ganar, no fueron buenas.

Y Talleres no le fue en zaga porque los dos Coleoni, uno técnico definido (Gustavo) y el otro interino (Sergio) tampoco dieron en la tecla y menos Angel Guillermo Hoyos quien se fue por la ventana tras un derrotero de 42 puntos posibles sacando apenas 6, es decir un pobrísimo 15% de efectividad en los dos períodos. La obligación puso a Javier Gandolfi en dos partidos y por el contexto y los resultados, da para trabajarlo a futuro.

En una dinámica plagada de contradicciones, los procesos a largo plazo son con o sin gente de las entrañas de un club, desde el discurso, la solución para todos. Son, más tarde, la metología de ninguno. Pero ojo que el paradigma de los Gallardo, los Bianchi, los Zielinski, los Kudelka puede ser engañoso, porque tuvieron el viento a favor de los resultados antes de afirmarse en el puesto. Y si bien el terreno de lo contrafáctico nunca entrega resultados, obliga a preguntarse qué hubiese pasado si no se coronaban allá donde inició todo.

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