Joaquín Panichelli.

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De descartado en River, a soñar con el Mundial: el camino de Joaquín Panichelli

28/03/2026 | 19:00

  

Redacción Cadena 3

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De descartado en River, a soñar con el Mundial: el camino de Joaquín Panichelli

A veces, lo imposible solo tarda un poco más. Y esos sueños postergados, que parece que se alejan de golpe con los indescifrables vaivenes de la vida, terminan haciéndose realidad cuando uno menos lo espera. Algunos lo llaman suerte. Otros saben que es fruto de la perseverancia, la fe y la convicción de nunca bajar los brazos. Porque hay viajes que no se miden en kilómetros, sino en insistencia. En golpear la puerta una, y otra, y otra vez. El deporte tiene varias de esas historias. Y uno que conoce bien de qué se trata es Joaquín Panichelli.

Joaquín Panichelli nació el 7 de octubre de 2002 en la ciudad de Córdoba. Su lazo con la pelota arrancó de pequeño: con apenas seis años, empezó a escribir su camino mientras todavía descubría su tonada en Racing de Nueva Italia. No era delantero puro aún: era enganche, de esos que piden la pelota siempre, que juegan como si el tiempo no corriera. Lo recuerda uno de sus descubridores: Piero Foglia.

René Rodas, quien lo captó para "La Academia", también evoca cómo conoció a ese niño que ya prometía.

"Era indudablemente un distinto, un jugador muy completo. Lo tuvimos en Lifi. Se me dio para aceptarlo al club. Mi función era captador del club. Desde chiquito siempre fue muy destacado en una categoría 2002 de Racing que era muy buena. Tenía un talento increíble, muy inteligente, con unas condiciones bárbaras", contó a Cadena 3.

Fueron años de formación, de barro, de esfuerzo silencioso. “La Academia” transitaba categorías duras, lejos del brillo de antaño, pero cerca de lo esencial. Y ahí creció Panichelli: entendiendo que el fútbol también es resistencia.

Después, ya en su adolescencia, llegó a Atalaya de la mano del descubridor de talentos Piero Foglia. Otro club, otro barrio de Córdoba, la misma ilusión. Fueron tres años en los que su vida tenía una rutina particular: cada cinco meses, se subía a un viaje de casi 700 kilómetros rumbo a Buenos Aires. Probar. Insistir. Volver a intentar.

Así pasaron pruebas en distintos clubes importantes, como Boca: estuvo en Casa Amarilla, pero no se firmó un acuerdo con Atalaya y todo quedó en la nada. Tuvo que volver a Córdoba con las manos vacías. Pero tenía que insistir. Y así lo hizo, hasta que una de esas puertas se abrió.

River lo recibió y ahí completó gran parte de su formación. Ya no como enganche, sino como delantero. Más cerca del gol. Más cerca de lo que intuía desde chico. Más cerca del sueño. Pero el camino tenía sus obstáculos. La rompió en Reserva, pero la exigente competencia interna del plantel de primera y la falta de garantías para jugar lo privaron de debutar en “El Millo”. Y, otra vez, la historia lo empujó a decidir: se fue a Europa libre, con el pase en su poder. Otra vez a probar suerte. A seguir golpeando puertas.

Su primer destino en el Viejo Continente fue el Alavés de España. Allí ascendió a Primera, pero una lesión le quitó minutos. Eligió volver a empezar y apostó por el humilde Mirandés, de la segunda división ibérica, donde explotó: convirtió 21 goles y dio ocho asistencias en 44 partidos, y Racing de Estrasburgo posó los ojos en él.

A mediados del 2025, el club francés desembolsó 16 millones de euros para sumarlo como refuerzo. Una nueva puerta. Una nueva oportunidad. Y, a puro gol, Joaquín rápidamente pagó con creces.

Así, casi de la noche a la mañana, Panichelli pasó de ser prescindible en River e ir a probar suerte a Europa a ser el máximo artillero de la Liga de Francia en un equipo de mediados de la tabla. Y, entonces, otra puerta, una bien grande: la de la selección argentina.

En noviembre de ese año, apenas un puñado de meses después de llegar a Estrasburgo, Lionel Scaloni lo citó al equipo campeón del mundo. Y, en el ocaso de marzo de 2026, con la cuenta regresiva hacia el Mundial corriendo a pasos agigantados, una nueva convocatoria para ser alternativa como “9” de la Albiceleste.

Cabulero y fanático de Diego Armando Maradona, por fuera de la cancha es incondicional del asado y el mate bien caliente y tiene una particularidad poco común en los futbolistas: el amor por la lectura.

¿Le alcanzarán estos días en Ezeiza para llegar al máxima torneo del fútbol? El tiempo lo dirá. Por lo pronto, a sus cortos 23 años y con una carrera incipiente, la de Joaquín Panichelli es una de esas historias de fe y perseverancia que contagian. Que invitan a seguir tocando puertas cuando una se cierra. A esperar y confiar. La historia de un pibe cordobés que entendió que los sueños no siempre llegan rápido, pero cuando llegan, encuentran a los que nunca dejaron de buscarlos.

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