Segunda invasión inglesa en Buenos Aires, en 1807.

Opinión

Ingleses: más fuertes y organizados, pero no olviden al Diego, Malvinas ni las Invasiones

14/07/2026 | 14:26

La selección europea llega mejor armada al cruce decisivo, aunque la historia, la mística y la capacidad argentina para crecer ante la adversidad también entrarán a la cancha | Por Pablo Sirvén.

Redacción Cadena 3

Pablo Sirvén

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Ingleses: más fuertes y organizados, pero no olviden al Diego, Malvinas ni las Invasiones

Si el partido se analizara únicamente desde los datos objetivos, habría motivos para el pesimismo. Inglaterra aparece como un equipo más fuerte, ordenado y veloz, con movimientos tácticos trabajados y una contundencia ofensiva que obliga a extremar los cuidados.

Argentina, en cambio, ha mostrado falencias en el mediocampo, desajustes en los laterales y una tendencia a depender más de la inspiración individual que de mecanismos colectivos consolidados. Tampoco llegó al Mundial en las mejores condiciones y, como ocurrió en encuentros anteriores, volvió a convertir el sufrimiento en una compañía inseparable.

Pero existe un "pero" enorme. La Selección tiene talento, carácter y una capacidad difícil de explicar para escapar de situaciones límite. Es un equipo que parece potenciarse cuando queda contra las cuerdas: encuentra fuerza donde ya no parecía haberla, recupera una guapeza tardía y transforma los goles en auténticas bendiciones.

Del otro lado también pesan los fantasmas. Para los ingleses, el más grande sigue siendo Diego Armando Maradona. La Mano de Dios y el gol más extraordinario de la historia de los mundiales permanecen como dos imágenes imposibles de borrar. Que Argentina vuelva a utilizar una camiseta azul, similar a la de aquel 22 de junio de 1986, añade un componente simbólico, aunque su elección responda principalmente a la necesidad de diferenciar ambas indumentarias.

También está Lionel Messi, sobre cuyos hombros se deposita otra vez una carga excesiva e injusta: la expectativa de reproducir aquella actuación de Maradona. Diego tenía 25 años y atravesaba el momento más extraordinario de su carrera. Messi tiene 39 y continúa rompiendo récords, pero la comparación desconoce el paso del tiempo y las diferencias entre ambos contextos.

El capitán no necesita convertirse en Maradona. Ya construyó su propia historia. Lo que Argentina necesita es que aparezca su mejor versión y que el resto del equipo vuelva a acompañarlo con esa resiliencia que se convirtió en una de las marcas de este ciclo.

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Fuera de la cancha aparecerán inevitablemente Malvinas y otros capítulos de la relación histórica con el Reino Unido. Lionel Scaloni fue claro al señalar que se trata de un partido de fútbol. Tiene razón: ninguna victoria deportiva puede reparar una guerra ni resolver una disputa de soberanía. Pero sería ingenuo negar que, en el imaginario colectivo argentino, este enfrentamiento posee una carga diferente.

En 2026, además, se cumplen 220 años de la primera invasión inglesa a Buenos Aires. Las fuerzas británicas ocuparon la ciudad en 1806, mientras el virrey Rafael de Sobremonte se retiraba hacia Córdoba con el tesoro. La reconquista fue encabezada por Santiago de Liniers y contó con una decisiva participación popular.

Un año después, en 1807, los británicos regresaron con una fuerza todavía mayor. Tras la primera invasión se habían formado cuerpos de milicias como el Regimiento de Patricios, comandado por Cornelio Saavedra, y las tropas invasoras encontraron una resistencia feroz en las calles de Buenos Aires. Barricadas, piedras, disparos desde las azoteas y todo tipo de recursos improvisados neutralizaron la superioridad de un ejército preparado para combatir en campo abierto.

Las invasiones respondieron al interés británico por expandir su comercio, aprovechar la debilidad de España y abrir nuevos mercados en América del Sur. El resultado, sin embargo, terminó fortaleciendo la organización local y alimentando el proceso político que pocos años después desembocaría en la Revolución de Mayo.

Nada de aquello se define nuevamente en una cancha. Tampoco la causa Malvinas ni la dimensión de Maradona dependen del resultado de un partido. Si Argentina pierde, Diego seguirá siendo Diego, el reclamo de soberanía conservará toda su vigencia y nadie podrá borrar la resistencia de 1806 y 1807.

Pero el fútbol tiene sus propios símbolos y mañana será difícil dejarlos afuera. Inglaterra llega con mayor fortaleza y organización. Argentina responderá con talento, memoria, carácter y esa costumbre tan suya de caminar al borde del abismo.

Habrá que disfrutar, sufrir y confiar. Y si llega la victoria, celebrar sin romper nada. Después quedará el camino hacia el domingo. Porque, aunque el calendario diga otra cosa, para los argentinos la verdadera final se juega mañana.

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