El mundo del fútbol lamenta la muerte de Jorge Messi.

Dolor en el país

Jorge Messi, el hombre que acompañó el sueño

09/08/2026 | 15:02

El padre del astro rosarino falleció este sábado, producto de una larga enfermedad, a los 68 años. Nuestro homenaje.

Redacción Cadena 3

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Jorge Messi, el hombre que acompañó el sueño

Hay historias que se explican con goles.

Hay historias que se explican con títulos.

Y hay historias que, para entenderlas de verdad, hay que mirar un poco más atrás.

Detrás del Lionel Messi que conocemos todos.

Detrás del capitán de la Selección argentina.

Detrás del chico que levantó la Copa del Mundo, que ganó todo lo que podía ganar y que se convirtió en uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos…

estuvo siempre Jorge Messi.

Su papá.

Jorge Horacio Messi murió este sábado, a los 68 años, en Rosario, después de atravesar durante un largo tiempo un delicado cuadro de salud.

Y con su muerte se va una figura que durante décadas eligió permanecer lejos de los flashes, pero que tuvo un papel fundamental en la vida de Lionel.

Porque Jorge fue muchas cosas.

Fue padre.

Fue acompañante.

Fue consejero.

Fue representante.

Fue negociador.

Fue, durante muchísimos años, una de las personas que más cerca estuvo de Lionel Messi.

Pero, antes que nada, fue el hombre que creyó en él cuando Lionel todavía era apenas un chico que corría detrás de una pelota en Rosario.

Jorge Messi nació en una familia trabajadora.

Trabajó durante años en la industria metalúrgica, en Acindar.

Tuvo una vida completamente alejada de los grandes escenarios del fútbol.

Y formó junto a Celia Cuccittini una familia de cuatro hijos: Rodrigo, Matías, Lionel y María Sol.

En esa familia, el fútbol apareció muy temprano.

Lionel empezó a jugar en Grandoli, en Rosario.

Después llegó Newell's.

Y muy pronto apareció algo que cambiaría para siempre el destino de la familia.

A Lionel le detectaron un problema de crecimiento que requería un tratamiento costoso.

Newell's no podía afrontar ese tratamiento.

Y entonces Jorge empezó a buscar alternativas.

No había garantías.

No había certezas.

Había solamente un chico que tenía un talento extraordinario y una familia dispuesta a hacer todo lo posible para que pudiera seguir jugando.

Hubo una prueba en River.

Hubo conversaciones.

Hubo negociaciones.

Y finalmente apareció Barcelona.

Lionel tenía apenas 13 años.

Y la decisión era enorme.

Irse a Europa.

Dejar Rosario.

Dejar a buena parte de la familia.

Dejar los amigos.

Dejar la vida que conocían.

Jorge decidió acompañarlo.

Mientras Celia y sus otros hijos permanecían en Rosario, Jorge y Lionel comenzaron una nueva vida en Barcelona.

Padre e hijo.

Solos.

En un país diferente.

Con un chico de 13 años intentando adaptarse a una vida completamente nueva.

Y ahí aparece una de las escenas más fuertes de esta historia.

Porque Lionel no la pasó bien.

Extrañaba.

Lloraba.

No encontraba su lugar.

Y en un momento tuvo que decidir si continuar o volver a Rosario.

Años después, Messi contó cómo fue aquella conversación con su papá.

Jorge le preguntó qué quería hacer.

Si quería seguir adelante o si prefería volver.

Y Lionel decidió quedarse.

Pero no se quedó solo.

Se quedó Jorge con él.

Hay una frase de Messi que probablemente explique mejor que cualquier otra la relación entre los dos.

"Mi viejo estuvo siempre conmigo".

Y estuvo.

Cuando Lionel todavía era un chico.

Cuando llegó a Barcelona.

Cuando comenzó a jugar en La Masía.

Cuando aparecieron los primeros contratos.

Cuando llegaron los primeros problemas.

Cuando empezaron los millones.

Cuando llegaron los títulos.

Cuando llegó la fama.

Y cuando llegó también la presión de ser Lionel Messi.

Jorge entendió rápidamente que su función no era ser protagonista. Era protegerlo.

Mientras el mundo miraba a Lionel, Jorge se mantenía detrás.

Mientras todos querían hablar con Messi, Jorge filtraba.

Mientras aparecían contratos, propuestas comerciales y decisiones deportivas, Jorge negociaba.

Y así fue construyéndose una estructura alrededor del futbolista.

Primero fue simplemente su padre.

Después se convirtió en su representante.

Y con el crecimiento de Lionel, terminó encabezando una estructura empresarial que manejaba buena parte de los negocios que rodeaban al futbolista.

Pero siempre con una característica: el bajo perfil.

Jorge casi nunca buscó protagonismo.

No necesitaba aparecer.

No necesitaba explicar.

No necesitaba estar en la foto.

Su trabajo estaba detrás.

Y hubo momentos en los que ese rol fue especialmente importante.

Cuando Barcelona no cumplía con algunas de las condiciones acordadas.

Cuando hubo que negociar contratos.

Cuando apareció el conflicto con el fisco español.

Cuando llegó la salida del Barcelona.

Cuando Lionel pasó por París.

Y, años después, cuando apareció la posibilidad de comenzar una nueva vida en Estados Unidos.

En 2023, Jorge tuvo un papel importante en las negociaciones que llevaron a Lionel Messi al Inter Miami.

Otra vez, detrás de una de las decisiones más importantes de la carrera de su hijo, estaba él.

Pero quizás el ejemplo más grande de lo que significó Jorge para Lionel no esté en un contrato.

Está en la vida cotidiana.

En aquellas pequeñas escenas que quedaron guardadas en la memoria de la familia.

Como ese silbido que Jorge hacía desde un costado de la cancha para que Lionel supiera que estaba ahí.

Una especie de código entre padre e hijo.

Jorge no necesitaba entrar a la cancha.

No necesitaba gritar.

No necesitaba llamar la atención.

Solamente necesitaba que Lionel supiera que él estaba ahí.

Y así transcurrieron casi tres décadas.

Lionel se convirtió en Messi.

El chico de Rosario pasó a ser campeón de España.

Campeón de Europa.

Ganador de múltiples Balones de Oro.

Campeón de América.

Campeón del mundo.

Y, finalmente, campeón de todo.

Pero en cada etapa, Jorge siguió apareciendo de la misma manera.

Sin demasiado ruido.

Sin demasiadas palabras.

Acompañando.

Cuidando.

Negociando.

Ordenando.

Protegiendo.

Porque detrás de una carrera extraordinaria también hubo una familia que construyó un entorno para que Lionel pudiera dedicarse a jugar al fútbol.

Y Jorge fue una de las piezas centrales de ese entorno.

El Mundial 2026 también dejó una imagen que hoy adquiere otra dimensión.

Lionel Messi marcó un gol en el debut de Argentina.

Y después del gol, lloró.

Muchos pensaron que la emoción tenía que ver con el partido.

Pero no.

Cuando le preguntaron qué le había pasado, Messi habló de unos días difíciles.

Dijo que atravesaba una situación completamente ajena a lo deportivo.

"Pasé unos días difíciles, complicados", explicó.

En ese momento, la familia había informado que Jorge permanecía bajo atención médica y que evolucionaba favorablemente dentro de su cuadro.

Ahora sabemos que aquella preocupación tenía que ver con el hombre que había estado al lado de Lionel desde el principio.

El mismo hombre que había dejado Rosario para acompañar a un chico de 13 años.

El mismo hombre que había estado en las buenas y en las malas.

El mismo hombre que había visto a su hijo convertirse en campeón del mundo.

Quizás por eso, para entender quién fue Jorge Messi, haya que olvidarse por un momento de los contratos, de los millones, de las negociaciones y de los negocios.

Y volver a aquella imagen inicial.

Un padre.

Un chico.

Una pelota.

Y un sueño.

Un chico de Rosario que quería ser futbolista.

Y un padre que decidió creerle.

Jorge dejó un trabajo estable.

Dejó su vida.

Dejó su ciudad.

Y se fue con su hijo a un país desconocido porque entendió que, detrás de ese chico, había algo especial.

No sabía qué iba a pasar.

No sabía cuántos títulos iba a ganar.

No sabía que aquel chico iba a ser campeón del mundo.

No sabía que iba a convertirse en Lionel Messi.

Simplemente decidió acompañarlo.

Y quizás ahí esté la mejor manera de explicar su historia.

Jorge Messi fue el hombre que estuvo cuando nadie conocía a Lionel.

Cuando todavía no existían los estadios llenos.

Cuando no había millones.

Cuando no había contratos gigantes.

Cuando no había camisetas con su nombre en todos los rincones del mundo.

Cuando solamente había un chico que quería jugar al fútbol.

Y un padre que le dijo:

seguí.

Hoy Lionel Messi perdió a su papá.

Y el fútbol pierde a un hombre que durante décadas estuvo detrás de uno de los protagonistas más grandes de su historia.

Jorge Messi nunca fue la estrella.

Nunca quiso serlo.

Su lugar estuvo siempre un paso detrás.

Pero desde ahí acompañó cada paso de su hijo.

Desde las canchitas de Rosario hasta Barcelona.

Desde Barcelona hasta la cima del fútbol mundial.

Desde aquel chico que soñaba con jugar hasta el hombre que terminó levantando la Copa del Mundo.

Quizás esa sea la mejor manera de despedirlo.

No como el representante de Lionel Messi.

No como el hombre que negoció sus contratos.

No como el responsable de una estructura empresarial.

Sino como lo que fue desde el primer día.

Como el papá de un chico que tenía un sueño.

Y que decidió acompañarlo hasta el final.

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