La Argentina Posible
18/09/2026 | 14:24
Redacción Cadena 3
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"Me decían que era torpe": descubrió a los 43 años que tenía baja visión y ahora ayuda a otros
Durante buena parte de su vida, Lorena Arduino creyó que simplemente era torpe. Se chocaba con objetos, tenía dificultades para desplazarse y no comprendía por qué veía de una manera diferente a los demás. A los 43 años, un diagnóstico cambió la forma en que interpretaba toda esa historia: tenía retinosis pigmentaria, una enfermedad degenerativa que afecta la visión periférica y nocturna.
“Fue muy difícil. Hasta mi mamá me decía que era bruta, que era torpe”, recordó Lorena en diálogo con Cadena 3. Durante años, nadie de su entorno había comprendido cómo veía y ella tampoco era consciente de que su campo visual estaba severamente reducido.
El diagnóstico, lejos de representar solamente una dificultad, también significó para ella un alivio. Por primera vez pudo ponerle un nombre a aquello que había condicionado buena parte de su vida y recibió herramientas para desenvolverse con mayor autonomía.
“Sentí un alivio grande. El oftalmólogo que me dio el diagnóstico me dio herramientas para salir a la vida”, contó.
/Inicio Código Embebido/
/Fin Código Embebido/Lorena explicó que una persona con visión normal tiene un campo visual aproximado de 180 grados. En su caso, la retinosis pigmentaria redujo esa capacidad hasta conservar principalmente la visión central.
“De esos 180 grados yo tengo el 20 central”, explicó. Es lo que se conoce como visión de túnel: puede observar lo que tiene frente a ella, pero tiene grandes dificultades para percibir lo que ocurre a los costados.
La enfermedad que padece es genética, crónica y progresiva. Sin embargo, la baja visión puede tener otros orígenes, como el glaucoma, un desprendimiento de retina, la diabetes, accidentes o el propio paso del tiempo.
A partir de su experiencia, Lorena decidió que otras personas no deberían atravesar cuatro décadas sin comprender qué les sucede.
Después de recibir el diagnóstico nació Luz de Esperanza, un proyecto que ya lleva cuatro años y que funciona desde Bell Ville. No es una fundación ni una asociación civil: es una iniciativa personal dedicada a concientizar y visibilizar la baja visión.
Lorena brinda charlas en escuelas, universidades y distintas localidades para explicar las diferentes formas en que una persona puede percibir el mundo.
Su propuesta es interactiva. Lleva un stand de más de cuatro metros con imágenes que representan distintos tipos de dificultades visuales y permite que quienes participan puedan identificar cómo se ve una persona con determinadas patologías.
“Cuando ven la imagen en el dibujo, se identifican con lo que ven ellos”, relató.
En esas charlas también descubrió casos de chicos que tenían dificultades visuales y todavía no lo sabían. La identificación no reemplaza un diagnóstico profesional, pero puede convertirse en el primer paso para que una familia consulte a un especialista.
Otra de las iniciativas de Luz de Esperanza es un Banco de Bastones, creado por Lorena para entregar gratuitamente elementos de movilidad a personas ciegas o con baja visión.
Los primeros cuatro bastones los compró con el aguinaldo de su pensión. Desde entonces, continuó adquiriéndolos y entregándolos a personas de distintos puntos del país.
Ya son 50 los bastones entregados en 13 provincias. El último llegó a Formosa y otro fue enviado a Ushuaia.
Lorena financia parte de estas compras mediante un pequeño kiosco ambulante que instala en plazas, parques y eventos. Allí ofrece golosinas y recibe colaboraciones voluntarias que luego destina a la compra de nuevos bastones.
“Sé que con el bastón le estamos dando la independencia y le podemos cambiar la vida”, afirmó.
Además, explica que no se trata simplemente de conseguir cualquier bastón: deben tener la medida adecuada para cada persona. El banco reúne distintas alturas y colores.
Lorena también utiliza sus charlas para explicar una señal que muchas veces pasa inadvertida.
El bastón blanco es utilizado por personas ciegas; el verde, como el que ella utiliza, identifica a personas con baja visión. Existe además el bastón blanco con franjas rojas, destinado a personas con sordoceguera.
Para Lorena, reconocer estos elementos también forma parte de construir una sociedad más accesible.
A los 51 años, Lorena mira hacia atrás y reconoce que su historia podría haber sido diferente si hubiera recibido antes un diagnóstico y las herramientas necesarias.
“No me gustaría que otra persona estuviera 43 años sin saber su diagnóstico y sin tener herramientas para poder trabajar, ser independiente y todo lo que nos toca cotidianamente”, explicó.
Su vida cotidiana también tiene un compañero inseparable: Shiloh, un perro Shar-Pei que vive con ella desde hace 11 años. Lorena cuenta entre risas que no es un perro guía y que, cuando salen juntos, incluso puede llevarse por delante algún obstáculo.
Pero la historia que quiere transmitir es otra. Después de años en los que fue juzgada por aquello que no podía ver, decidió convertir su experiencia en una herramienta para los demás.
“Esa es mi misión en la vida”, resumió.
Para Lorena, la inclusión también empieza por la empatía. Considera que muchas personas con discapacidad son incomprendidas porque quienes las rodean no pueden ponerse en su lugar.
“Si ponemos empatía y fuerza de voluntad y tratamos de comprender al otro, sería mucho más fácil la vida”, concluyó.
Entrevista de Guillermo López.
¿Qué diagnóstico recibió Lorena Arduino?
Recibió el diagnóstico de retinosis pigmentaria, una enfermedad degenerativa que afecta la visión periférica y nocturna.
¿Qué es Luz de Esperanza?
Es un proyecto creado por Lorena Arduino para concientizar y visibilizar la baja visión.
¿Cuántos bastones ha entregado Lorena?
Ha entregado 50 bastones en 13 provincias de Argentina.
¿Qué tipo de perro tiene Lorena?
Tiene un perro Shar-Pei llamado Shiloh, que no es un perro guía.
¿Cuál es la misión de Lorena?
Su misión es ayudar a otros a comprender y visibilizar las dificultades visuales, promoviendo la empatía y la inclusión.
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