Opinión
28/08/2026 | 15:29
Redacción Cadena 3
Dr. Enrique Orschanski
Audios
El momento del agua | Por Enrique Orschanski
Una pausa para tomar agua puede parecer un detalle menor dentro de una jornada escolar. Sin embargo, una experiencia que comenzó hace años en un jardín me enseñó que ese gesto también puede convertirse en una oportunidad para escuchar.
Durante una charla, las docentes me comentaron las dificultades de convivencia entre chicos de cuatro y cinco años. Había peleas, mordidas y empujones. Les propuse interrumpir la jornada para que bebieran un vaso de agua y conversar sobre los resultados tres meses después. No hizo falta esperar tanto: al mes, la directora me llamó para contarme que había observado una mejora en la conducta. Con el tiempo, otras instituciones adoptaron la iniciativa. Hasta donde conozco, son más de 150.
La hidratación merece atención. Las investigaciones describen que la falta de líquidos puede afectar el estado de ánimo y algunas funciones cognitivas. Eso, sin embargo, no permite presentar la deshidratación como la principal explicación del mal humor humano ni atribuirle cualquier comportamiento infantil.
Aquella experiencia no fue una investigación controlada. No podemos establecer cuánto del cambio observado se relacionó con el consumo de agua, cuánto con la nueva rutina y cuánto con la atención compartida. Reconocer ese límite nos permite valorar lo ocurrido sin convertirlo en una receta universal.
Como hábito, ofrecer agua regularmente es una recomendación razonable. Las necesidades de líquidos varían según la edad, la actividad, el clima y las condiciones de salud; no existe una cantidad idéntica para todos. Además, los alimentos y otras bebidas también aportan agua. Preferir el agua a las bebidas azucaradas evita sumar azúcar, pero no significa que estas últimas deshidraten automáticamente.
El alcance humano de la propuesta se hizo evidente en otra visita. Me habían invitado a una de las escuelas para mostrarme cómo realizaban la actividad. Había chicos corriendo por el patio y una directora junto a una mesa con vasos y una jarra. Con voz tranquila, anunció “la hora del agua”. Los chicos se acercaron y ella propuso un brindis para que todos siguieran sanos. Después, los invitó a expresar sus propios deseos.
Uno pidió por la bicicleta que le habían prometido. Una nena dijo: “Brindo porque mi mamá se cure”. Otro chico expresó: “Porque a mi mamá no le pegue más mi papá”.
Yo había ido pensando en la hidratación del cuerpo. Los chicos me mostraban lo que podía aparecer cuando se abría un espacio para hablar. En sus palabras convivían una ilusión, el temor por una enfermedad y un pedido frente a la violencia. Cada una necesitaba una respuesta diferente.
Una revelación de violencia exige una respuesta que continúe después de la escucha. La Ley 26.061 establece que los integrantes de establecimientos educativos y de salud deben comunicar las vulneraciones de derechos de niñas, niños y adolescentes a la autoridad administrativa de protección correspondiente. La responsabilidad institucional no termina cuando concluye la actividad.
Por eso, el valor de estos encuentros también depende de cómo los sostenemos. Debemos permitir que un chico se exprese sin obligarlo a hablar ni exponer su intimidad ante el grupo. Si aparece una situación preocupante, hacen falta acompañamiento, resguardo y la intervención de quienes tienen la responsabilidad de protegerlo.
La escena también nos invita a revisar la rapidez con la que interpretamos las conductas infantiles. Llamar “rebelde” a un chico describe una percepción, pero no explica lo que le sucede. Antes de cerrar una respuesta, conviene preguntarnos por sus necesidades, sus vínculos y aquello que todavía no pudo expresar. Un comportamiento no debería reducirse a una etiqueta ni a una única causa biológica.
La enseñanza alcanza al mundo adulto. Cuidar supone atender necesidades concretas y reservar tiempo para conocer lo que le pasa al otro. Una rutina sencilla puede ofrecernos esa oportunidad, aunque sostenerla requiere disponibilidad y responsabilidad. El gesto cotidiano adquiere valor por la atención que lo acompaña.
La hora del agua nos deja una pregunta que va más allá de la hidratación: qué hacemos con lo que los chicos nos confían. Ofrecer un vaso puede ser el comienzo. La prueba del cuidado aparece cuando termina el brindis y tenemos que responder a lo que escuchamos.
¿Qué se propuso en la jornada escolar?
Interrumpir la jornada para que los niños bebieran agua y conversar sobre los resultados.
¿Quién observó mejoras en la conducta?
La directora de la escuela fue quien observó la mejora en la conducta de los niños.
¿Cuándo se notaron los cambios?
Los cambios se notaron un mes después de implementar la pausa para el agua.
¿Dónde se implementó la iniciativa?
La iniciativa se implementó en más de 150 instituciones educativas.
¿Por qué es importante la hidratación?
La hidratación es importante porque afecta el estado de ánimo y algunas funciones cognitivas.
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