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04/06/2026 | 21:28
Redacción Cadena 3
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Piersanti: “Aprendí de los que manejan cosechadoras, ingenieros a cielo abierto”
Juan, usted es uno de los grandes hacedores de la agroindustria nacional desde Noetinger, en el sudeste cordobés. Su apellido hoy es una marca reconocida, al igual que otros nombres propios de la pampa gringa que se han hecho cargo de lo que producen. ¿Cómo fue el inicio de este camino?
Todo comenzó por una decisión personal de hacer trascender el apellido. Solo tengo sexto grado porque no me gustaba estudiar, así que dos años antes de ir al servicio militar entré a trabajar en la fábrica de cosechadoras Araus Hermanos. Al regresar del servicio me reincorporaron y trabajé allí durante 18 años ininterrumpidos. Esa fue mi verdadera facultad; allí aprendí el valor del trabajo y la importancia de acreditarse en una empresa para ser tenido en cuenta.
Usted era operario en una fábrica muy prestigiosa de cosechadoras. ¿En qué momento decidió emprender por su cuenta y abrir un taller propio?
Convocamos a un amigo, que todavía trabaja hoy conmigo en la empresa, y le propuse pedir algún "laburito" para hacer en el galpón de mi padre para ayudar al sueldo de la fábrica. Yo no sabía soldar en ese entonces. Hablamos con un encargado de Araus y, aunque nos cuestionó cómo íbamos a trabajar fuera de hora cumpliendo ya 10 horas en la fábrica, nos dio una oportunidad. Empezamos con una soldadora y una agujereadora, haciendo autopartes como caños de escape y columnas los sábados y domingos.
¿Cómo fue ese proceso de crecimiento mientras mantenía su empleo en la fábrica?
Vimos que el esfuerzo valía la pena porque lo que ganábamos en el taller en una quincena duplicaba el sueldo de la fábrica. Eso nos dio oxígeno para comprar herramientas. Hacíamos las mismas piezas que realizábamos dentro de la empresa, por lo que conocíamos bien la calidad requerida. Nunca leí un plano de ingeniería mecánica; todo lo aprendí en la práctica, escuchando las modificaciones que los mismos contratistas nos pedían.
¿Cuándo llegó el momento de dejar de ser operario para dedicarse de lleno a su propia empresa?
Llegó un momento en que compramos un terreno y levantamos un tinglado. Empecé a contratar empleados exclusivamente para proveer a la fábrica Araus. El 22 de marzo pasado cumplí 40 años desde que salí de la fábrica para dedicarme totalmente a Piersanti. En este crecimiento me apoyé mucho en los operarios que manejan las máquinas, a quienes considero "ingenieros a cielo abierto" porque conviven meses con la cosechadora y saben perfectamente cómo funciona.
Uno de los hitos de su empresa es el desarrollo del sistema de lona o "draper". ¿Cómo surgió esa innovación tecnológica?
Fue gracias a una casualidad. Hace unos 16 años, un funcionario de John Deere pasó por Noetinger buscando a alguien que fabricara 1000 carros. Yo no tenía estructura para eso, pero se largó a llover y se quedó a comer un asado en mi casa. En la sobremesa me dijo que, por nuestra forma de trabajar, estábamos cerca de desarrollar el "draper", un sistema que reemplazaba el sinfín por lonas para la alimentación de la máquina. Esa noche no dormí. Luego consulté a mi amigo Mario Bragachini, del INTA Manfredi, quien me facilitó folletos de Estados Unidos. Piersanti terminó siendo la primera empresa en Sudamérica en fabricar plataformas de lona.
Los industriales de la maquinaria agrícola han pasado por muchas crisis económicas en Argentina. ¿Cuál es su receta para sobrevivir y no bajar los brazos?
La receta es no desmotivarse, apoyarse en el núcleo familiar y actuar con honestidad. Hay que entender que cuando se llega a una meta, en realidad es ahí donde comienza el nuevo desafío, no es momento de relajarse. La pasión por lo que uno hace es lo que te levanta después de cada caída.
Actualmente sus hijas están al frente de la empresa. ¿Fue difícil para usted delegar el mando y entregar las riendas del negocio familiar?
Fue un proceso natural al darme cuenta de que la tecnología avanza por segundo y la vara está cada vez más alta. Las convoqué y les dije que tenían que manejarse ellas porque son humildes y tienen buenas intenciones para proyectar la fábrica. Luciana es abogada y escribana, y Valeria es licenciada en Administración; ambas se educaron y estuvieron involucradas desde chicas. Yo me corrí de la "mesa chica", pero voy todos los días a la fábrica por salud, porque es lo que me gusta.
Usted mencionó una condición fundamental que les puso a sus hijas para que la empresa continuara. ¿De qué se trata?
Les dije que el día que no podamos sentarnos a comer los tallarines un domingo en familia por culpa de la empresa, ese día se termina todo. No hace falta comprar protocolos familiares enlatados; lo importante es mantener el vínculo humano. Si no hay armonía entre hermanos o primos, la empresa no vale nada. En mi casa, por suerte, los domingos sigue habiendo tallarines y el vínculo es permanente.
En cuanto al mercado internacional, ¿hacia qué países están exportando actualmente sus productos?
La primera venta importante fue a Kazajistán. Actualmente tenemos consultas de gran parte del mundo y hemos vendido en Chile, Uruguay, Bolivia, Paraguay y Brasil. También tenemos un equipo de representación en Italia para potenciar las ventas hacia Polonia, Hungría y Sudáfrica.
¿Cómo ve el panorama actual del país y del sector agropecuario?
Políticamente, me pregunto qué otra opción hay, ya vimos la otra alternativa. Me preocupa la caída de la rentabilidad del contratista y del productor, porque los precios se han depreciado y los costos siguen subiendo. El campo ha pagado retenciones insólitas por décadas y, aunque ahora se percibe un intento de acomodar las cosas, es fundamental que aparezca el crédito con tasas razonables, como el 19% que anunció el Banco de Córdoba. Sin crédito no hay motor para el país.
Para concluir, ¿podría recomendarnos una película o libro que le haya gustado?
Libros no he leído casi nunca más que la Biblia, pero tengo una película de vaqueros que vi varias veces y volvería a ver, que se llama "Paloma solitaria".
Entrevista de Sergio Suppo.
¿Quién es Juan y de dónde es?
Juan es un destacado hacedor de la agroindustria nacional desde Noetinger, en el sudeste cordobés.
¿Cuál fue su primer trabajo en la industria?
Trabajó en la fábrica de cosechadoras Araus Hermanos durante 18 años.
¿Qué innovación desarrolló en su empresa?
Desarrolló el sistema de lona o "draper" para la alimentación de máquinas agrícolas.
¿A qué países exporta sus productos actualmente?
Exporta a Kazajistán, Chile, Uruguay, Bolivia, Paraguay, Brasil, Italia, Polonia, Hungría y Sudáfrica.
¿Cuál es su consejo para sobrevivir en la industria?
Mantenerse motivado, apoyarse en la familia y actuar con honestidad ante los desafíos.
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