Ruben Etcheverry y Sergio Suppo.

La Argentina, Hoy

Etcheverry reveló el plan de Neuquén para Vaca Muerta: "Convertir el gas en servicios digitales"

20/10/2026 | 20:15

El titular del Consejo de Planificación y Acción para el Desarrollo de Neuquén analizó el potencial de Vaca Muerta, las inversiones energéticas y los proyectos para impulsar los centros de datos, el turismo y la producción agropecuaria.

Redacción Cadena 3

Neuquén atraviesa una transformación impulsada por Vaca Muerta, pero también tiene el desafío de desarrollar el turismo, la agricultura, la economía del conocimiento y otras actividades productivas. ¿Cómo está pensando la provincia el aprovechamiento de esa riqueza para generar desarrollo?

Como toda actividad humana, tiene un impacto, y tratamos de minimizarlo para que sus consecuencias sean lo más positivas posible. Hoy estamos enfocados en el cuidado del recurso hídrico, además del desarrollo energético. Esto genera tensiones con algunas operadoras, porque no todas tienen los mismos estándares ambientales ni los mismos criterios respecto de la huella hídrica y de carbono. La provincia trabaja en esos aspectos y en cómo lograr que toda esta riqueza y este crecimiento, que no siempre se traducen en desarrollo, se conviertan en bienestar para todos los neuquinos. Esa es nuestra premisa y el propósito que nos encomendó el gobernador: diseñar y planificar el Neuquén Próximo, con una Agenda 2030 y una visión hacia 2050. Hablamos de todos los neuquinos, incluidos quienes están llegando y quienes vendrán atraídos por el crecimiento de Vaca Muerta.

Vaca Muerta fue descubierta hace más de 100 años, pero el fracking permitió extraer sus recursos. ¿Cómo se produjo ese proceso y qué papel tuviste en los primeros años de desarrollo?

Vaca Muerta se fue formando durante millones de años como roca madre. Los primeros geólogos la descubrieron hace aproximadamente un siglo y le dieron ese nombre por una zona cercana a Zapala, en el centro de la provincia, donde aflora en la superficie. En el corazón de Añelo, en cambio, se encuentra a unos 2.200 metros de profundidad. La posibilidad de extraer sus recursos se hizo realidad gracias al fracking, una técnica de estimulación que ya conocía por mi trabajo en Halliburton, cuando recién me había recibido, hace unos 40 años. Lo que cambió fue la presión, la cantidad de agua y los agentes de sostén, como la arena. Esas mejoras permitieron desarrollar un yacimiento en una roca extremadamente poco porosa, a unos 2.000 metros de profundidad.

El segundo hito fue incorporar la perforación horizontal. Antes se perforaba verticalmente para alcanzar una trampa geológica; ahora es necesario crear el yacimiento mediante una perforación que desciende y luego avanza horizontalmente durante dos o tres kilómetros. Esa tecnología se había desarrollado en la actividad offshore. La combinación de ambas técnicas permitió los primeros desarrollos en Estados Unidos entre 2007 y 2008. En aquel momento era difícil convencer a alguien de que se podía extraer petróleo y gas de una roca tan compacta.

¿Cómo lograste que las empresas y los organismos internacionales comenzaran a creer en el potencial de Vaca Muerta?

Todo comenzó a partir de una relación casi casual con una ingeniera que había sido trasladada desde Estados Unidos y trabajaba en Exxon. Ella conocía a Ángel Curet, que estaba a cargo de un área de Shell en Estados Unidos, y me comentó que había alguien que sostenía que en Vaca Muerta existía un recurso similar al que estaban desarrollando allá. Lo invitamos a venir y, después de asumir en Gas y Petróleo de Neuquén, nos explicó el potencial. Poco tiempo después, la Agencia Internacional de Energía de Estados Unidos incluyó a Vaca Muerta entre los recursos potenciales más importantes del mundo. Eso nos dio credibilidad, sobre todo ante las empresas extranjeras.

Las primeras inversiones llegaron de compañías internacionales como Statoil, hoy Equinor, y Shell, entre otras. Las empresas argentinas tardaron entre cinco y diez años más en comenzar a desarrollar ese potencial. Desde la provincia hicimos un esfuerzo para establecer ese puente con los inversores internacionales, porque no encontrábamos suficiente credibilidad a nivel nacional. Ese trabajo permitió atraer las primeras inversiones.

Además de la geología y la tecnología, el desarrollo petrolero requiere decisiones políticas y condiciones que permitan atraer inversiones. ¿Cómo evolucionó ese proceso desde los primeros años hasta 2026?

Mejoró mucho. No se trata solamente de una decisión política o de lo que habitualmente se llama seguridad jurídica, sino también de las condiciones regulatorias. Los inversores necesitan normas estables y que no haya cambios repentinos. El problema no es tanto el riesgo en sí mismo, sino la incertidumbre que generan las modificaciones inesperadas.

En un país que suele ir de un extremo al otro, Vaca Muerta consiguió un consenso político importante. Como ejemplo, los últimos tres candidatos presidenciales —Patricia Bullrich, Javier Milei y Sergio Massa— coincidían en la necesidad de desarrollar el yacimiento. Ese consenso se consolidó en los distintos gobiernos provinciales y nacionales a medida que se comprobó que el potencial podía convertirse en una realidad, con mejoras tecnológicas, mayor eficiencia y más productividad.

Todavía había cuestiones pendientes que hoy se abordan, en parte, mediante el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y la estabilización de la macroeconomía. La tasa de interés resume muchos de esos factores: el costo del dinero, el riesgo, la credibilidad y las expectativas de futuro. El financiamiento tiene un efecto exponencial. Un punto de diferencia en la tasa de interés puede representar un impacto muy importante. Permitir que las empresas locales accedan a tasas más bajas facilita la recuperación de las inversiones y hace viables los proyectos incluso con precios del petróleo superiores a los 50 dólares por barril. Con valores de 110 dólares, la rentabilidad es extraordinaria.

Cuando se observa el mapa de Vaca Muerta, se ven sectores puntuales donde se concentra la explotación. ¿Cuánto falta desarrollar y cuándo podría alcanzarse la explotación plena?

Se suele decir que Vaca Muerta tiene desarrollado el 3%, el 5% o el 8% de su superficie, pero esas cifras no dicen demasiado por sí solas. Hay que comparar las áreas de mayor productividad, conocidas como sweet spots, y su potencial. No es lo mismo producir soja en el Chaco que hacerlo en Pergamino o en la zona núcleo. Con Vaca Muerta sucede algo similar: primero se desarrollan las áreas de mayor potencial.

Además, las reservas y la producción dependen de condiciones técnico-económicas. Es necesario que los recursos puedan extraerse técnica y regulatoriamente. Si una actividad está prohibida por razones ambientales, las reservas y la producción que pueden desarrollarse son cero. También influye el precio. No es lo mismo lo que se puede desarrollar con un barril a 40 dólares que con uno a 100. A mayor precio, aumenta la extensión de las áreas que pueden resultar económicamente viables. Con un barril a 60 o 70 dólares, Argentina puede ser productiva y eficiente, teniendo en cuenta las tasas de financiamiento y las condiciones del RIGI. Además, la productividad sigue mejorando todos los días.

Más allá del petróleo y el gas, el crecimiento de Neuquén genera problemas de tránsito, infraestructura y servicios. ¿Cómo planifican el desarrollo de la provincia para responder a esas necesidades?

Hay tres elementos. El primero es reducir el déficit de infraestructura que recibimos. Cuando comenzó la gestión, el gobernador me encomendó esa tarea y en ese momento me tocó ser ministro de Infraestructura. Había unas 400 obras paralizadas y faltaba infraestructura en distintos lugares. Estamos invirtiendo casi 1.000 millones de dólares por año para actualizar rutas, escuelas, hospitales y servicios, además de atender el déficit habitacional.

A esa deuda de infraestructura se suma la brecha que genera la llegada de más personas y las nuevas demandas. El segundo elemento es la planificación, y el tercero es la transformación productiva.

Desde el comienzo, el gobernador nos pidió acelerar los procesos de transformación que ya estaban en marcha. Nos enfocamos fundamentalmente en tres áreas: el turismo, que ya es la segunda actividad económica de la provincia y creció muchísimo en los últimos años; la producción agropecuaria, concentrada en determinadas zonas, especialmente en los valles neuquinos y el norte, con nuevos vinos y olivares; y la economía del conocimiento.

Mencionaste el recurso hídrico como parte de esa transformación. ¿Cómo puede aprovecharse el agua utilizada en la actividad petrolera para impulsar la producción agropecuaria?

El uso del agua es central para el riego. En ese sentido, la provincia está impulsando cambios a través de un nuevo canon de riego y un decreto que buscan transformar el uso del agua para la estimulación hidráulica y la fractura en proyectos productivos, mediante su reutilización, filtrado u otros procesos.

Cuando comenzó la actividad, el agua se transportaba íntegramente en camiones. Ni siquiera existían las mangueras o los acueductos para distribuirla. En 2012 planteamos una red azul, una infraestructura de distribución diseñada para riego, porque los volúmenes que se utilizan en la irrigación son mucho mayores que los requeridos para el fracking.

La idea es diseñar esas redes para que, una vez perforados los pozos, puedan desarrollarse actividades agrícolas en esas zonas. Ya hay empresas que empiezan a presentar proyectos. Según las características del suelo y del clima, pueden cultivarse sauces para madera, alfalfa y otras producciones.

¿También se podría producir césped para estadios de fútbol, plazas o viviendas?

Sin dudas. Puede destinarse a estadios de fútbol, plazas y viviendas. En ocasiones, las personas necesitan césped de manera inmediata y lo compran en lugar de esperar a que crezca. Son alternativas productivas que también pueden aprovechar los recursos disponibles.

Otra posibilidad vinculada con el gas es la instalación de centros de datos, que aprovechen la energía disponible para procesar información. ¿Qué potencial tiene Neuquén para desarrollar esa industria?

Hace dos años conversamos sobre el tema con el gobernador, que comenzó a proponerlo e invitar a inversores a desarrollar centros de datos en Vaca Muerta. Lo presentó en la OTC, una de las grandes ferias internacionales de la industria energética que se realiza en Houston, destacando las ventajas naturales de Neuquén.

Actualmente, los centros de datos enfrentan un problema energético a nivel mundial. El crecimiento del procesamiento de información y el uso de los hyperscalers generan una demanda cada vez mayor de energía. Necesitan un suministro firme y redundante, fibra óptica y condiciones climáticas favorables, porque la refrigeración representa un componente importante de sus costos. Neuquén tiene un clima fresco y seco, además de otras condiciones que favorecen estos proyectos.

Hemos recibido consultas por casi 15 proyectos. Sam Altman anunció una inversión de 25.000 millones de dólares y una de las posibles localizaciones está en Neuquén. Estamos evaluando zonas como El Chocón, Senillosa, Añelo y otros sectores como posibles emplazamientos de centros de datos, porque reúnen varias de esas condiciones.

Al principio, como ocurrió con Vaca Muerta, no es una tarea sencilla. Sin embargo, ya hay empresas como Vista y Pampa que hicieron anuncios vinculados con proyectos de menor escala. Para tener una referencia, Estados Unidos cuenta con unos 5.000 megavatios de capacidad en este segmento, mientras que Argentina tiene alrededor de 20 megavatios. Un proyecto de 1.000 megavatios, como el que anunció OpenAI, representa una escala muy superior a la capacidad instalada actual del país.

Hay muchos proyectos avanzados, con estudios y aprobaciones. Creemos que esta actividad formará parte de lo que llamamos gas to digital: convertir el gas en energía eficiente mediante ciclos combinados, generar un suministro firme para procesar y almacenar información y vender servicios digitales al mundo o a quienes los necesiten. Se trata de agregar valor al gas neuquino, en lugar de limitarnos a vender moléculas.

El gobernador habló de la llegada de 30.000 nuevos habitantes por año. ¿Cómo puede absorber Neuquén ese crecimiento si todavía tiene déficits de vivienda, servicios y educación? ¿Cómo se planifica ese desafío?

No me habrás escuchado decir que no vengan a Neuquén sin trabajo. Si bien es una expresión que escuchamos del gobernador, creo que, en ocasiones, decirlo puede incentivar a que la gente venga y producir el efecto contrario.

No se trata solamente de argentinos, sino también de extranjeros. Neuquén no tiene fronteras, por lo que no existen muchos casos similares en el mundo. Estamos estudiando todo ese proceso migratorio y tratando de comprender sus consecuencias.

Hay algo que nos genera una alerta: cuando hablamos del bienestar de los neuquinos hacia 2050, nos referimos a todos, incluidos quienes lleguen en el futuro. Neuquén ya tuvo varias corrientes migratorias, aunque las últimas estuvieron vinculadas principalmente con la actividad petrolera. En los últimos dos años, por ejemplo, llegaron trabajadores de otras cuencas, como las del Golfo San Jorge, el Noroeste, la Austral y la Cuyana, donde la actividad venía disminuyendo.

Ahora se suma otro fenómeno: la pérdida de actividad económica en el conurbano, relacionada con la desindustrialización y la caída del comercio, los servicios y la hotelería. Eso hace que algunas personas vean en el campo, la minería y, especialmente, Vaca Muerta una oportunidad.

Estamos trabajando en la capacitación de líderes y en la promoción de discursos que eviten el odio. Neuquén tiene que prepararse no solo para responder a las demandas de vivienda, servicios y hospitales que genera la llegada de nuevos habitantes, sino también para garantizar una integración real.

Nunca se había producido una inmigración tan voluminosa como la actual. Queremos evitar que la falta de integración derive en situaciones de fragmentación social, como las que se observan en otros lugares del mundo. Es una cuestión cultural, además de económica: las comunidades tienen que integrarse, convivir y aprender a conocerse.

Son procesos complejos y lentos. Nuestro objetivo es que Neuquén sea una provincia mucho más integrada, donde quienes llegan terminen sintiéndose neuquinos, como ocurrió históricamente con quienes se radicaron aquí. En muchos casos, incluso se vuelven más fanáticos de la provincia que quienes nacimos en ella.

Para terminar, te propongo una consigna habitual de nuestras entrevistas: recomendar un libro, una película o una serie. Podés elegir una o las tres opciones...

Si se puede, recomiendo las tres. En primer lugar, la Biblia, especialmente el Evangelio de San Juan, que tiene una riqueza enorme. También recomiendo Yeil: las nuevas reservas. El desarrollo de vaca muerta en Neuquén, el libro que escribí junto con Miguel Toledo, un periodista especializado en energía que lamentablemente falleció en 2012, cuando éramos pocos los que hablábamos de Vaca Muerta. Otro libro muy actual es Nexus, de Yuval Noah Harari, que aborda cuestiones especialmente relevantes para la era de la inteligencia artificial y sus riesgos.

En cuanto a películas, recomiendo El francotirador, una película impactante sobre Vietnam que ganó varios premios Oscar. Y, entre las series, elegiría Los Soprano, que fue muy interesante en la etapa previa a Netflix, y Breaking Bad, que marcó un antes y un después en la historia de las series.

Entrevista de Sergio Suppo.

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