Día 9: hablarnos para vivir

Diario de un confinado

Día 9: hablarnos para vivir

24/03/2020 | 09:32 |  

Adrián Cragnolini

Todos los días intento hacer tiempo para llamar, escribir o enviar archivos de audio a familiares y amigos. Lo que más reconforta es la conversación telefónica; me resulta más auténtica e instantánea que las otras opciones.

Y ya si le agregamos el video nos acercamos bastante al contacto directo, ése que tenemos prohibido, el mismo que ahora echamos tanto de menos.

Aunque los chicos estén todo el día con nosotros, y quizás también nuestros mayores, o nos hayamos traído el trabajo a casa, o tengamos que sumar nuevos automatismos para mantenernos y mantener nuestro hogar limpio y desinfectado. A pesar de todas estas cargas, y tal vez por eso mismo, necesitamos apoyar al otro, recostarnos en el otro, compartir nuestras emociones, empatizar con las de los demás.

“El camino de mi vida es el otro”, me dice Héctor Lorenzo desde Roma. Un hermano del alma que me enriquece en cada charla y que refuerza estas convicciones.

De eso se trata, de incrementar en cantidad y calidad las relaciones personales en estos inciertos tiempos de confinamiento. Será probablemente un indicio de las nuevas formas de vida que nos esperan cuando zafemos de estas garras víricas.


Pero hay que estar a la altura eh?

Bastante rico y diverso es nuestro idioma como para que lo reemplacemos con emojis, emoticonos o stickers. Recordemos que estos símbolos han sido creados por otras culturas más áridas en lo expresivo y más reprimidas en lo sentimental. ¿Qué explica sino, que todavía no exista un emoji del abrazo?

Porque no me dirán que “esto” significa “abrazo”

A mí más bien me parece un “quieto ahí, te lo digo sonriendo pero stop”.

Dejemos este popurrí de monosílabos y dibujitos para los portadores de acné juvenil. Ya evolucionarán.

Rodrigo pasa a mi lado, se entera de por dónde voy y me pide un ejemplo:

- Mira – le respondo – si envío un mensaje en Whatsapp tipo “me encanta escribirme contigo y agradezco tu disposición y buen humor”, y recibo por respuesta:

Me darían ganas de mandarlo a la

 por escaso uso de su cerebro.

Se ríe y se va, no logré convencerlo. Tiene 19 añitos el tierno. Paciencia.

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Me despido con esta formidable creatividad de la gente. El encierro nos sigue dando sorpresas

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Hasta mañana!!