Fuera de foco
17/10/2026 | 13:02
Redacción Cadena 3
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El Día de la Madre no nació en un shopping: una historia con una Diosa y el cuidado como regalo
Por Pancho Marchiaro.
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Estaba convencidísimo de que el Día de la Madre era un invento comercial. Yo me la jugaba a que era algo impulsado por la Cámara de Comercio porque, ciertamente, estamos hablando de una de las jornadas de mayores ventas de la Argentina. Después de Navidad, e incluso por encima del Día del Niño, las madres ocupan un lugar privilegiado en el calendario comercial. Que quede claro, además, que los padres estamos cómodos en el cuarto lugar.
Pero lo cierto es que, más allá de los regalos, hay algunas cuestiones interesantes que merecen nuestra atención. Para empezar, desde hace unos años se vienen dando cambios en torno al Día de la Madre. Uno tiene que ver con los regalos: cada vez hay menos electrodomésticos, que suponían una especie de asociación de la madre con la vida en la casa. Así que, afortunadamente, hay menos minipimer y más experiencias.
Por otro lado, también se ha ampliado nuestra manera de entender la maternidad. Porque hay madres que no solamente tienen hijos que salieron de su vientre, sino también aquellos que entraron a su corazón. Y porque hoy convivimos con familias ensambladas, monoparentales y homoparentales que nos invitan a pensar en formas de maternidad distintas de las tradicionales.
En algunos países, incluso, se ha empezado a proponer que en lugar del Día de la Madre se celebre el Día de la Familia. Una iniciativa que busca reducir discriminaciones, pero que también presenta una contradicción interesante: en el intento de incluir a todos, terminamos dejando de lado a las madres en sí mismas.
Y acá aparece otra curiosidad que me llevó a investigar: ¿por qué los argentinos celebramos el Día de la Madre el tercer domingo de octubre, mientras que buena parte del mundo elige otras fechas?
La respuesta tiene una historia bastante más antigua que cualquier shopping y nos obliga a viajar varios siglos hacia atrás.
En la antigua Grecia se veneraba a Rea, considerada la diosa madre, una figura asociada a la maternidad y la protección. Y vaya si tendría trabajo aquella señora, que entre sus hijos estaban pibes tan picantes como Zeus y Poseidón. Andá a educar a esos dos chabones, ¿no?
Aquellas celebraciones antiguas son parte de los antecedentes culturales del homenaje a la maternidad. Muchísimos siglos después, la tradición cristiana le dio otro sentido a esta veneración, con la Virgen María como figura central.
En Argentina, la fecha quedó vinculada con una antigua festividad del calendario católico: la Maternidad de la Virgen María, que se celebraba el 11 de octubre. Con el tiempo, nuestro país conservó octubre como el mes elegido para homenajear a las madres, aunque la celebración terminó estableciéndose el tercer domingo.
Otros países siguieron caminos diferentes. En Estados Unidos, por ejemplo, el Día de la Madre se celebra en mayo y tiene una historia que también me parece fascinante.
Allí aparece Ann Reeves Jarvis, una mujer que después de la Guerra de Secesión impulsó encuentros entre madres y familias que habían quedado enfrentadas por el conflicto. La idea era utilizar los vínculos familiares para reconstruir una sociedad profundamente dividida.
Su hija, Anna Jarvis, retomó ese espíritu y promovió una celebración nacional dedicada a las madres. Después de años de insistencia, en 1914 el presidente Woodrow Wilson proclamó oficialmente el segundo domingo de mayo como el Día de la Madre en Estados Unidos.
Miren qué curioso: una celebración que hoy asociamos inmediatamente con las vidrieras, las promociones y los regalos tiene entre sus antecedentes a una diosa griega con hijos bastante especiales, una tradición religiosa y una mujer que buscaba reconciliar a familias después de una guerra.
Y ahora viene la parte en la que quisiera confesar algo, muy modestamente, sin que se entere la audiencia y mucho menos los periodistas de Cadena 3.
Yo le di bastante trabajo a mi mamá.
Cometí todo tipo de travesuras, no era el mejor alumno del colegio, donde además me portaba pésimo, tenía un montón de peleas, salía hasta tarde y choqué un montón de veces el auto. En definitiva, todo lo que se puede hacer mal, bueno, en cierta medida lo hice.
Por eso, después de recorrer esta historia, me quedé pensando en algo que tiene bastante más valor que los regalos, las tradiciones y las discusiones sobre las fechas.
Dicen que la gratitud nos ayuda a entender mejor lo que nos pasa. Y quizás el Día de la Madre sea, antes que cualquier otra cosa, una buena oportunidad para reconocer todo aquello que muchas veces damos por sentado.
Porque uno puede pasar mucho tiempo buscando el regalo perfecto, pero hay algo que no necesita envoltorio, tarjeta ni promoción especial. Saberse regalado de por vida y agradecer: “gracias, mamá”.
Esta columna está dedicada a vos.
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