Martyn Gilson Clarke, el malvinense que soñó con ser el "9" de Boca.

Un futbolista con un destino trágico

La historia de Martyn Gilson Clarke, el malvinense que soñó con Boca Juniors

01/04/2026 | 11:08

Nacido en Inglaterra y criado en las Islas Malvinas, Martyn Gilson Clarke soñó con jugar en Boca. Sin embargo, su paso por el club estuvo marcado por la polémica y un destino trágico.

Redacción Cadena 3

Buenos Aires, 1 abril (NA) – El 8 de agosto de 1999, en un día típicamente invernal y gris, un joven futbolista amateur de 19 años, nacido en Plymouth, Inglaterra, pero criado en las frías Islas Malvinas, llegó al aeropuerto internacional de Ezeiza. Su sueño era ser el nuevo Martín Palermo, respaldado por Diego Maradona, pero también traía consigo una carga política que se tornó demasiado pesada.

La historia de Martyn Gilson Clarke parece sacada de un guion cinematográfico inédito. Según se conoció, todo comenzó en las canchas de Puerto Argentino, donde un profesor de Oxford y amigo cercano de Diego Armando Maradona, Esteban Cichello Hübner, quedó impresionado por la potencia de aquel delantero que anotaba goles en el torneo de las Islas Malvinas.

Cichello Hübner ingresó con pasaporte italiano a las islas para observar partidos de la liga local. Durante la entrega de la Copa al equipo ganador, conoció a Martyn. Tras una breve charla en la que el joven confesó su deseo de "jugar en un equipo de verdad", Cichello Hübner activó sus contactos. Esa confianza permitió que, años después, llamara a Maradona para informarle: "Tengo a un chico de las islas que la rompe".

Martyn era hijo de Robert Gilson, un ex Royal Marine y veterano del conflicto del Atlántico Sur en 1982, y de Julie Clarke. La pareja se había trasladado a Inglaterra debido a la falta de infraestructura hospitalaria en las Islas para el nacimiento de Martyn, el 27 de abril de 1980.

Julie era la dueña del pub malvinense The Globe Tavern, que también había formado un equipo de fútbol. Allí, Martyn, ya adolescente, jugaba de centrodelantero o defensor, anotando un centenar de goles en la liga local, que era dominada por equipos como Kelpers Celtic, Hard Dics Rangers y Red Sox.

Al llegar a Buenos Aires, Cichello Hübner se dirigió a las oficinas de Boca Juniors, donde pudo hablar con el presidente, Mauricio Macri, quien respondió: "Si es bueno, que venga. Alguien lo va a ver". Martyn recibió el apoyo familiar para cumplir su sueño y se embarcó a Argentina.

La llegada de Clarke sorprendió al ambiente futbolístico local, especialmente en el predio de Casa Amarilla, donde comenzó a entrenarse con varios jugadores de la reserva. Sin embargo, también sintió el acoso de la prensa argentina y británica, que le preguntaban sobre las Malvinas.

“Mi padre combatió en las Malvinas con la Marina Real inglesa. Él estuvo en la guerra, pero yo vivía en Plymouth. Sé que está contento con mi llegada a Boca. Yo me quiero quedar acá. Ese es mi deseo, pero no sé si me van a dejar”, expresó en una de las entrevistas.

La clásica hospitalidad Xeneize se hizo notar, con clases de español y un seguro médico gratuito de por vida proporcionado por el Hospital Británico de Buenos Aires. Además, la prensa destacaba que era el primer jugador proveniente de las Islas Malvinas en unirse a un club argentino, ya que, al considerar Argentina las Islas como parte de su territorio, no necesitaba pasaporte ni visa para trabajar.

Entre luces de Recoleta y el palco de Diego

Clarke se instaló en un departamento de Cichello Hübner en Recoleta y comenzó a entrenar en Casa Amarilla con la cuarta división dirigida por Jorge Bernardo Griffa. Se comparaba con Martín Palermo por su porte físico y juego aéreo, pero lo que más marcó su estadía fue el vínculo humano con Maradona.

Invitado por Claudia Villafañe, Martyn ocupó el mítico palco del "10" en la Bombonera para ver un clásico contra Independiente. Luego, compartieron pizzas y anécdotas. Diego, en un gesto de empatía, le prestó su teléfono celular para que el joven pudiera llamar a su madre en las islas. "Maradona fue muy bueno conmigo. Me dio el coraje para enfrentar todo esto", recordaría Clarke.

Las repercusiones en las Islas Malvinas no tardaron en llegar. El ex entrenador de la selección local, Patrick Watts, calificó la aventura de Clarke como "un ejercicio de propaganda de su madre", mientras que otros lo tildaban de traidor. La prensa británica seguía cada paso de Clarke con el título "Playing for the Enemy" (Jugando para el enemigo) y prometía realizar una película sobre su vida. Martyn, ante el asedio periodístico, se comparaba con Palermo: "No soy tan bueno como él, pero soy fuerte y tengo buen cabezazo", decía tímidamente.

En esos meses, Clarke vivió una realidad paralela. Se entrenaba en Casa Amarilla, comía asado, aprendía a tomar mate y compartía pizzas con Maradona, quien le prestaba su celular para que pudiera hablar con su madre.

Sin embargo, el sueño comenzó a desmoronarse rápidamente. Una distensión en el muslo derecho, sufrida tres semanas después de su llegada, lo dejó fuera de ritmo justo cuando Boca, dirigido por Carlos Bianchi, volaba en la liga. Tras ser desafectado por el club, intentó probarse en Defensores de Belgrano y El Porvenir, pero sin éxito. El brillo se había apagado.

Después de seis meses, regresó a Puerto Argentino, donde fue recibido de manera hostil. Sus vecinos lo llamaron "traidor" por haber "jugado con el enemigo". Se sintió utilizado por la prensa y la política, un peón en una campaña de propaganda que lo dejó en un limbo emocional. La prensa británica continuó titulando su historia como "Playing for the Enemy", un estigma que lo perseguiría por años.

Entre EE.UU., Inglaterra y la gloria en los Island Games

A pesar del fracaso en Buenos Aires, Clarke continuó su carrera en ligas menores. Jugó en el Connecticut Wolves de la Segunda División de EE.UU. en 2001, pero una rotura de ligamentos en la rodilla derecha truncó su progreso. Entre 2002 y 2004, formó parte del Brentwood Town en Inglaterra, manteniendo un perfil bajo lejos de los flashes argentinos.

Clarke encontró su redención defendiendo los colores de la Selección de las Islas Malvinas en los Island Games, un torneo internacional para territorios insulares. Participó en las ediciones de 2005, 2009 y 2013, convirtiéndose en un referente histórico para su comunidad, anotando goles memorables ante Saaremaa (Estonia) y Åland (Finlandia).

Su última gran actuación fue en 2013, anotando el primer gol en una victoria por 6 a 0 contra Frøya (Noruega), lo que le aseguró a su selección el tercer puesto y la medalla de bronce. Fue un cierre perfecto para una carrera que comenzó en el amateurismo, pasó por el palco de Maradona y terminó dándole una alegría a su tierra.

El destino de Martyn se selló con una sombra. En diciembre de 2022, a los 42 años, el hombre que había hecho soñar a la Bombonera decidió quitarse la vida. La noticia, confirmada por su familia meses después, dejó un vacío en quienes recordaban aquel 1999 como un breve momento de ilusión donde el fútbol pareció estar por encima de la guerra.

Antes de su muerte, Clarke manifestó la necesidad de contar su "verdadera y profunda" historia para encontrar tranquilidad. Hoy, su nombre queda en los libros como el joven que trotaba en el viento del sur y que, por un semestre, creyó que el mundo era una pelota rodando en el pasto de Casa Amarilla.

La noticia del fallecimiento de Martyn Gilson-Clarke a finales de 2022 no solo sacudió a la comunidad de Puerto Argentino, sino que resonó en Londres con nostalgia y melancolía. El joven que la prensa británica había calificado de "peón" y "traidor" en 1999 fue despedido dos décadas después como un hombre que cargó con una cruz demasiado pesada.

La reacción de la prensa británica en 2022: el "Ángel caído"

A diferencia de la cobertura agresiva de los años 90, los medios británicos trataron el deceso de Martyn con sensibilidad. The Guardian, que acuñó la frase "Playing for the Enemy", publicó una nota reflexiva destacando que Martyn no había sido un traidor, sino un pionero de la reconciliación nacido en el momento equivocado. Lo describieron como un hombre que “luchó contra demonios que no eran suyos”, en referencia a la presión política que sufrió de ambos lados del Atlántico.

BBC News centró su obituario en su legado deportivo local, recordándolo como el máximo goleador histórico de las islas. El tono ya no era de sospecha, sino de respeto por el hombre que, tras el ruido de Maradona y Macri, regresó al silencio de las islas para trabajar y formar una familia.

Tras su muerte, el Globe Tavern se convirtió en un santuario improvisado. En sus paredes cuelgan fotos de Martyn con la camiseta de la selección de las islas y recortes de su paso por Boca Juniors. Para los parroquianos, Martyn ya no era el "chico de Boca", sino el capitán que les dio la medalla de bronce en 2013.

El homenaje más potente no ocurrió en un diario de Londres, sino en el césped sintético de las islas. Durante la Copa Harry Ford, la liga local detuvo su actividad para un minuto de silencio que fue descrito como "sepulcral".

“Se fue el mejor que alguna vez pateó una pelota en este suelo”, comentó un veterano de la liga local al diario Penguin News.

Aquel silencio fue la disculpa colectiva de una comunidad que alguna vez lo juzgó con dureza. Martyn murió siendo un hombre de las islas, respetado por su ética de trabajo en su empresa de mensajería (MGCCourier) y su compromiso con el seleccionado local.

¿Por qué nunca se filmó "Jugando para el enemigo"? En 2002, The Guardian anunció que la vida del "Kelper de Boca" llegaría a la gran pantalla. Con el título "Playing for the Enemy" y un protagonista de renombre, el proyecto prometía ser el "Rocky" de la diplomacia de posguerra. Sin embargo, presiones políticas y la compleja realidad de Martyn terminaron por sepultar el filme en el olvido.

El elegido para interpretar a Martyn Clarke no era un actor cualquiera. Se trataba de Martin Compston, quien había saltado a la fama mundial con el director Ken Loach en Sweet Sixteen. Compston tenía la particularidad de haber sido futbolista profesional antes de ser actor, lo que lo hacía perfecto para el papel.

La prensa británica, especialmente The Guardian y The Times, destacaron que Compston era el único capaz de capturar la dualidad del personaje: la destreza física de un delantero y la vulnerabilidad de un joven de 19 años atrapado en una red geopolítica. El guion se centraba en el choque cultural de un chico criado en el pub Globe Tavern rodeado de veteranos de la Marina Real como su padre, que de repente se encontraba desayunando con Maradona.

The Guardian presionó sobre la narrativa de la película, describiendo la trama como un drama de lealtades divididas. Los tabloides cuestionaban cómo Julie Clarke había permitido que su hijo se convirtiera en la cara de una campaña de "seducción" argentina.

Para los medios británicos, el filme no iba a ser una comedia deportiva, sino un estudio sobre la identidad y la traición. "Es la historia de un peón que se cree rey por un día", sugería una columna de opinión en The Independent. La prensa resaltaba que el clímax de la película no sería un gol en la Bombonera, sino el regreso de Martyn a las islas, donde el silencio de sus vecinos lo esperaba tras su aventura porteña.

A pesar de tener un director interesado, un protagonista de renombre y un guion terminado, el proyecto se estancó en preproducción. La falta de financiamiento internacional y el temor de inversores británicos a que la película fuera vista como "pro-argentina" en un contexto de sensibilidad por las Islas Malvinas fueron determinantes.

Con el tiempo, el propio Clarke comenzó a distanciarse de su imagen mediática. En entrevistas, confesó sentirse "utilizado" por Boca y quienes querían lucrar con su historia. "Fui una víctima de una campaña sucia", llegó a declarar a la BBC, lo que enfrió el interés de los productores por una historia con final "feliz".

Mientras el guion hablaba de gloria, la carrera real de Martyn se desvanecía entre lesiones y el fútbol regional en Brentwood Town. La prensa británica perdió interés cuando el "Maradona de las Malvinas" terminó jugando en campos de barro ante unos pocos cientos de personas.

AgenciaNA

Lectura rápida

¿Quién fue Martyn Gilson Clarke?
Un futbolista malvinense que soñó con jugar en Boca Juniors y tuvo un paso breve y polémico por el club.

¿Cuál fue su sueño?
Ser el nuevo Martín Palermo y destacar en el fútbol argentino.

¿Qué le sucedió en Boca?
Clarke sufrió una lesión y fue desafectado, enfrentando críticas y acusaciones en su regreso a las Islas Malvinas.

¿Cómo fue su vida después de Boca?
Continuó su carrera en ligas menores en EE.UU. e Inglaterra, y se convirtió en un referente en la selección de las Islas Malvinas.

¿Qué pasó con su vida personal?
En diciembre de 2022, a los 42 años, Clarke se quitó la vida, dejando un legado complicado en su comunidad.

[Fuente: Noticias Argentinas]

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