Cuadro de situación
02/09/2026 | 07:22
Redacción Cadena 3 Rosario
Sergio Berensztein
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La política exterior, zona de confort de gobiernos debilitados
Muchas veces no seguimos con la atención necesaria el día a día de la política exterior. Estos días, sin embargo, todos estamos mirando hacia Malvinas, especialmente después del anuncio de una cadena nacional del presidente Javier Milei. La expectativa está puesta en qué va a decir, qué puede anunciar y, sobre todo, qué hay detrás de las versiones sobre un eventual cambio en la posición de Estados Unidos respecto del histórico respaldo británico sobre la soberanía de las islas.
Yo quiero detenerme en una cuestión más amplia: la relación entre política exterior y gobiernos que atraviesan dificultades internas. Porque esto no es nuevo. Muchas veces, cuando un presidente tiene problemas en su país, busca en el escenario internacional una posibilidad de recuperar iniciativa, mostrarse activo, presidencial y, de alguna manera, tomar un poco de aire. Es un clásico de la política internacional y también de la política argentina.
Lo vimos con Raúl Alfonsín cuando, hacia 1987 y 1988, la situación doméstica comenzó a complicarse seriamente. La política exterior se convirtió entonces en una herramienta para recuperar protagonismo. Alfonsín se involucró fuertemente en el conflicto centroamericano, en el Grupo Contadora y en la transición democrática de Chile. Su canciller, Dante Caputo, tuvo un papel muy activo y el gobierno argentino buscó construir liderazgo regional. ¿Eso tuvo un gran rédito electoral interno? No demasiado, pero el intento de recuperar iniciativa estuvo claramente presente.
También lo vimos con Carlos Menem. En los últimos años de su gobierno, cuando aparecieron las dificultades vinculadas con la re-reelección, Menem intensificó su actividad internacional. La incorporación de la Argentina al G20, sus viajes y la búsqueda de una mayor presencia internacional formaban parte de una estrategia para mostrar un país integrado al mundo. Incluso hubo una enorme actividad diplomática alrededor de Estados Unidos y de otros actores internacionales mientras internamente se discutía el futuro político del presidente.
Algo parecido ocurrió con el kirchnerismo. Néstor Kirchner, ya fuera de la Presidencia, intentó recuperar protagonismo regional con su participación en las gestiones para lograr la liberación de Ingrid Betancourt en Colombia, en 2008, después del conflicto con el campo. Cristina Kirchner también utilizó muchas veces la política exterior como una plataforma de posicionamiento. Lo interesante es que, en general, los presidentes intentan capitalizar políticamente esas acciones, pero no siempre lo consiguen.
Esto tampoco es exclusivamente argentino. Bill Clinton, por ejemplo, invirtió enormes cantidades de capital político en las negociaciones entre Israel y Palestina en Camp David, hacia el final de su mandato. Lo hizo cuando su agenda doméstica estaba prácticamente agotada y buscaba una suerte de gran acuerdo internacional. Finalmente, las negociaciones fracasaron. Pero la política exterior fue utilizada como una forma de recuperar iniciativa cuando la política interna ya no ofrecía demasiado margen.
Entonces, ¿por qué Malvinas y por qué ahora? El gobierno de Milei siempre tuvo una posición que, en principio, buscaba evitar la confrontación directa con el Reino Unido y apostar al diálogo y a la cooperación. La idea era que una Argentina alineada con Occidente, con vínculos fuertes con Estados Unidos y con el Reino Unido, podía generar condiciones para avanzar eventualmente en una negociación. Incluso existía la fantasía de que una presencia más importante de Estados Unidos en el Atlántico Sur podía acercar posiciones.
Pero en el camino pasaron muchas cosas. La relación de Estados Unidos con sus aliados tradicionales se deterioró, la OTAN atravesó enormes tensiones, quedaron los fracasos de Irak y Afganistán y aparecieron nuevas guerras que modificaron el mapa estratégico. Por eso, hoy hay que mirar con mucho cuidado cualquier señal proveniente de Washington.
Y acá aparece Donald Trump. La palabra del presidente estadounidense tiene peso, pero también sabemos que Trump dice muchas cosas, cambia de posición, provoca y negocia simultáneamente. Por eso, frente a un comentario suyo sobre Malvinas, yo tendría cautela. Puede haber detrás una estrategia con el Reino Unido, una negociación comercial o simplemente una declaración destinada a generar impacto. No necesariamente estamos frente a un cambio de política exterior de Estados Unidos sobre la cuestión de las islas.
Por eso también me pregunto si amerita una cadena nacional. Si el Presidente utilizara regularmente las cadenas para explicar los avances de su gobierno, su política exterior y las distintas cuestiones estratégicas del país, sería fantástico. Pero utilizar una cadena nacional a partir de un comentario al pasar de Trump me parece, por lo menos, demasiado. Malvinas merece una política de Estado, no solamente una reacción coyuntural.
Y hay algo más que me preocupa. La Argentina tiene relaciones extrañas con sus principales socios. Brasil es nuestro principal socio estratégico y, sin embargo, la relación con el gobierno de Lula está atravesada por una confrontación política permanente. Con España tenemos una relación histórica y cultural enorme, pero Milei mantiene un vínculo muy particular con el gobierno de Pedro Sánchez. Y con China sucede algo todavía más contradictorio: el Presidente se muestra fuertemente alineado con Estados Unidos, pero al mismo tiempo logró destrabar inversiones chinas muy importantes en las represas de Santa Cruz y China continúa siendo un actor central en inversiones vinculadas al litio y otros sectores.
Incluso con China hubo episodios de tensión provocados por declaraciones de funcionarios argentinos que generaron respuestas formales desde Beijing. Y esto muestra que la política exterior argentina todavía carece de una estrategia integral y consensuada. El Presidente tiene una visión del mundo muy definida, pero la Argentina necesita algo más que la visión de un gobierno: necesita un plan estratégico de inserción internacional que pueda sostenerse más allá de los cambios electorales.
Por eso creo que la cuestión Malvinas debe ser abordada con enorme responsabilidad. Es un tema que está en nuestra Constitución, forma parte de nuestra historia y de nuestra identidad, pero que no puede quedar atrapado en una disputa coyuntural. Después de 1982 nunca conseguimos encauzarlo de una manera lógica y sostenida. Y, curiosamente, el Mundial volvió a poner a Malvinas en el centro de la cultura popular argentina, a partir de aquel famoso trapo que convirtió nuevamente el tema en una causa que nos une.
Mi conclusión es que el mundo se está volviendo cada vez más importante para la Argentina y que la política exterior puede ser una herramienta extraordinaria para recuperar iniciativa. Pero no debería convertirse en una zona de confort para un gobierno que tiene una agenda doméstica cada vez más pesada y una sociedad que empieza a mostrar signos de fatiga. Milei puede buscar oxígeno afuera, puede mostrarse activo y presidencial, pero tarde o temprano tiene que volver a resolver los problemas internos.
Malvinas merece una política seria, paciente y estratégica. Y la Argentina necesita, además, una política exterior que no dependa exclusivamente de quién ocupa la Casa Rosada. Podemos discutir si hay que acercarnos más a Estados Unidos, a China, a Europa o a Brasil, pero lo que no podemos seguir haciendo es cambiar de estrategia cada vez que cambia el gobierno. Si queremos recuperar protagonismo internacional, primero tenemos que saber qué país queremos ser y qué intereses queremos defender. Ese debate, lamentablemente, todavía está pendiente.
¿Cuál es el tema central del artículo? La relación entre la política exterior y los problemas internos de los gobiernos, enfocándose en el caso de Malvinas y el gobierno de Javier Milei.
¿Qué ejemplos históricos se mencionan? Se mencionan a Raúl Alfonsín, Carlos Menem y el kirchnerismo como presidentes que utilizaron la política exterior para recuperar protagonismo en momentos de crisis interna.
¿Qué postura tiene el gobierno de Milei respecto a Malvinas? El gobierno de Milei busca evitar la confrontación directa con el Reino Unido y apostar al diálogo y la cooperación.
¿Qué advertencia se hace sobre las declaraciones de Trump? Se sugiere tener cautela ante los comentarios de Donald Trump sobre Malvinas, ya que pueden no reflejar un cambio real en la política exterior de Estados Unidos.
¿Cuál es la conclusión sobre la política exterior argentina? Se concluye que la Argentina necesita una política exterior seria y estratégica que no dependa de los cambios de gobierno y que aborde temas como Malvinas con responsabilidad.
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