Cuadro de situación
24/08/2026 | 07:33
Redacción Cadena 3 Rosario
Sergio Berensztein
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La ansiedad de la política y los mercados frente a la incertidumbre electoral
Estamos transitando agosto de 2026 y, aunque todavía falta más de un año para las elecciones de 2027, en la Argentina ya estamos viviendo en clave electoral. Y lo más llamativo no es solamente que la política haya empezado a moverse antes de tiempo. Lo verdaderamente preocupante es la ansiedad que esto está generando en los mercados, en los inversores y en buena parte del sistema económico.
Las elecciones siempre generan incertidumbre. Es lógico: nadie sabe con absoluta certeza quién va a ganar, cómo se va a configurar el poder ni qué políticas va a implementar el próximo gobierno. Pero una cosa es esa incertidumbre natural y otra muy diferente es que, faltando un año y dos meses, ya estemos discutiendo qué puede pasar con el dólar, las tasas, las inversiones y la continuidad del programa económico.
¿Por qué ocurre esto? Yo veo, al menos, tres razones. La primera tiene que ver con el desgaste que empiezan a mostrar algunos indicadores que el mercado sigue con mucha atención. Hay encuestas, por supuesto, pero también existen índices de confianza que tienen una trayectoria mucho más extensa. El índice de confianza del consumidor y el índice de confianza en el gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella están mostrando, junto con algunos estudios como los de Atlas, una caída en la valoración de la sociedad y una cierta fatiga frente a las reformas impulsadas por el gobierno de Javier Milei.
Y esto abre una pregunta que para mí es central: ¿qué pasa con las políticas económicas si después de las elecciones existe una alternancia? Nadie puede responderla hoy. Pero justamente porque nadie puede responderla, algunos inversores prefieren esperar. Tenemos el RIGI, tenemos demanda internacional y tenemos sectores con enormes oportunidades para invertir en la Argentina. Sin embargo, hay proyectos que se postergan porque quienes tienen que poner capital quieren saber si las reglas van a continuar después de 2027.
Este es un problema histórico de nuestro país. Argentina tiene una tradición de péndulos, de cambios bruscos de rumbo, de políticas que duran mientras dura un gobierno y después son reemplazadas por otras completamente diferentes. Entonces, cuando un inversor mira la Argentina, no solamente se pregunta cuánto puede ganar. También se pregunta qué va a pasar con las reglas dentro de tres, cinco o diez años.
Pero hay un segundo elemento todavía más importante: no solamente importa quién va a ganar las elecciones. Importa muchísimo cómo llegamos a esas elecciones.
Porque el mercado está tratando de anticipar posibles episodios disruptivos durante el proceso electoral. ¿Qué pasa con el tipo de cambio si aumenta la incertidumbre? ¿El Gobierno va a sostenerlo? ¿Qué va a hacer con las tasas de interés? ¿Va a priorizar defender el peso aunque eso tenga consecuencias sobre la actividad económica? ¿Qué va a pasar con la mora, con el crédito y con el consumo?
Ya vimos el año pasado cómo funciona esta dinámica. Frente a una corrida, el Gobierno puede aumentar fuertemente las tasas para desalentar las apuestas contra el peso. Puede conseguir que quienes apostaron a una devaluación terminen perdiendo dinero si el Gobierno logra atravesar la tormenta. Entonces, lo que preocupa al mercado no es solamente el resultado electoral de 2027. Es todo lo que puede suceder en los meses anteriores.
Y a eso se agrega algo todavía más básico: ni siquiera tenemos completamente definidas las reglas del juego. No sabemos con certeza cómo se va a votar, qué va a pasar con las PASO, quiénes van a ser los candidatos, si el peronismo concurrirá unido o dividido, si habrá una alianza entre distintos sectores opositores o si aparecerá una tercera alternativa.
Todo eso genera incertidumbre. Y cuando la incertidumbre aumenta, los actores económicos se vuelven defensivos. No necesariamente porque crean que la Argentina va a fracasar, sino porque ya aprendieron, a fuerza de golpes, que en nuestro país las cosas pueden cambiar muy rápido.
Hay además un tercer elemento que no considero el más importante, pero que tampoco podemos ignorar: el contexto internacional y, particularmente, lo que ocurra con tres aliados relevantes del Gobierno argentino: Donald Trump en Estados Unidos, Jair Bolsonaro en Brasil y Benjamin Netanyahu en Israel.
En el caso de Estados Unidos, para mí está la clave. Todos recordamos lo que ocurrió durante la corrida del año pasado. El respaldo del Tesoro norteamericano fue decisivo. No necesariamente por el volumen de dinero involucrado, sino por la señal política. El mensaje de que Estados Unidos estaba dispuesto a respaldar a la Argentina alcanzó para calmar una situación que podía haberse complicado muchísimo.
Entonces aparece una pregunta inevitable: si Trump enfrenta una elección de medio término complicada el 4 de noviembre, ¿qué capacidad tendrá posteriormente para volver a respaldar a la Argentina si nuestro país enfrenta una nueva turbulencia?
Con Brasil la situación es diferente. Allí lo que está en juego es también la orientación política de la región. Tenemos elecciones y cambios políticos en distintos países latinoamericanos y habrá que observar si esta tendencia hacia opciones de derecha se consolida o empieza a revertirse.
Milei fue, en cierto sentido, el que inició este nuevo ciclo político regional. Por eso un eventual triunfo de Bolsonaro tendría una lectura particular. Pero tampoco necesariamente sería malo para Milei un triunfo de Lula. Al contrario: le permitiría mantener a Brasil como un adversario político y continuar con esa confrontación que forma parte de su identidad.
Y en el caso de Israel, le asignaría una importancia relativa menor. Milei tiene una posición muy definida respecto de Israel y todo indica que seguirá siendo un aliado firme, independientemente de los movimientos electorales que se produzcan allí. Israel también considera a Milei un aliado particularmente importante en un contexto internacional muy complejo.
Por eso, si tengo que ordenar las preocupaciones, pondría primero el proceso electoral argentino, después la capacidad de Estados Unidos y particularmente de Trump para respaldar a nuestro país si vuelve a producirse una crisis, y recién después los movimientos políticos de Brasil e Israel.
En definitiva, lo que estamos viendo hoy es una combinación de incertidumbre electoral, ansiedad financiera y memoria histórica. La Argentina ya tuvo demasiadas correcciones violentas alrededor de procesos electorales. Los mercados lo recuerdan. Los inversores lo recuerdan. Los empresarios lo recuerdan. Y por eso reaccionan antes de que ocurra el problema.
Hay probablemente una dosis de exageración. Falta muchísimo para 2027 y todavía pueden pasar infinidad de cosas. Pero tampoco podemos ignorar la explicación de esta ansiedad. Cuando una sociedad se quema muchas veces con la misma leche, después ve una vaca y llora.
Y eso es exactamente lo que está pasando hoy. El mercado no solamente está tratando de adivinar quién va a ganar las elecciones de 2027. Está tratando de anticipar qué puede pasar con la economía argentina antes, durante y después de esa elección.
El verdadero desafío, entonces, no es solamente ganar una elección. Es conseguir que, cuando llegue el momento de votar, el futuro económico de la Argentina no dependa exclusivamente del resultado de esa elección. Porque si seguimos necesitando saber quién gana para saber qué reglas tendremos mañana, el problema no será solamente electoral. Será, una vez más, institucional.
¿Qué se está viviendo en Argentina en agosto de 2026? Se está transitando un clima electoral anticipado que genera ansiedad en los mercados y el sistema económico.
¿Cuáles son las razones de esta ansiedad? Las razones incluyen el desgaste de indicadores económicos, la incertidumbre sobre las políticas post-eleccionarias y el contexto internacional.
¿Qué preocupa a los inversores respecto a las elecciones de 2027? Los inversores se preocupan por la continuidad de las reglas económicas y la posibilidad de cambios abruptos tras las elecciones.
¿Qué rol juega el contexto internacional en la situación argentina? El contexto internacional, especialmente el respaldo de Estados Unidos y la situación política en Brasil e Israel, influye en la percepción de estabilidad económica.
¿Cuál es el verdadero desafío para Argentina según el artículo? El desafío es que el futuro económico no dependa exclusivamente del resultado electoral, sino de un marco institucional estable.
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