El último debate legislativo acabó con disturbios.

Cuadro de situación

Errores no forzados del Gobierno en su intento por retomar la iniciativa política

07/08/2026 | 07:10

 

Redacción Cadena 3 Rosario

Sergio Berensztein

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Errores no forzados del Gobierno en su intento por retomar la iniciativa política

La sesión de ayer en el Congreso dejó mucho más que una votación ajustada. Expuso, una vez más, las dificultades que tiene el Gobierno para recuperar la iniciativa política después de varios meses en los que quedó atrapado en errores propios. La aprobación de la ley de propiedad privada llegó, es cierto, pero lo hizo a costa de resignar buena parte del proyecto original. Cuando un gobierno debe retirar capítulos enteros para conseguir una mayoría, obtiene una victoria formal, pero también deja al descubierto sus limitaciones.

Durante las últimas semanas el oficialismo intentó cerrar definitivamente un ciclo de desgaste que comenzó con el episodio protagonizado por Manuel Adorni. Fueron meses en los que el Gobierno se vio envuelto en discusiones innecesarias, perdiendo tiempo y capital político. La apuesta era clara: volver a instalar una agenda propia apoyándose en la actividad parlamentaria, en la presencia internacional del presidente y en la expectativa de una recuperación económica que terminara fortaleciendo su imagen.

Sin embargo, la realidad volvió a imponer sus condiciones. La economía muestra indicadores positivos en algunos sectores, pero la mayoría de los argentinos todavía no percibe esa recuperación en su vida cotidiana. La actividad continúa muy desigual y, como advirtió incluso Miguel Ángel Broda, una gran parte del aparato productivo permanece estancado. Cuando la experiencia diaria contradice el relato oficial, ningún discurso alcanza para modificar la percepción social.

En el plano internacional tampoco aparecieron las buenas noticias que el Gobierno esperaba. El conflicto diplomático con Brasil terminó convirtiéndose en un problema de una magnitud que muchos todavía no terminan de dimensionar. No es un episodio menor. Brasil es el principal socio comercial de la Argentina y deteriorar esa relación implica asumir costos políticos y económicos que pueden sentirse durante mucho tiempo.

Mientras tanto, la gira presidencial por distintos países de la región perdió protagonismo. Lo que debía servir para fortalecer la imagen internacional de Javier Milei quedó eclipsado por la tensión con Brasil y, además, por la confirmación de la visita del papa León XIV a la Argentina. Un acontecimiento que debería unir terminó rápidamente atravesado por la disputa política y por las diferencias ideológicas entre el Gobierno y buena parte de la Iglesia.

Frente a ese escenario, el Congreso aparecía como el espacio ideal para recuperar protagonismo. Pero allí también surgieron las dificultades. Paradójicamente, cuando La Libertad Avanza tenía una representación legislativa mucho menor lograba construir acuerdos con mayor facilidad. Hoy dispone de más bancas, pero encuentra más obstáculos para aprobar sus iniciativas.

La explicación no está solamente en la oposición. También tiene que ver con un problema de confianza. Muchos gobernadores y legisladores ya no creen en los compromisos asumidos por el Poder Ejecutivo. Las promesas incumplidas, las tensiones permanentes y la falta de previsibilidad hacen que los acuerdos resulten cada vez más difíciles de sostener.

Por eso el Gobierno terminó aceptando modificaciones profundas en un proyecto que originalmente pretendía aprobar casi sin cambios. La media sanción llegó, pero el costo político fue elevado. Ceder buena parte del contenido para garantizar los votos significa admitir que la fortaleza parlamentaria sigue siendo mucho menor de lo que el oficialismo imaginaba.

A mi entender, uno de los errores más importantes fue haber adelantado innecesariamente el debate por la reelección presidencial. La sociedad hoy tiene otras preocupaciones. Mientras las familias intentan llegar a fin de mes, mientras las empresas enfrentan incertidumbre y el empleo continúa siendo una preocupación central, instalar la discusión sobre un segundo mandato parece responder más a las necesidades del Gobierno que a las prioridades de los ciudadanos.

Lo mismo ocurre con la llamada batalla cultural. Puede entusiasmar a un sector del oficialismo, pero difícilmente ocupe un lugar central en las preocupaciones de quienes siguen esperando mejoras concretas en su economía. La inflación dejó de ser el único tema dominante. Ahora aparecen con mucha más fuerza el salario, el consumo, la calidad del empleo y la incertidumbre sobre el futuro inmediato.

Los estudios de opinión muestran justamente eso. La principal preocupación dejó de ser cuánto aumentan los precios y pasó a ser cuánto alcanza el ingreso para sostener el nivel de vida. Esa diferencia modifica completamente el escenario político. Los gobiernos no pueden seguir respondiendo con las preguntas de ayer cuando la sociedad ya cambió sus prioridades.

También me llama la atención el modo en que se organiza el funcionamiento interno del Gobierno. El presidente dedica buena parte de su tiempo a actividades internacionales o a debates ideológicos, mientras muchas de las negociaciones políticas quedan delegadas. Gobernar requiere presencia permanente, diálogo constante y capacidad para construir consensos. Ninguna de esas tareas puede resolverse únicamente desde la distancia.

La figura del jefe de Gabinete, que en algún momento parecía destinada a convertirse en el gran articulador político, también perdió visibilidad. Esa ausencia se siente especialmente cuando llegan las votaciones importantes. Los acuerdos no aparecen por generación espontánea; requieren conversaciones, confianza y trabajo cotidiano.

El traspié legislativo de esta semana debería servir como una señal de alerta. No alcanza con responsabilizar siempre a la oposición cuando los proyectos encuentran resistencia. La política exige planificación, negociación y una lectura precisa del contexto. Quien gobierna debe asumir que los errores propios también tienen consecuencias.

Todavía hay tiempo para corregir el rumbo. El oficialismo conserva herramientas importantes y mantiene un respaldo electoral considerable. Pero ese capital político no es infinito. Cada error no forzado debilita la capacidad de conducción y hace más complejo alcanzar los objetivos que el propio Gobierno se propone.

Por eso creo que la principal enseñanza de lo ocurrido ayer es sencilla. Recuperar la iniciativa política no depende solamente de presentar proyectos o de instalar nuevos temas en la agenda. Depende, sobre todo, de escuchar a la sociedad, reconstruir confianza y entender que gobernar implica mucho más que señalar culpables. Cuando un gobierno aprende de sus errores, fortalece su liderazgo. Cuando insiste en repetirlos, termina pagando un costo que tarde o temprano aparece en las urnas.

Lectura rápida

¿Qué ocurrió en el Congreso? La sesión expuso las dificultades del Gobierno para recuperar la iniciativa política tras una votación ajustada sobre la ley de propiedad privada.

¿Quién protagonizó el desgaste del Gobierno? El desgaste comenzó con el episodio protagonizado por Manuel Adorni.

¿Cuándo se evidenció la falta de confianza en el Gobierno? La falta de confianza se evidenció en las últimas semanas, dificultando los acuerdos con gobernadores y legisladores.

¿Dónde se sintió la tensión política recientemente? La tensión política se sintió en la relación con Brasil, el principal socio comercial de la Argentina.

¿Por qué es importante escuchar a la sociedad? Escuchar a la sociedad es clave para recuperar la iniciativa política y reconstruir confianza, lo que fortalecerá el liderazgo del Gobierno.

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