Mundial 2026
19/07/2026 | 07:00
Redacción Cadena 3
Ignacio García Iturriza
Desde que Lionel Messi se arrodilló en la mitad de la cancha del estadio de Atlanta y Argentina consumó una remontada histórica frente a Inglaterra, pensé que finalmente la prensa europea colocaría al campeón del mundo en el lugar que le corresponde. Pero ocurrió exactamente lo contrario.
Una vez más, redujeron nuestro fútbol a "simples artimañas". Esa identidad sudamericana que nos distingue y que, entre otras cosas, explica por qué Argentina sigue compitiendo en la élite, pareciera incomodarlos. Les cuesta aceptar que, aun con diferencias económicas y estructurales evidentes, seguimos sentándonos en la misma mesa. Miran al talento, sí, pero casi siempre desde una lógica individual. Les resulta más difícil comprender al equipo.
Hay un relato que se repite Mundial tras Mundial.
Sin ir más lejos, Michael Owen intentó explicar el recorrido argentino apelando a la fortuna. "Tuvieron mucha suerte en el camino hacia las semifinales", afirmó. Y profundizó: "Les costó Cabo Verde, Egipto, Suiza y le ganaron a Inglaterra con un gol al final. No impresionaron mucho en el Mundial; España sí. España es mucho mejor que Argentina y espero que gane el Mundial".
Tampoco faltan quienes cuestionan las formas. Aymeric Laporte, defensor de España y nacido en Francia, sembró dudas sobre la permisividad arbitral hacia la Selección y, de paso, definió a su equipo como uno "limpio".
"En los últimos partidos hemos visto cosas que realmente nos han sorprendido, incidentes que han sido ignorados. Especialmente con Argentina, que es un equipo que deja muchos mensajitos con sus entradas. Eso no debería permitirse en competiciones como esta, porque puede sacarte de tu juego y hacerte perder los nervios. Forma parte del trabajo del árbitro controlar estas situaciones. Desde el inicio del torneo, hemos sido un equipo bastante limpio en ese aspecto. No somos el tipo de equipo que va pateando a los rivales o cometiendo faltas imprudentes", sostuvo.
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Resulta, cuanto menos, llamativo que estas declaraciones aparezcan en la previa de una final. Más aún si se tiene en cuenta que el árbitro designado, el esloveno Slavko Vincic, dirigió a España en cinco ocasiones sin conocer la derrota, mientras que su único antecedente con Argentina fue aquella caída ante Arabia Saudita en Qatar 2022. Cada uno juega el partido como puede. Algunos lo hacen dentro de la cancha; otros, también, delante de un micrófono.
La lista no termina allí. Un presentador de la televisión española llegó incluso a afirmar que el juego argentino es inferior. "Su fútbol es el de dar patadas y presionar al árbitro. Inglaterra le regaló el partido a Argentina", sentenció Gonzalo Miró.
Está claro: vuelven a subestimar al campeón del mundo.
Verán, este grupo tiene algo difícil de explicar. Es una sensación de plenitud. En mis treinta años, jamás había experimentado algo semejante alrededor de una selección argentina. Mi infancia estuvo marcada por frustraciones futboleras. La ilusión siempre era la misma, pero casi siempre terminaba escapándose con el correr de los partidos. Incluso en 2014, cuando estuvimos tan cerca.
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/Fin Código Embebido/Hay algo en este plantel y en este cuerpo técnico que nos atraviesa a todos. Cada uno, a su manera y con su talento, contribuye a un equipo que se le planta a cualquiera: al pequeño, al mediano y al gigante. Pero quizás lo más importante sea otra cosa. Este grupo ganó haciendo aquello que más nos representa. Defendiendo los colores sin resignar su identidad.
Juega al fútbol del potrero, del barrio, del picado interminable en el que todos alguna vez soñamos con vestir la camiseta argentina. Y, en ese sentido, nos representa. Como si el tiempo, por un instante, pudiera volver hacia atrás.
"Argentina juega con cinco números 10: Paredes, Mac Allister, Almada, Enzo Fernández y Messi", sintetizó Daniel "La Rana" Valencia en una entrevista con LV y trazó un paralelismo histórico. "Me hace acordar al Brasil del 70", aseguró, destacando que le produce orgullo ver que la Selección mantiene la esencia del "10" que ha desaparecido en otros ámbitos.
Lo mejor es que, cuando les toca hablar, los protagonistas suelen devolvernos la pelota para confirmar que ese sentimiento no está equivocado. Aunque el resto del mundo quiera mirar hacia otro lado, ellos entienden perfectamente lo que significan.
Vale recuperar las palabras de Lionel Scaloni después de la victoria frente a Inglaterra:
"Ves a tu gente que festeja, que está feliz. Eso te llega y es imposible que no te toque el corazón. Al final, jugamos por ellos. La selección argentina juega por su gente, por su país, por su familia. Hemos recuperado algo muy valioso: que la gente se pare delante de la televisión con la camiseta argentina y que se abrace un hincha de Newell's con uno de Central, uno de Boca con uno de River. Nosotros lo sentimos. En un Mundial es fundamental la unión, el trabajo en equipo. Y esa sintonía está. Es emocionante. Está bueno acercar las emociones. Es parte de la vida y te hace más humano".
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Hay algo más que explica a esta selección y que muchas veces resulta difícil de traducir para quienes observan el fútbol desde otros rincones del mundo. Este equipo no nació en un laboratorio ni fue construido a fuerza de millones. Se hizo desde abajo. En clubes de barrio, en pueblos del interior, en canchas de tierra y en entrenadores que dedicaron horas de su vida sin esperar nada a cambio.
Se hizo en familias que juntaron monedas para comprar unos botines, en compañeros que alcanzaban para el colectivo y en padres que cruzaban media provincia para que sus hijos pudieran jugar un torneo un sábado por la mañana.
Tal vez por eso les cuesta entenderla. Porque detrás de Lautaro Martínez, de Enzo Fernández o de Julián Álvarez hay una historia colectiva. La de un país que, aun en sus peores momentos, nunca dejó de producir futbolistas ni de encontrar en la pelota un lugar de encuentro. Esta selección está hecha de "pequeñas sociedades", como supo describirlo "El Flaco" Menotti. De amistades que sobreviven al paso del tiempo y de un grupo de jugadores que parece haber entendido algo fundamental: nadie llega solo.
Quizás ahí resida su mayor fortaleza. En un tiempo atravesado por el individualismo, Argentina eligió volver a creer en la fuerza del grupo.
Perdónenme si vuelvo sobre una idea que ya apareció en otras columnas, pero me parece importante insistir en ella. Durante décadas, Europa ha actuado como si el fútbol le perteneciera, como si existiera una única manera legítima de jugarlo: la suya. Un espectáculo prolijo, aséptico y, en ocasiones, desprovisto de la pasión que caracteriza a este lado del mundo.
Lamento informarles que el fútbol sudamericano existe. Y que, además, tiene diez Copas del Mundo en sus vitrinas.
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El domingo también marcará el final de una historia irrepetible. Como bien marcó Andrés Burgo, los argentinos tuvimos el privilegio de disfrutar a Diego Maradona y a Lionel Messi en todos los Mundiales disputados entre 1982 y 2026, con apenas dos excepciones: Francia 1998 y Corea-Japón 2002. Cuarenta y cuatro años acompañados por dos futbolistas que no solo definieron una época, sino que atravesaron generaciones enteras de abuelos, padres, hijos y nietos.
No voy a engañarlos. Estoy tan nervioso como ustedes.
Pero desde que Enzo Fernández controló aquel pase de Messi y decidió colgar la pelota en un ángulo frente a Inglaterra, siento que esta selección puede ganarle a cualquiera. Incluso a la tan venerada España de Luis de la Fuente.
Será otra batalla. Dura, incómoda y probablemente definida en la mitad de la cancha.
Pero nosotros tenemos nuestro fútbol. El de los clubes de barrio, el de las plazas, el de los pueblos del interior y el de un país que todavía encuentra en una pelota una forma de reconocerse. Y, como si fuera poco, todavía tenemos a nuestro número diez.
Elijo creer.
¿Qué evento se menciona en el artículo? Se menciona la remontada de Argentina frente a Inglaterra en un Mundial.
¿Quién es el autor del artículo? El autor no se menciona explícitamente, pero se refiere a su experiencia de 30 años en el fútbol argentino.
¿Cuándo ocurrió la remontada mencionada? La remontada ocurrió en un partido del Mundial, aunque no se especifica la fecha exacta.
¿Dónde se desarrolló el partido clave? El partido clave se desarrolló en el estadio de Atlanta.
¿Por qué se critica a la prensa europea? Se critica a la prensa europea por subestimar el fútbol argentino y reducirlo a "simples artimañas".
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