La aversión a los insectos puede ser milenaria

Investigación en evolución humana

La aversión a comer insectos podría tener 9,000 años de historia en los humanos

27/08/2026 | 17:31

Investigadores españoles revelaron que los humanos modernos en Eurasia del norte consumieron insectos de manera ocasional, mientras que los neandertales lo hicieron con mayor frecuencia. Genes en poblaciones tropicales facilitaron la digestión de exoesqueletos.

Redacción Cadena 3

Con el crecimiento de la población mundial y el cambio climático que afecta cada vez más los sistemas alimentarios, los investigadores y responsables de políticas están examinando más de cerca fuentes alternativas de nutrición. Los insectos son una opción posible. Se identificaron 1,611 especies de insectos como comestibles, y organizaciones como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) han destacado a los insectos como una fuente de alimento potencialmente sostenible.

A pesar de ello, muchas sociedades occidentales siguen siendo fuertemente reacias a la entomofagia, es decir, al consumo de insectos, a pesar de que cientos de millones de personas en todo el mundo ya los incluyen en sus dietas. La cultura puede ayudar a explicar esa resistencia, pero los científicos no sabían cuán atrás se remontaba ni qué otras fuerzas pudieron haberla moldeado.

Investigadores del Instituto de Biología Evolutiva (IBE), un centro conjunto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Pompeu Fabra (UPF), utilizaron evidencia genómica para reconstruir patrones de consumo de insectos que se remontan a miles de años. Sus hallazgos, publicados en Science Advances, indican que el consumo de insectos fue probablemente ocasional y accidental en Europa, Asia Central y Oriental, mientras que parece haber sido más común en regiones tropicales y entre los neandertales. Este trabajo ofrece nuevas perspectivas sobre la evolución humana, la ecología y las actitudes modernas hacia los alimentos basados en insectos.

Dientes antiguos revelan el consumo de insectos en Eurasia

Para buscar signos directos de consumo de insectos, los investigadores del IBE examinaron 745 muestras de cálculo dental (tártaro) de humanos anatómicamente modernos que datan de hace hasta 33,000 años. El tártaro dental puede atrapar y preservar ADN de especies que fueron consumidas regularmente, proporcionando a los investigadores un registro de las dietas antiguas.

Los resultados sugirieron que los humanos modernos que vivieron en el norte de Eurasia no consumieron insectos de forma regular. El equipo también examinó genes involucrados en la descomposición de la quitina, un componente principal de los exoesqueletos de los insectos. Entre las poblaciones del norte de Eurasia, los genes de quitinasa contenían mutaciones asociadas con una capacidad reducida para digerir los exoesqueletos de insectos. Ese patrón genético ha persistido durante aproximadamente 9,000 años, remontándose al surgimiento de la agricultura.

"La escasa presencia de insectos en la dieta de los eurasiáticos del norte sugiere que la ausencia de entomofagia no se debe únicamente a factores culturales recientes, sino también a una larga historia ecológica y evolutiva", afirmó Pablo Librado, investigador principal del IBE que lideró el estudio.

Los neandertales muestran más evidencia de consumo de insectos

La situación fue diferente para los neandertales. Aunque vivieron en muchos de los mismos entornos que los humanos anatómicamente modernos, su cálculo dental contenía considerablemente más ADN de insectos.

La cantidad detectada en las muestras de neandertales fue similar a los niveles encontrados en chimpancés occidentales, que utilizan insectos para complementar sus dietas en la sabana, especialmente durante sequías. Entre los rastros genéticos más comunes en el tártaro de los neandertales se encontraron restos de Diptera, el grupo de insectos que incluye moscas y mosquitos. El ADN de mosquitos fue especialmente abundante. Los resultados respaldan una hipótesis reciente que sugiere que los neandertales pudieron haber consumido regularmente cadáveres de animales que contenían larvas de moscas.

La fuerte presencia de restos de mosquitos también apoya la idea de que los cadáveres de presas pudieron haber sido almacenados en estanques o ambientes pantanosos, donde los mosquitos habrían puesto sus huevos.

La evidencia genética apunta en la misma dirección. Los genes de quitinasa de los neandertales parecen haber soportado una digestión de insectos más eficiente, un patrón también detectado en el único espécimen de Denisovano incluido en el análisis.

Poblaciones tropicales retuvieron genes para digerir insectos

Los investigadores también investigaron los genes involucrados en la digestión de la quitina presente en los exoesqueletos de los insectos. Estos genes son activos en el estómago y producen las enzimas quitinasa ácida (CHIA) y chitobiase (CTBS).

A través de muestras antiguas y modernas, las poblaciones que vivieron más cerca de las regiones tropicales eran más propensas a portar variantes genéticas asociadas con una mayor expresión de estas enzimas.

"Se necesitan ingerir grandes cantidades de insectos para compensar el alto gasto calórico involucrado en su recolección. En los trópicos, hay una mayor disponibilidad de insectos sociales, como termitas y langostas: su biomasa y diversidad permiten una explotación sostenible durante todo el año, lo que incluso contribuye al control de plagas", explicó Manuel Piñero, investigador predoctoral en el IBE y primer autor del estudio.

A medida que las poblaciones humanas se expandieron hacia latitudes más altas, la expresión de estas enzimas digestivas disminuyó gradualmente. El patrón geográfico se ha mantenido durante al menos 9,000 años y parece reflejar el abandono gradual del consumo de insectos entre las poblaciones europeas.

Por qué disminuyó el consumo de insectos en Europa

Los hallazgos sugieren que la renuencia occidental a comer insectos puede tener raíces que se extienden mucho más allá de las costumbres o tradiciones religiosas recientes.

"Más allá de los factores culturales o religiosos, nuestros resultados sugieren que la disponibilidad reducida de insectos en áreas no tropicales puede haber sido un factor clave en el abandono de la entomofagia, lo que llevó a una capacidad reducida para digerir los exoesqueletos de insectos", comentó Librado.

En otras palabras, la ecología pudo haber moldeado tanto el comportamiento dietético como la biología humana. En regiones donde los insectos eran menos abundantes y más difíciles de recolectar en grandes cantidades, simplemente pudieron haber dejado de ser una fuente de alimento valiosa con el tiempo.

¿Podrían los insectos regresar al menú?

Los cambios en la producción alimentaria moderna alteran esa ecuación. El procesamiento industrial puede hacer posible utilizar los beneficios nutricionales de los insectos sin requerir que las personas digieran directamente tanto de la quitina en sus exoesqueletos. La cría de insectos también permite una producción a gran escala.

El grupo de investigación de Genómica de Poblaciones Antiguas, liderado por Pablo Librado en el IBE, está estudiando cómo se desarrolla la domesticación de insectos. Los investigadores están utilizando especies recientemente aprobadas para el consumo humano como modelos y comparando los genomas de insectos criados con los de individuos preservados en colecciones entomológicas antes de la domesticación.

"Investigamos la evolución de la domesticación en animales, lo que también nos proporciona información para mejorar la explotación de insectos para el consumo, tanto como alimento para animales como para consumo humano", concluyó Librado.

Lectura rápida

¿Qué revela el estudio?
El estudio revela que la aversión de los humanos modernos a comer insectos podría tener raíces de 9,000 años, mientras que los neandertales los consumían con más frecuencia.

¿Quién llevó a cabo la investigación?
Investigadores del Instituto de Biología Evolutiva (IBE), en colaboración con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Pompeu Fabra (UPF).

¿Cuándo se publicó el estudio?
Los hallazgos fueron publicados el 27 de agosto de 2026 en la revista Science Advances.

¿Dónde se encontraron las muestras analizadas?
Se analizaron muestras de cálculo dental de humanos modernos y neandertales en Eurasia.

¿Por qué disminuyó el consumo de insectos en Europa?
La disponibilidad reducida de insectos en áreas no tropicales fue un factor clave en el abandono de la entomofagia.

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