La increíble historia del "estafador de los mil rostros", que cayó otra vez
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Justicia de Córdoba

El "estafador de los mil rostros" se enfrenta a una abrumadora acusación

30/11/2023 | 09:56

Al resolver la prisión preventiva contra un hombre y su pareja, sospechados de haber montado toda una ingeniería delictiva para robar autos, el fiscal enumeró una llamativa serie de ilícitos.

Redacción Cadena 3

Juan Federico

"¡No puedo creer la continuidad de los hechos!, ¿qué no tengo vida, todos los días salía a buscar cronos, para qué quiero tantos cronos? Sabes qué, me abstengo y en tiempo oportuno voy a declarar".

Abrumado por la enumeración de una acusación implacable que elaboró el fiscal Juan Pablo Klinger, Humberto Alberto Capelli (51) sólo atinó a un rezongo. Se trató, hasta ahora, de su última puesta en escena, aunque quienes lo conocen nunca podrían asegurar que haya sido su acto final.

Capelli es llamado por los policías de Sustracción de Automotores como el "estafador de los mil rostros". Su currículum delictivo hace años que no para de acumular páginas.

/Inicio Código Embebido/

/Fin Código Embebido/

Su primera caída ocurrió hace 16 años, en 2007, cuando lo acusaron de robar 15 vehículos cero kilómetro apelando a un engaño que era tan simple como efectivo para él: visitaba concesionarias, se mostraba interesado en autos nuevos, sobre todo los que estaban estacionados en playas externas al local y solicitaba poder encender el motor y tablero; y en medio de alguna distracción del vendedor, en milésimas, cambiaba el juego de llaves. Al vendedor le devolvía unas llaves que nada tenían que ver con las de ese rodado, mientras él se guardaba las originales. Y se marchaba. Minutos después, regresaba y ya no pedía ver nada: se subía al mismo auto, lo ponía en marcha y escapaba a toda velocidad.

De los 15 vehículos que robó, sólo se pudieron recuperar dos.

Nunca frenó desde entonces. En una oportunidad, se disfrazó de médico, dijo ser director de una reconocida clínica, encargó dos televisores, con guardapolvo blanco los recibió en el hall, dijo que ya iba por la secretaria para que firmara los recibos y coordinara el pago... y desapareció.

Ya en la cárcel, engañó a otro preso. Le hizo creer que su madre era jueza y que podía darle una libertad anticipada, a cambio de una gruesa suma de dinero.

Tanto afuera de prisión, como adentro, jamás paró de engañar. El apodo de los "mil rostros" hace referencia a los diversos disfraces que Capelli ha utilizado en sus ardides. Con traje, diciendo ser abogado, con guardapolvos, simulando ser un médico. También se teñía el pelo, y se ponía pelucas o bigotes postizos cuando decía ser el cliente interesado en comprar los autos. Para cada estafa, diseñaba todo un vestuario especial.

Luego de recuperar la libertad tras aquella condena por los 15 autos robados, su vida se tornó en una suerte de puerta giratoria entre la cárcel y el afuera. Fue condenado el 14 de noviembre de 2013, el 27 de agosto de 2019 otra vez escuchó una sentencia en su contra y el 19 de abril de 2021, de nuevo, los jueces lo declararon culpable. Como se trata de un estafador nato, sin violencia, las penas que recibe suelen ser cortas. Pero apenas vuelve a la calle, otra vez regresa a la industria del engaño.

A fines de julio último, otra vez fue detenido. Ahora, junto a su última pareja, Claudia Alejandra Liegñini (48). 

En total, el fiscal Klinger los acusa de 22 hechos ocurridos en sólo 12 meses, entre 2022 y este año.

La catarata de imputaciones no deja de impresionar: encubrimiento agravado por habitualidad, reiterado (11 hechos); robo calificado de vehículo por el uso de llave verdadera sustraída, reiterado (dos hechos); robo reiterado (dos hechos); hurto reiterado (dos hechos); hurto calificado de vehículo por el uso de llave verdadera sustraída, reiterado (dos hechos) y supresión de numeración de objeto registrable, todo en concurso real. Además, a Capelli se le agrega la imputación como coautor del delito de robo en grado de tentativa y violación de domicilio, en concurso real, mientras que Liegñini también debe responder como autora del delito de retención indebida (se la acusa de quedarse de manera ilegítima con el vehículo de una expareja, ya fallecida).

"La cantidad de hechos endilgados a los imputados dejan entrever su oficiosidad en el delito, ya que los hechos aquí probados requirieron de gran esfuerzo, dedicación, tiempo de estudio y preparación para lograr concretar sus fines, y también para intentar ocultar sus rastros, a través de la utilización de diversas líneas telefónicas prepagas, de automóviles con pedidos de secuestro cuyas patentes fueron reemplazadas, de maquinadas puestas en escena a fin de conseguir las llaves de los vehículos para luego facilitar la sustracción de éstos", resaltó el fiscal Klinger al firmar, en las últimas horas, las prisiones preventivas en contra de ellos.

Además de hallarse una impresionante cantidad de autopartes en uno de los tres domicilios atribuidos a esta pareja, en la investigación se sostiene, también, que Capelli y Liegñini volvieron a implementar un viejo plan que el primero ya había desarrollado en 2007: robar las llaves originales de los autos exhibidos para la venta con el objetivo de regresar luego y llevárselos sin forzar ninguna cerradura.

Para ello, se sostiene, la pareja diseñó todo un plan para simular ser clientes tanto de concesionarias como de vendedores particulares. Pactaban ir a ver los rodados puestos a la venta (gran parte de estos vehículos eran Fiat Cronos) y en algún descuido del vendedor buscaban cambiar la llave original por una apócrifa. Luego, daban las gracias por la atención y se retiraban. Minutos después, sin ser advertidos, regresaban y se llevaban el vehículo exhibido.

Un ejemplo de este ardid ocurrió el pasado 17 de noviembre de 2022. Según la acusación, aquel día a las 14.05, la pareja se presentó en una concesionaria de la avenida Cordillera al 3600, en barrio Tablada Park. Allí, mientras la mujer preguntaba si le podían peritar su vehículo, al que pensaban ofrecer como parte de pago, Capelli se habría colado en la oficina donde se guardaban las llaves de los vehículos, donde logró violentar el cofre en el que estaban, para llevarse la perteneciente a una camioneta Ford Ranger.

Tras ello, regresó al ingreso de la concesionaria, donde esta camioneta estaba estacionada. Sin más trámite, se subió, la puso en marcha y se la llevó.

Otro osado robo ocurrió el 22 de abril pasado, cuando la pareja desplegó una treta que consistió en varias etapas, siempre según la acusación. Primero, taparon con el vehículo de ellos el ingreso a un portón y violentaron con un cortafierros el candado que impedía su apertura. Para que nadie se diera cuenta, de inmediato colocaron otro candado que ellos habían llevado.

Fue entonces que pasaron a la segunda fase del plan. Estacionaron en la playa para clientes e ingresaron en la concesionaria. Mientras uno de ellos distraída al vendedor que quedaba durante la hora del almuerzo, el otro "se dirigió a la oficina de ventas de vehículos usados, donde se encontraba el tablero de llaves y utilizando presumiblemente un alicate, cortó el alambre que une las llaves al pin de seguridad, apoderándose de dos llaves de distancia de vehículos marca Fiat Cronos".

Luego, se marcharon. E ingresaron en la tercera etapa. A las 17.30 del mismo día regresaron y mientras la mujer abría el candado del portón, el hombre que sería Capelli ingresó caminando por ese sector, intentando mostrarse como seguro, activó las alarmas de las llaves de los Cronos y procedió a sacarlos de allí. Él logró esquivar a una guardia de seguridad, que advirtió que algo no andaba bien, y se llevó uno de los autos. 

Su pareja, ante los gritos de la guardia, simuló no tener nada que ver. Dijo que ella estaba allí, parada, porque esperaba a una vendedora. 

Dos meses después, la pareja regresó a la misma concesionaria y si bien logró robar las llaves de otros dos vehículos exhibidos para la venta, finalmente no pudieron sustraerlos.

Pero en julio último, en menos de una semana, sí robaron dos Fiat Cronos que particulares habían puesto a la venta. En ambos casos, actuaron del mismo modo: fue la pareja a ver los vehículos, momento en el que pudieron cambiar la llave original por una apócrifa. Horas después, ya de noche, regresaron a las cocheras donde estos autos estaban estacionados y se los llevaron.

A todo esto, el 23 de junio de este año, Capelli protagonizó otro caso insólito: se escondió en el interior de un comercio de artículos de hornos del Centro de la ciudad de Córdoba, esperó a que los dueños bajaran las persianas y llamó a un flete. 

Sólo que la alarma se activó, pese a que la rompió, y uno de los propietarios regresó justo a tiempo para llamar a la Policía. Si bien Capelli quedó detenido allí mismo, nadie explica aún cómo fue que tan rápido recuperara la libertad. 

Volvió a robar al menos dos veces más -según la acusación- y recién un mes después quedó preso.

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