Gauchos en el "Salvaje Oeste": la historia que une a Buffalo Bill con Argentina.

Historia

Gauchos en el "Salvaje Oeste": la historia que une a Buffalo Bill con Argentina

05/03/2026 | 14:25

Un estanciero argentino, diez domadores, doscientos potros criollos, la reina Victoria y… Manuelita Rosas. Una historia imperdible, que lo tiene todo.

Redacción Cadena 3

Lucas Botta

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Hoy te cuento una historia tan inesperada como real: la vez que el legendario Buffalo Bill, ícono del Lejano Oeste estadounidense, terminó vinculado —y profundamente impresionado— por la tradición gaucha argentina. Un cruce de mundos que, como suele ocurrir en la historia, nació de una casualidad… y de un argentino que no aceptaba un “no” por respuesta.

A fines del siglo XIX, William Frederick “Buffalo Bill” Cody era una celebridad global. Cazador de bisontes, explorador, soldado y, sobre todo empresario teatral, había creado uno de los espectáculos más famosos del planeta: el “Wild West Show”, una representación dramatizada del “Salvaje Oeste”, donde jinetes de distintas nacionalidades demostraban sus habilidades ecuestres frente a multitudes fascinadas. Había cowboys, indígenas, soldados, acróbatas… pero no había gauchos.

Ese detalle no pasó desapercibido para el estanciero argentino Eduardo Casey, quien, después de ver una función en Europa, pidió entrevistarse con Buffalo Bill. Le preguntó directamente por qué los gauchos —quizás los mejores jinetes del mundo— no estaban incluidos. La respuesta fue tan simple como problemática: "Las pampas quedan muy lejos. Es difícil y costoso traer gauchos y sus caballadas". Casey no aceptó esa excusa. Le aseguró que él mismo podía encargarse de traerlos. Y cumplió.

En febrero de 1892 el barco Magdalena zarpó del puerto de Buenos Aires rumbo a Inglaterra con 10 domadores criollos y 200 potros. Cuando llegaron, fueron recibidos por Casey y por el mismísimo Buffalo Bill, que quedó impactado al verlos montar. La destreza gaucha conquistó al público europeo en cuestión de minutos.

El éxito fue tan grande que llegó a oídos de la reina Victoria, quien pidió una función privada para ella y sus nietos en los jardines del Castillo de Windsor. Los gauchos, con sus bozales, boleadoras, ponchos y destrezas, hicieron en suelo inglés lo que tantas veces habían hecho en la inmensidad de la pampa.

Y ahí es cuando aparece una figura profundamente argentina que muchos no esperarían ver en esta historia: Manuelita Rosas, la hija de Juan Manuel de Rosas.

La familia Rosas vivía exiliada en Inglaterra desde la derrota en la Batalla de Caseros en 1852. Juan Manuel había muerto en 1877, pero Manuelita seguía allí, lejos de su país, cargando cuatro décadas de nostalgia. Cuando se enteró de que un grupo de gauchos argentinos estaba de gira con el espectáculo de Buffalo Bill, no dudó en invitarlos a su chacra en Southampton, el mismo lugar donde su padre había muerto 15 años antes.

El encuentro fue profundamente emotivo. Vestida de luto, Manuelita los recibió con lágrimas en los ojos. Hacía 40 años que no veía una tropilla criolla, ni escuchaba un acento de la pampa. “Estoy sola… mis hijos rara vez vienen a verme”, les confesó. Habló de su padre, recordó con nostalgia la estancia Los Cerrillos, donde había crecido, y les dijo con orgullo que su padre había sido “el mejor gaucho de a caballo”.

Cuando los gauchos se despidieron, ella los abrazó con tristeza. “¡Pobre Manuelita!”, pensaron. La ex reina del Plata seguía aferrada a su tierra gaucha, aún después de cuarenta años de exilio.

Así, una troupe de jinetes criollos enviada a Inglaterra para conquistar al público del “Salvaje Oeste” terminó regalándole a Manuelita Rosas uno de los momentos más nostálgicos de su vida. Y mostró al mundo que la destreza gaucha no tenía nada que envidiarle a la leyenda de Buffalo Bill.

La historia argentina, una vez más, demostrando que siempre encuentra la manera de aparecer en los lugares menos pensados.

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