Caminos de la Historia
12/02/2026 | 09:27
Redacción Cadena 3
Lucas Botta
Seguramente alguna vez viste ese dibujito clásico en los libros de historia o biología: un mono que, paso a paso, termina convirtiéndose en ser humano. La teoría de la evolución de Charles Darwin parece algo lejano, nacido en bibliotecas inglesas o en laboratorios europeos. Pero lo que muy pocos saben es que una parte clave de esa idea empezó a tomar forma acá, en la Argentina.
En septiembre de 1832, un barco inglés llamado HMS Beagle llegó a las costas de la actual provincia de Buenos Aires. A bordo viajaba un joven de apenas 22 años: tímido, curioso, obsesionado con la naturaleza. Todavía no era el científico famoso que conocemos hoy. Era simplemente Charles Darwin, sin saber que ese viaje le iba a cambiar la vida… y de paso, la historia de la humanidad.
En lugares como Punta Alta y Bahía Blanca, Darwin encontró algo que lo descolocó por completo. Descubrió fósiles de animales gigantes, ya extintos, pero sorprendentemente parecidos a especies que todavía vivían en esas mismas tierras. No eran restos de un mundo completamente distinto: eran versiones antiguas, más grandes, de animales conocidos. Esa observación empezó a sembrar una duda incómoda.
Darwin caminó estas tierras, observó plantas, animales, capas de sedimentos, y notó cómo pequeñas variaciones separaban a individuos de una misma especie. Y entonces apareció la pregunta que lo perseguiría durante años: ¿qué es realmente una especie?
Durante su paso por el Río de la Plata, el joven naturalista no solo estudió la naturaleza. También conoció personas, conflictos y modos de vida. Se cruzó con Juan Manuel de Rosas, recorrió estancias, observó a los gauchos y se movió con salvoconductos en una región políticamente convulsionada. En sus escritos se refirió a esta zona como “la Sudamérica española” y dejó comentarios críticos sobre la política, el trabajo y la organización social.
Pero lo más importante no fue lo que escribió sobre la sociedad, sino lo que se llevó en la cabeza: la certeza de que la vida no era algo fijo ni inmutable.
Cuando más tarde cruzó la cordillera de los Andes y comparó especies de un lado y del otro, y cuando observó animales en las islas Galápagos, parecidos a los del continente pero con pequeñas diferencias, la idea terminó de cerrarse. No eran creaciones aisladas. Eran variantes. Adaptaciones. Cambios.
Las especies —incluida la humana— cambian, se adaptan y evolucionan.
Años después, Darwin lo diría sin vueltas: “El viaje del Beagle fue el acontecimiento más importante de mi vida.”
Y no exageraba. Porque entre fósiles patagónicos, pampas infinitas, estancias, gauchos y mate compartido, en estas tierras empezó a gestarse una teoría que sacudió para siempre la manera en que la humanidad se piensa a sí misma.
Así que sí: la idea de que el hombre desciende del mono —o, mejor dicho, que comparte un origen común con otros primates— tuvo, al menos en una partecita, algo de injerencia argentina.
¿Conocías esta historia?
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¿Qué teoría se menciona en el artículo? La teoría de la evolución de Charles Darwin.
¿Quién fue el joven naturalista mencionado? Charles Darwin, quien viajó en el HMS Beagle.
¿Cuándo llegó el HMS Beagle a Argentina? En septiembre de 1832.
¿Dónde realizó observaciones importantes Darwin en Argentina? En Punta Alta y Bahía Blanca.
¿Por qué es relevante la experiencia de Darwin en Argentina? Porque contribuyó a la formulación de su teoría sobre la evolución y la adaptación de las especies.
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