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River: entre el infierno y el paraíso

14/04/2011 | 22:13

River es un equipo mezquino y a la vez generoso. Todo depende del cristal con que se mire.

Mezquino en la propuesta futbolistica. Amarrete con el espectáculo. Pijotero con su historia.

 

Generoso en la entrega. Imponente en el esfuerzo. Inquebrantable en su voluntad. Intenso en la presión para recuperar cada pelota pérdida.

 

El River de nuestro días , con un ojo mira el descenso... Ese infierno tan temido y simultáneamente, relojea la posibilidad de pelear por un nuevo título. Algo así como un paraíso tan impensado, como apetecible .

Más austero que ambicioso es un enamorado del 1 a 0, aunque el cero a cero no lo escandaliza.

River es un equipo anatómico: Las manos salvadoras de Carrizo. El corazón valiente de Almeyda. Los pies talentosos de Lamela. Los pulmones oxigenantes de Ferrari, Los riñones "made in River" de algunos pibes y del técnico.

River es hoy, un ex millonario, que se dio cuenta que las glorias pasadas no alcanzan para sobrevivir.

Por eso se arremangó para pelearla y llegar a fin de mes.

River de JJ Lopez es un equipo común, normal , terrestre, casi ordinario.

Es como esos autos "base" sin aire acondicionado, sin levanta-cristales , sin airbag. Sin lujos , pero confiable.

Sus cuentas son claras: 8 futbolistas para evitar, 2 para crear y 1 para agredir.

Orden, solidez, disciplina táctica, concentración, sangre, sudor y si es necesario lágrimas.

¿Fútbol? Poquito y nada. Sólo la excepción a la regla. Depende la la inspiración espasmódica de Lamela, Lanzini o Buonanotte.

De las proyecciones de Ferrari y Juan Manuel Díaz , de la enjundia de Pavone, del virus ganador que contagia Almeyda.

 

Puede ganar y perder con cualquiera. No es menos que nadie, tampoco ha demostrado ser marcadamente superior a ningún rival.

El alquiler del primer puesto donde se aloja hoy, carece que garantías futbolísticas confiables.

 

Sólo es posible en este fútbol argentino mediocre e histérico. Un fútbol enfermo de "miedo a perder ". Exitista e irregular . Donde el jugador de futbol pasó a ser "corredor de futbol", donde los posibles candidatos se bajan y pasan la posta cada siete días.

 

Un campeonato "democrático", donde todos son iguales, pero se iguala para abajo.

 

En el que conviviven venerables y cascoteados veteranos, junto a prometedores e inexpertos jóvenes puestos en vidriera con el pasaporte listo para emigrar.

 

"River campeón" es una utopía alcanzable. A la que a mitad de campeonato no se debe renunciar.

La ilusión tiene dudoso sustento futbolístico, pero el desmérito y la irregulariad de los demás ayudan a creer.

 

El acierto de JJ Lopez es haber puesto los pies sobre la tierra, sabiendo que: “es lo que hay”.

 

Tres descensos en su pasado como DT, lo ayudaron a entender el cuadro de situación.

 

El gran mérito del entrenador es haber potenciado virtudes, a partir de asumir limitaciones.

 

El hincha de River aprendió en la última temporada a sumar, restar y a dividir por 1 y por 3. A mirar la tabla del promedio sin horrorizarse. A ser televidente de todas las Copas internacionales. A preguntar por Quilmes, Gimnasia , All Boys , Huracan, relegando a un segundo plano el regodeo por las penurias de Boca.

River vive en un mundo donde todo es posible: Desde descender, hasta ser campeón. Desde ser tan mezquino para algunos, como tan generoso para otros.

River es un pecador consuetudinario, que equivocó el camino en los últimos años, dentro y fuera de la cancha.

Un pecador arrepentido, que busca el perdón de su gente.

El mismo pecador que, por correr tanto para escaparle al infierno, hasta puede ver el paraiso en el horizonte.