La nueva Ruta de la Seda, ¿una oportunidad para Argentina?

Opinión

La nueva Ruta de la Seda, ¿una oportunidad para Argentina?

18/09/2018 | 09:44 |

Un periodista participó del rescate de los animales que fueron abandonados por su dueño y habían quedados encerrados en una jaula, a punto de ser alcanzados por el agua. Mirá el video.

Marcos Calligaris

China se embarcó en uno de los proyectos de infraestructura más grandes de la historia, sin embargo muchos ven en la iniciativa el nuevo orden mundial chino o una forma de neocolonialismo.

El restaurante se encuentra lleno de chinos que consumen y gritan parejo, y cuando veo en una enorme pantalla el rostro de Xi Jinping, dudo por un instante si me encuentro en Pekín o en alguna ciudad del interior chino. Es solo un reflejo, me encuentro en un reconocido bar moscovita de comida típica rusa llamado Varenichnaya, que puede dar fe de la avalancha de turistas del gigante asiático que invadieron Rusia en los últimos años, en parte gracias a la devaluación del rublo, en parte debido al crecimiento de la economía china. Los turistas no son los únicos, muchas empresas chinas también han empezado a inundar Rusia gracias a varios acuerdos bilaterales.

Lo que muestra la pantalla es un documental sobre la nueva Ruta de la Seda, y los beneficios que gozará Rusia con su mayor socio regional. Puntualmente, se refiere a una de las tantas etapas de la iniciativa, conocida como la Ruta Polar de la Seda, un plan para explorar el Ártico y facilitar el comercio entre América, Asia y Europa, y en el que jugará un papel fundamental un proyecto de Moscú: la Ruta marítima del Norte, una vía de navegación que une el océano Atlántico con el océano Pacífico a lo largo de las costas de Rusia. Pero esa es solo una mínima etapa del colosal proyecto chino.

Fue en 2013 cuando Xi Jinping lanzó una estrategia de desarrollo económico bautizada One Belt, One Road, o Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda. El objetivo de la misma es construir una red de infraestructuras y comunicaciones, así como crear una plataforma de cooperación económica que conecte a Asia con Europa, África e incluso América Latina, reeditando las antiguas vías comerciales de la histórica Ruta de la Seda.

Para algunos se trata del proyecto definitivo con el que China se convertirá en la principal superpotencia mundial, para otros es nada menos que un Plan Marshall del siglo XXI al estilo chino e incluso hay quienes ven en la iniciativa un intento de neocolonialismo en África o de posicionamiento estratégico en América Latina.

El proyecto del millón de millones de dólares

Líneas ferroviarias, puertos, autopistas y aeropuertos, son algunos de los proyectos que el gigante asiático planifica, financia y construye con empresas y mano de obra china en más de 65 países de Asia, Oriente Próximo, África, Europa y Latinoamérica, impulsando el comercio de todos estos con Pekín.

¿Pero cuánto le costará a China esta jugada? Financiar semejante iniciativa prevé una inversión global de más de un billón de dólares (un millón de millones), según informa el diario económico Expansión. China ha creado ad hoc el Fondo del Cinturón y la Ruta, y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, del cual participan más de 65 países, la mayoría asiáticos, pero en el que también se anotaron las principales potencias europeas y naciones como Chile o Bolivia. (Argentina aún no ha expresado su intención de sumarse, a pesar de que en su último encuentro con Xi Jinping, Macri calificó a China como un "potencial socio estratégico" para el Mercosur).

Pero estas no son las únicas entidades que financiarán la iniciativa. También harán su aporte el Nuevo Banco de Desarrollo, formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS), el Banco de Desarrollo de China y el EximBank. Por su parte, el Gobierno chino ya ha invertido más de 1.620 millones y planea desembolsar 2.300 millones anuales durante los próximos diez años. En total, más de 100 países y organizaciones internacionales se han incorporado de alguna u otra manera a esta nueva Ruta de la Seda y más de 40 de ellos han firmado acuerdos de cooperación con China.

Por si fuera poco, esta iniciativa china tiene una fecha relativamente cercana de conclusión, el año 2049, cuando se rememorarán los 100 años de la República Popular China.

Origen milenario

Para encontrar el origen de la actual iniciativa propuesta por el presidente de China hay que remontarse al siglo 1 a. C. La inicial Ruta de la Seda fue una antigua red de rutas comerciales que conectaban a Oriente y Occidente, y hace alusión tanto a las rutas terrestres como marítimas que conectaban Asia Oriental y el Sudeste Asiático con África Oriental, Asia Occidental y Europa Meridional.

Fue el geógrafo alemán Ferdinand Freiherr von Richthofen quien en 1877 acuñó el término 'Ruta de la Seda'. Lo introdujo en su obra Viejas y nuevas aproximaciones a la Ruta de la Seda y hacía referencia a la mercancía más prestigiosa que circulaba por esos caminos, la seda, cuya elaboración era un secreto que solo los chinos conocían. Pero por estas rutas ese no era el único bien que se comercializaba, también circulaban piedras y metales preciosos, telas de lana o de lino, ámbar, marfil, laca, especias, porcelana, vidrio y artesanías, entre otros.

Una nueva globalización

Hoy, en tiempos en que, con Donald Trump como exponente, el proteccionismo gana protagonismo y se desata una guerra comercial cuyas consecuencias estamos lejos de poder estimar, o que en la Unión Europea todavía se encuentran tratando de medir el impacto que tendrá el '‘Brexit', con la nueva Ruta de la Seda China propone al mundo una nueva visión global. Un modelo que, según Wang Yiwei, profesor de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Renmin de China, viene a reemplazar el sistema actual, al que considera caduco. “La globalización está fracasando. Pensemos en la integración europea. Los mercados comunes no funcionan, la Organización Mundial del Comercio no evolucionó. ¿Cómo puede solucionarse el problema de la integración económica para fomentar la cooperación? La nueva Ruta de la Seda ofrece una respuesta. China, Europa, Asia, África, Latinoamérica, todos unidos bajo un tratado de libre comercio y soluciones conjuntas. Así, esta iniciativa será bien recibida en todas partes”, asegura.

¿Un Plan Marshall del siglo XXI al estilo chino?

Sin embargo, algunos críticos ven en la nueva Ruta de la Seda una forma remozada de lo que fue el Plan Marshall, iniciativa de Estados Unidos para ayudar económicamente a Europa Occidental para la reconstrucción de los países devastados tras la Segunda Guerra Mundial. Pero aquellas asistencias tenían un segundo (¿o principal?) objetivo, el ideológico: evitar la creciente propagación del comunismo. Y también tenía sus condiciones, requería una disminución de las barreras interestatales, una menor regulación de los negocios, y alentaba un aumento de la productividad, la afiliación sindical y nuevos modelos de negocio “modernos”. El resultado, en lo que concierne a Estados Unidos, fue su consolidación como principal superpotencia mundial.

En ese sentido, en China aseguran que la comparación con el Plan Marshall no se sostiene. Los políticos chinos recalcan una y otra vez que no pretenden exportar el modelo chino. Que quien quiera puede participar, pero nadie está obligado a hacerlo. Así lo plantea también Wang Yiwei, quien incluso va más allá y rechaza la noción de que el objetivo chino sea convertirse en una superpotencia. “Cuando hablamos de una superpotencia, no solo nos referimos al poder, sino a un modo de pensar y a una conducta que tiende a proteger únicamente los propios intereses e injerir en asuntos de otros países sin consideración, sin dejarlos participar en el proceso, sin que haya condiciones de igualdad. Por eso odiamos la idea de superpotencia”, remarca.

Pero el poderío económico del gigante asiático es indiscutido, y de cumplirse los objetivos de la nueva Ruta de la Seda, en cuestión de años la influencia de China en la arena internacional será indiscutible. A eso lo tienen claro, con lo que no concuerdan es que se entienda a la iniciativa como un objetivo ideológico. “Seguramente China ya sea una superpotencia económica, pero no somos una superpotencia ideológica, no nos inmiscuimos en los asuntos internos de otros países, valoramos la diversidad y la legalidad, tenemos una ideología distinta a la mentalidad estadounidense cristiana, que siempre quiere convertir al otro”, afirma el profesor Wang Yiwei a Deutsche Welle.

“Neocolonialismo” en África

Para avanzar decididamente por los caminos de la etapa africana de la nueva Ruta de la Seda, a principios de septiembre el presidente chino se reunió con cerca de 50 jefes de Estado de países de ese continente y les anunció un impresionante paquete de inversión. De cumplirse, Pekín desembolsará 60.000 millones de dólares en los próximos tres años a modo de préstamos sin intereses, líneas de crédito, fondos para el desarrollo, además de fomentar la inversión de empresas chinas en esas naciones.

Este plan, que además del beneficio chino tiene la intención declarada de contribuir a la industrialización de África y sacarla de su crónico subdesarrollo, despertó al mismo tiempo la desconfianza de algunos expertos, quienes advierten sobre los riesgos que supone para los países africanos endeudarse masivamente con una potencia mundial, publica El Periódico.

Quienes ven en la actitud china en África una reedición del neocolonialismo económico occidental —plantea el medio— suelen citar como ejemplo lo ocurrido en Sri Lanka, país que se vio obligado en diciembre de 2017 a entregar a Pekín durante 99 años uno de sus puertos estratégicos “al no poder devolver el dinero de unos créditos que en su día fueron la tabla de salvación de un Gobierno irresponsable y desesperado”.

Una oportunidad para Argentina

En medio de los avatares de la frágil economía argentina, el pedido al FMI y la crisis cambiaria, el Gobierno se ve obligado a estudiar cualquier oportunidad y variable que se presente en el mundo actual. En ese sentido, la nueva Ruta de la Seda aparece como una posibilidad que no debería dejar de tenerse en cuenta.

Así lo cree Félix Peña, referente de Argentina en comercio exterior y director del Instituto de Comercio Internacional de la Fundación ICBC. Según él, nuestro país goza de ciertas características que lo posicionan como una nación capaz de beneficiarse con la nueva Ruta de la Seda. “En primer lugar, acá tenemos una ventaja competitiva, que no estamos envueltos en conflictos bélicos por temas de territorio, geopolíticos o ideológicos”, asegura.

Luego, a su criterio, se abren oportunidades en distintos temas como el diseño; en artesanías (“que es un concepto que evoca a algo antiguo pero que no lo es”, asegura); en alimentos, pero ya pensado desde el punto de vista del valor agregado y no del simple 'commodity', y cita al vino como ejemplo puntual. "También se abren oportunidades en servicios, como salud, educación y muchos otros [...]  Es en los nichos donde hay una enorme oportunidad para la Argentina”, plantea Peña al portal iProfesional.

A modo de ejemplo, el experto cita el caso de España, que según su criterio es el país que más ha avanzado en el concepto de internacionalización de nicho. “Puede parecer que especializarse en negocios de nicho por ahí no mueva grandes cantidades, pero veamos: en España hay 150.000 empresas exportadoras y, con presencia sostenida en los mercados mundiales, son unas 30.000 pequeñas y medianas empresas. Argentina tiene 10.000 firmas que exportan, pero las que tienen presencia sostenida no son más de 1.500”, ejemplifica. Esto demuestra, según el experto, lo que Argentina puede crecer en la exportación de productos inteligentes para la “clase media urbana”, un objetivo que cobra más relevancia en esta etapa de la nueva Ruta de la Seda.

Finalmente, Félix Peña sostiene que para dar el salto y tener oportunidades de negocios concretas con China, hay que tener una visión de largo plazo, “de aquí a unos 30 años [...] y aprovechar las ventajas competitivas que puede otorgar el Mercosur”. El experto considera que en la nueva Ruta de la Seda es importante tener en cuenta concepto de win-win (ganancia-ganancia) en el que Xi Jinping insiste mucho y que tiene que ver con que China sabe dónde ganar. “Y para aprovechar este momento que se abre en el comercio mundial, todos los países deben hacer sus deberes y también ver dónde y cómo ganar”, concluye.

¿Ha llegado finalmente la hora de China? ¿La nueva Ruta de la Seda configurará un nuevo orden mundial comandado por el gigante asiático y donde tendrán su oportunidad países históricamente relegados? ¿Argentina será capaz de aprovechar ese nuevo escenario?

El tiempo lo dirá. En África o aquí en Moscú, la invasión china ya se puede percibir.